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El precio de la plata en niveles récord pone a prueba la orfebrería tradicional compostelana

En el último lustro se multiplicó por más de cinco, hasta 2.700 euros el kilo

Los profesionales defienden la joyería como valor cultural e inversión con potencial para seguir revalorizándose

Un orfebre trabajando en el taller de Fink, en Santiago

Un orfebre trabajando en el taller de Fink, en Santiago / Jesús Prieto

Roi Rodríguez

Roi Rodríguez

Santiago

La escalada histórica del precio de la plata está poniendo a prueba a la orfebrería tradicional, con especial peso en Compostela, un sector con siglos de historia que afronta uno de los mayores retos económicos de las últimas décadas. «Hace cinco años, un kilo de plata costaba entre 400 y 500 euros; hoy ronda los 2.700», resume Enrique Fink, presidente de la Asociación Ourives de Compostela.

Fink subraya que esta subida obliga a profesionales y clientes a replantearse la percepción de la joya artesanal. «La materia prima se ha encarecido de forma muy importante, pero también hay que entender la joya como una inversión. Igual que ocurrió con el oro, la plata puede seguir revalorizándose», explica. «En este oficio hay que tener paciencia y visión a largo plazo; quien compra hoy una pieza, puede verla revalorizada en pocos años», sostiene.

El presidente de la asociación destaca que la situación actual es excepcional. «Nunca habíamos visto algo así. La plata ha tenido siempre altibajos, pero pasar de 500 a 2.700 euros en cinco años es algo que nos obliga a replantear toda la cadena de producción, desde los talleres hasta el cliente final», comenta. Fink recuerda que este fenómeno se refleja también en la estrategia comercial: «Tenemos que explicar que una joya no es solo un objeto decorativo, sino un activo tangible que protege su valor frente a la inflación o la volatilidad del mercado».

Una visión que comparte Roberto Pampín, de Artesanía Pampín, con casi cuarenta años de trayectoria en el oficio. «Estamos viviendo algo que no habíamos vivido nunca. La plata está cotizando ahora mismo en torno a los 2.500 euros el kilo y no sabemos muy bien qué va a pasar», explica. Pampín recuerda que el actual encarecimiento también corrige una anomalía histórica: «La plata estuvo demasiado barata durante 20 o 30 años. No subió progresivamente y ahora el cambio es radical. El público tiene que entenderlo».

Desde su experiencia, el sector ya vivió situaciones similares con el oro. «El año pasado se vendieron piezas importantes precisamente por la subida. Ahora hay que cambiar ese concepto para la plata y ver si podemos llegar a lo mismo», afirma.

Dimensión cultural y relevo generacional

Más allá del impacto económico, ambos orfebres ponen el foco en la dimensión cultural del oficio en Santiago. «La orfebrería forma parte de la identidad de la ciudad», recuerda Pampín, que descarta, por ahora, un riesgo inmediato de desaparición. «Hay relevo generacional, aunque en algunas técnicas más antiguas hay menos jóvenes porque la demanda también es menor. En joyería, en cambio, hay futuro; es un oficio fuerte».

Fink incide en la importancia de la educación del consumidor: «El público debe aprender a valorar el trabajo artesanal y la inversión que supone la materia prima. No es solo estética, es cultura y patrimonio». El presidente de Ourives también alerta sobre los ajustes inmediatos que afrontan los talleres: «La subida más fuerte se ha producido en los últimos meses. Ahora toca ver si es especulación o si el precio se mantendrá, y cómo se adapta la clientela».

Por el momento, las ventas resisten. «El año pasado fue muy bueno. Ahora estamos en los meses tradicionalmente más flojos —enero, febrero y marzo—, pero no se aprecia un bajón alarmante», explica Pampín. A ello se suma una fuerte demanda industrial de plata, vinculada a sectores como la electrónica, las energías renovables y las baterías, que añade presión al mercado.

Mensaje a clientes y consumidores

Pese a la volatilidad, el mensaje desde los talleres compostelanos es de prudencia y confianza. «No se trata de ser pesimistas. Siguen existiendo piezas pequeñas y asequibles y se puede seguir trabajando», concluye Pampín. Una idea que resume el sentir del sector: defender un oficio centenario adaptándose a un mercado cambiante sin renunciar a la calidad ni a la tradición.

Apoyo institucional al sector

Enrique Fink, presidente de la Asociación Ourives de Compostela, destacó también el papel de las administraciones para garantizar la sostenibilidad de la orfebrería en la ciudad. Según Fink, aunque el mercado internacional de la plata y la volatilidad de precios suponen un reto, las instituciones pueden contribuir de manera significativa, especialmente a través de la promoción y difusión del producto artesanal.

«Al menos se debería potenciar el trabajo de los orfebres mediáticamente y con apoyo promocional», explicó. Fink señaló que la Consellería de Economía ya presta respaldo al sector, ofreciendo ayudas para inversión en maquinaria, formación y promoción de talleres y joyerías, tanto en Santiago como en otras localidades gallegas. Estas medidas permiten que los profesionales puedan mantener la calidad artesanal y al mismo tiempo adaptarse a un mercado cambiante.

El presidente de la asociación insistió en que la promoción no solo se refiere a un apoyo económico directo, sino también a acciones que den visibilidad a la joyería compostelana, reforzando su valor cultural y su atractivo tanto para los clientes locales como para los turistas. «Es importante que la sociedad perciba la joya no solo como un gasto, sino como una inversión en patrimonio y tradición», concluyó Fink.

Este tipo de apoyo institucional, según los profesionales, se complementa con la iniciativa privada y la labor de asociaciones como la Ourives de Compostela, que coordinan esfuerzos para garantizar el relevo generacional y la continuidad del oficio en un contexto económico complejo.

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