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El 88% de la nueva potencia eólica gallega sigue bloqueada pese a la crisis climática

La patronal EGA alerta en el Día de la Energía Limpia de que 3.500 MW y un centenar de parques siguen pendientes de autorización en Galicia, frenando la transición energética

Una vaca ante un parque eólico en la Serra do Xistral

Una vaca ante un parque eólico en la Serra do Xistral / Carlos Castro/Europa Press

Santiago

En pleno Día de la Energía Limpia, que se celebra este lunes, Galicia se enfrenta a una decisión que marcará su modelo energético en los próximos años. Tierra de viento y agua, de veranos cada vez más extremos y de incendios que todavía están muy presentes en la memoria colectiva, la comunidad posee uno de los mayores potenciales renovables de Europa, pero mantiene buena parte de él paralizado. Desde la Asociación Eólica de Galicia (EGA) defienden que la transición energética no es una meta lejana, sino una urgencia inmediata que condiciona el bienestar, la economía y la seguridad de todos.

La fuente de este posicionamiento es clara. Desde la patronal eólica subrayan que el cambio climático ya no es una amenaza abstracta. 2025 fue el tercer año más cálido a nivel mundial y europeo, y el pasado verano batió récords históricos en Galicia y en España. Los científicos advierten de que cuando aumenta la temperatura media también se intensifican los fenómenos extremos. Los incendios de agosto, con el devastador episodio de Larouco (Ourense), son una señal de una tendencia que se acelera y que exige respuestas urgentes.

Galicia cuenta, sin embargo, con un capital natural privilegiado. El viento constante en sus cumbres y en el litoral, junto con el agua y el sol, ofrece una base sólida para avanzar hacia un modelo energético más limpio y seguro. La generación eólica evita cada año la emisión de cinco millones de toneladas de dióxido de carbono y contribuye a reforzar la soberanía energética, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles. El apagón eléctrico del pasado 28 de abril puso de relieve la necesidad de fortalecer, modernizar y digitalizar las redes de transporte, un ámbito en el que las renovables juegan un papel esencial al descentralizar la generación, acercar la producción al consumo y mejorar la estabilidad del sistema.

Pero la realidad gallega es hoy contradictoria. La Sala 3ª del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia mantiene suspendidos cerca de 3.500 megavatios correspondientes a un centenar de parques que han superado todas las tramitaciones ambientales, urbanísticas y de patrimonio. Esa potencia equivale al 88 % de toda la instalada en la comunidad en los últimos treinta años. Mientras otras comunidades avanzan con procedimientos similares, Galicia corre el riesgo de pasar de pionera a rezagada en el desarrollo eólico.

Este bloqueo llega además en un contexto geopolítico complejo, con una Unión Europea debilitada y una competencia global creciente por los recursos energéticos. Desde la Asociación Eólica de Galicia recuerdan que desaprovechar el viento gallego no solo encarece la factura de la luz, sino que implica un coste oculto en términos de seguridad, salud pública y resiliencia económica. Es una factura que no aparece en los recibos, pero que se paga en forma de mayor contaminación, más incendios y mayor vulnerabilidad.

En este Día de la Energía Limpia, el mensaje del sector es claro. EGA defiende desbloquear los proyectos que cumplen todos los requisitos legales y ambientales como una prioridad estratégica. Apostar por la energía eólica es apostar por desarrollo socioeconómico, sostenibilidad ambiental y futuro. Galicia tiene el recurso, la experiencia y los proyectos preparados. Falta ahora convertir el viento en motor real de progreso y garantía de bienestar para las próximas generaciones.

Energía limpia y territorio, una oportunidad compartida

La transición energética es también una oportunidad para el medio rural. Cada parque eólico genera empleo, ingresos para los ayuntamientos y actividad económica en zonas que luchan contra la despoblación. Galicia dispone de viento, conocimiento y capacidad industrial. Convertir ese potencial en realidad es hoy una decisión política y social que marcará el rumbo energético de la comunidad durante las próximas décadas.

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