ENERGÍA
La red de 100.000 km de tuberías de gas se reivindica como el gran escudo energético de España en situaciones extremas
Las grandes infraestructuras de gas natural defienden su papel crítico para atender a la vez los picos máximos de consumo de gas y también los de electricidad tras el gran apagón
Las redes de distribución y de transporte reclaman a la CNMC un marco regulatorio que les permita dimensionarse para estas puntas disparadas de demanda y que les permita una “rentabilidad razonable” en un momento clave

Estación de comprensión de la red de transporte de gas natural. / Enagás

Las grandes infraestructuras de gas se lanzan a reivindicar su papel estratégico en un momento clave que marcará su futuro. Las compañías gasistas -con las que controlan las redes de gasoductos a la cabeza- defienden su condición de activos críticos para blindar la seguridad de suministro energético tras sus actuaciones durante toda la crisis energética, durante el gran apagón y después de él, durante fenómenos climáticos extremos (de las danas a Filomena), y reclaman un marco regulatorio que les permita seguir siéndolo en plena transición energética.
España cuenta con unos 110.000 kilómetros de tuberías que mueven el gas por todo el país (entre los gasoductos de las redes de distribución y los de la gran red troncal de transporte), a las que se suman conexiones internacionales por tubo con Argelia, Marruecos, Francia y Portugal y también una enorme red de plantas de regasificación que reciben gas por barco de una quincena de países y lo reexportan a otros tantos convirtiendo a España en un gran ‘hub’ del comercio gasístico internacional.
Y el sector gasista quiere ahora hacer valer su labor crucial para dar estabilidad y atender tanto los picos de consumo de gas (todos los inviernos por el mayor uso de la calefacción y en situaciones excepcionales) y también para cubrir las puntas de demanda de electricidad (por la actividad de las centrales de gas produciendo electricidad de manera flexible, frente a la intermitencia de la generación de las renovables, y actuando como soporte clave de todo el sistema).
Las redes de distribución de gas -unos 96.000 kilómetros de tubos que llegan hasta las viviendas y que están en manos de cinco grandes grupos, pero con Naturgy como principal operador- y la red de transporte -unos 12.000 kilómetros de grandes conductos controlados por Enagás- reclaman que se les reconozca como activos estratégicos para España para atender el consumo cotidiano y también los escenarios excepcionales y en emergencias.
Subidones y parones de consumo
El consumo total de gas (por parte de hogares, industria y sistema eléctrico) se ha mantenido relativamente estable en España durante la última década. Pero el año pasado, el del gran apagón, ha roto la tendencia bruscamente Desde el sector se subraya que más importante que la demanda media es la capacidad para atender los grandes picos de consumo que se repiten año tras año y también los que llegan por situaciones extremas.
La media diaria de consumo de gas había descendido un 0,5% en el último quinquenio hasta 2024, mientras que las puntas diarias ya habían crecido un 7% en ese mismo periodo, lo que ya anticipaba la importancia operativa de la infraestructura para asegurar el funcionamiento del sistema energético. El año pasado, en cambio, la demanda total de gas creció un 6,3% debido principalmente al fortísimo incremento del consumo de gas para producir electricidad (+33,4%) tras el gran apagón por el uso intensivo de los servicios de ajuste para dar más robustez al sistema, según los registros de Enagás.
La demanda convencional en 2025 descendió un 2,2% debido a la caída del consumo industrial (con un descenso del 5,2%) por el menor consumo de la cogeneración, y que se compensó parcialmente con el incremento de la demanda doméstica y del sector servicios (con un alza 8,1%) por efecto de las menores temperaturas y los episodios de olas de frío. Y es que el consumo de gas para usos térmicos sufre una profunda estacionalidad y se multiplica por 17 entre los máximos del invierno y los mínimos del verano. Todo un reto para que las redes estén preparadas para subidones y paros de la demanda.
Tamaño para todo escenario
El sector gasista avisa de que en el futuro seguirá siendo necesario que las redes cuenten con “un dimensionamiento adecuado para continuar operando en los momentos de mayor exigencia”, se recoge en el informe ‘El rol de la distribución de gas en el sistema energético español’, elaborado por la consultora Deloitte y publicado por la Fundación Naturgy.
“Las redes del futuro deberán estar diseñadas en base a un dimensionamiento y operación que reconozca su papel estructural en el suministro energético del país, así como su función esencial de respaldo y flexibilidad, asegurando la cobertura ante futuras puntas de demanda y manteniendo su capacidad de respuesta ante eventos extremos y cambios en la estacionalidad de la demanda”, recoge el estudio, que también subraya la necesidad de mantener la capilaridad de la red, impulsar su digitalización y su papel clave para integrar los gases renovables (biometano, primero, e hidrógeno verde, después) en sustitución progresiva del gas natural fósil.
“La red de distribución de gas representa un activo cuya solidez y capilaridad seguirán siendo determinantes para garantizar un sistema energético seguro, eficiente y preparado para los retos de las próximas décadas”, ha subrayado Raúl Suárez, consejero delegado de Nedgia (la filial de redes de distribución de gas del grupo Naturgy), en la jornada en que se ha presentado el informe de Deloitte este martes.
“En 2025, el sistema gasista español demostró de nuevo su excelente desempeño y su papel crítico para la seguridad energética, con una disponibilidad del 100%. Durante el episodio del ‘blackout’, el sistema gasista fue clave para restablecer la normalidad del sistema eléctrico y confirmó el papel fundamental del gas natural y de las infraestructuras gasistas, con un importante rol de los ciclos combinados”, destacan desde Enagás, responsable de la red troncal de gasoductos y también gestor del sistema gasista “El sistema gasista está mostrando también una gran resiliencia ante fenómenos meteorológicos extremos”.
La retribución que viene
El sector de las redes de gas vive un momento crucial. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) definirá en los próximos meses la retribución que recibirán las redes de distribución y transporte durante los siguientes seis años y que la pagarán los clientes a través de la factura de gas. Desde el sector gasista se reclama un marco regulatorio que reconozca el valor estructural y crítico de las infraestructuras, que facilite las inversiones necesarias para su modernización y digitalización y que incorpore mecanismos para impulsar la conexión del biometano.
El presidente de la patronal gasista Sedigás, Joan Batalla, reclamó esta semana un marco retributivo “equilibrado, estable y predecible” para el próximo periodo regulatorio entre 2027 y 2032 que garantice una “rentabilidad razonable” para una infraestructura crítica como las redes de gas. Para el actual periodo regulatorio que expira al final de este año, la CNMC hizo unas proyecciones basadas en una previsión de inflación y costes demasiado baja y la remuneración de distribuidoras y de la red de transporte ha sufrido un hachazo de más de 2.100 millones en el último sexenio (un 13,5% menos). Las compañías se movilizan ahora para asegurarse una retribución acorde con las necesidades del sector y para reconocer su papel crítico.
“Hace falta una remuneración adecuada para los próximos años y que no pierda de vista el papel fundamental del sistema gasista”, ha subrayado Arturo Gonzalo Aizpiri, consejero delegado de Enagás, en un encuentro con medios de comunicación con motivo de la presentación de las cuentas anuales del grupo. La CNMC ya ha aprobado la metodología para calcular la tasa de retribución financiera, que se situará en el entorno del 6,5% para los próximos años.
Una tasa que el sector considera relativamente adecuada, pero se reclaman otros aspectos como retribuir de manera razonable los gastos de las compañías en operación de las redes y en mantenimiento (en un sector que ya no ejecutará grandes inversiones en nuevas infraestructuras), con previsiones de costes realistas para los próximos años. Y desde Enagás también se pide un mecanismo de incentivos para reconocer el papel del sistema gasista en la seguridad de suministro ante fenómenos extremos y como soporte del sistema eléctrico, así como incentivos para extender la vida útil regulatoria de activos que ya están amortizados pero que deberán seguir en operación porque es más eficiente que construir otros nuevos y duplicar redes.
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