Sara Ángela Balado, emprendedora en O Milladoiro: «Que ninguna mujer que quiera abrir su negocio se quede con la duda»
Esta pedagoga compostelana que dio el paso con con 49 años recuerda en vísperas del 8-M que la carga familiar «sigue recayendo en ellas y muchas lo tienen más difícil». 'El Circo de las Letras' ayuda a niños con necesidades educativas especiales.

Sara Ángela Balado abrió en Milladoiro ‘El Circo de las Letras’ para niños con necesidades educativas especiales / cedida

Emprender a los 49 años no es una locura, es una decisión meditada. Y en el caso de Sara Ángela Balado Ferreiro, también una cuestión de coherencia. Compostelana, recién cumplidos los 50, esta pedagoga decidió dar el paso el pasado verano y poner en marcha en O Milladoiro (Ames) El Circo de las Letras, un gabinete especializado en necesidades educativas especiales. Lo hizo tras años trabajando para otros y convencida de que podía ofrecer un servicio más profesional y más humano a las familias.
Sara trabaja con niños con autismo, TDAH, dislexia, discalculia o retraso madurativo. La idea de emprender surgió al comprobar que muchas familias no encontraban suficientes profesionales preparados para atender a sus hijos. «Vi que necesitaban ayuda y que yo estaba formada para dársela», explica.
Su decisión también tuvo que ver con la precariedad laboral. Aunque ejercía como pedagoga, en algunas empresas figuraba como educadora, con una nómina inferior. «Llegaba a cobrar 400 euros menos al mes. Eso también te empuja a decir: soy esto y valgo esto».
Desde enero atiende ya en su propio local, adaptado para niños y accesible para sillas de ruedas. El arranque ha sido positivo. «Desde que abrí la puerta están viniendo más familias a preguntar. Estoy muy contenta».

‘El Circo de las Letras’ / cedida
En la víspera de la celebración del 8-M, Sara no duda en señalar que las mujeres siguen teniendo más dificultades para emprender. «La carga familiar sigue recayendo en nosotras. Si alguien tiene que reducir jornada o dejar el trabajo para cuidar a un hijo, suele ser la mujer». En su caso, sus hijos ya son mayores, lo que facilitó el momento. Pero tiene claro que la conciliación sigue siendo una barrera real. «Cuando emprendes estás casi las 24 horas pendiente. Aunque cierres la puerta, la cabeza sigue trabajando». También cree que persisten ciertos prejuicios. «Parece normal que una mujer monte una tienda de ropa, pero cuando lidera una empresa en otros ámbitos todavía sorprende».
Apoyo clave de la Cámara de Comercio de Santiago
Uno de los mayores obstáculos fue la financiación. Adaptar el local exigía una inversión importante. Ahí fue fundamental el acompañamiento del Programa Emprendedoras de la Cámara de Comercio de Santiago, que la ayudó a tramitar una subvención, elaborar el plan de negocio y preparar la documentación para el banco.
«Yo sola no hubiera sido capaz. Me orientaron con el estudio de mercado, con los términos económicos, con todo. Estuvimos meses trabajando el proyecto», reconoce. Y el apoyo continúa. «Cada vez que sale una ayuda me avisan. Siempre están ahí».
Para Sara, contar con asesoramiento profesional marca la diferencia. «A cualquier mujer que quiera emprender le digo que vaya a la Cámara. Necesitas que te guíen».
Una vocación
Más allá de los números, lo que mueve a esta pedagoga es la vocación. «Yo no quiero enriquecerme con esto, quiero ayudar a las familias». Sabe lo duro que es enfrentarse a una larga lista de espera o no encontrar atención especializada. «Hay centros con tres años de espera. Es doloroso».
El contacto diario con los niños es su mayor recompensa. «Cuando un niño te da un abrazo o una sonrisa, sabes que es sincero. Eso compensa todo».
A las mujeres que dudan en dar el paso les lanza un mensaje claro: «Que no se queden con la espina. Si sale bien, perfecto. Y si sale mal, al menos lo intentaste. Lo frustrante es preguntarte siempre qué hubiera pasado». En su caso, la respuesta ya la tiene. Emprender fue un reto enorme. Pero también la manera de hacer las cosas a su manera y de convertir una idea en una realidad que, poco a poco, crece en O Milladoiro.
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