María Bastida, catedrática de la USC: "Galicia necesita que sus pymes den un salto de ambición para crecer en escala y valor añadido"
El Informe de Diagnóstico Estratégico de Galicia 2025 revela que, pese a tener empresas, talento y apertura exterior, la comunidad aún lucha por traducir su potencial en productividad y valor añadido

Miguel Taín (i) , Javier Turienzo, Covadonga Toca, María Bastida, María Jesús Lorenzana y Roberto Pereira, este martes en la presentación del informe / cedida

La economía gallega tiene potencial, pero todavía no logra traducirlo plenamente en productividad, escala empresarial y mayor valor añadido. Esa es una de las principales conclusiones del Informe de Diagnóstico Estratégico de Galicia 2025, presentado este martes en Santiago por el Club Financiero de Santiago, que advierte de que la comunidad dispone de empresas, talento y apertura exterior, pero aún tiene dificultades para transformar ese esfuerzo en ventajas competitivas sostenidas.
El documento, elaborado por un equipo de investigadores de la Facultade de Ciencias Económicas e Empresariais de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), supone además un cambio de enfoque respecto a ediciones anteriores del histórico informe económico del Club Financiero. Por primera vez amplía su análisis a toda Galicia, después de una década centrado en la provincia de A Coruña, y plantea un diagnóstico estratégico del conjunto del sistema económico gallego.
La economista María Bastida, catedrática de Organización de Empresas de la USC, presentó el estudio en nombre del equipo investigador y explicó que el objetivo no era tanto recopilar datos como interpretar qué está limitando el crecimiento de la economía gallega. Según defendió, el problema principal no es la falta de iniciativa empresarial.
“Tenemos empresas, tenemos talento, tenemos recursos y tenemos inserción exterior”, señaló. Sin embargo, ese potencial no siempre se convierte en escala, productividad y captura de valor.
Uno de los principales factores que explica esta situación es el tamaño medio de las empresas. Galicia cuenta con un tejido productivo muy atomizado, con una fuerte presencia de microempresas y pequeñas compañías que operan con márgenes ajustados y que encuentran dificultades para crecer.
Bastida explicó que muchas compañías permanecen en lo que definió como una “escala de supervivencia”, suficiente para mantenerse en el mercado pero insuficiente para competir en segmentos de mayor valor añadido. En ese sentido, defendió que el reto para la pyme gallega es dar un salto de ambición y avanzar hacia empresas con mayor dimensión, más capacidad organizativa y mayor presencia en las fases de mayor rentabilidad de las cadenas de valor.
El informe identifica incluso lo que denomina la “trampa de la microescala”, una situación en la que el reducido tamaño empresarial dificulta invertir con continuidad, profesionalizar la gestión, atraer talento cualificado o incorporar innovación de forma sistemática.

Asistentes a la presentación del informe en el Edificio Quercus, en Santiago / cedida
Otro de los mensajes del diagnóstico es que algunos indicadores recientes pueden llevar a lecturas demasiado optimistas. Aunque la productividad del trabajo ha mostrado una mejora moderada en los últimos años, el informe advierte de que ese avance no siempre refleja una transformación profunda de los procesos productivos. En muchos casos responde más a cambios en la composición del empleo que a mejoras estructurales en la eficiencia.
El documento también analiza la internacionalización de la economía gallega, tradicionalmente elevada y cercana a niveles europeos. Sin embargo, exportar más no siempre significa capturar más valor. Una parte significativa de las empresas gallegas participa en tramos intermedios de las cadenas globales, como la producción o el ensamblaje, donde los márgenes son menores y las decisiones estratégicas se toman fuera del territorio.
Por ello, el informe defiende que el tejido empresarial debería apostar con más decisión por activos intangibles como la innovación, el software, la gestión de datos, la marca o la organización empresarial, ámbitos que hoy explican una parte creciente de la productividad en las economías avanzadas.
También detecta un desajuste entre la mejora del capital humano y su utilización efectiva. Aunque el nivel educativo de la población ha aumentado en los últimos años, parte de ese talento no se emplea en actividades de alto valor añadido, lo que limita su impacto en el crecimiento económico.
El contexto demográfico añade además un desafío adicional. Galicia afronta un escenario de envejecimiento y reducción de la población activa, por lo que su crecimiento futuro no podrá basarse únicamente en crear más empleo. El verdadero reto será producir mejor, aumentar la productividad y capturar una mayor parte del valor generado.
El diagnóstico también señala la existencia de una economía dual, en la que conviven sectores muy productivos y orientados al mercado global con una base amplia de actividades tradicionales con menor escala y menor intensidad tecnológica. Esa dualidad limita la capacidad de arrastre del conjunto del sistema productivo.
Aun así, el informe subraya que Galicia dispone de activos importantes para impulsar su crecimiento. Entre ellos destaca la transición energética, el potencial de sus recursos naturales, la existencia de clústeres sectoriales consolidados —como automoción, naval, alimentación, madera o tecnologías de la información— y la capacidad de cooperación empresarial.
En un tejido empresarial muy atomizado, el documento plantea que muchas pymes podrían ganar dimensión mediante formas de cooperación estructurada, compartiendo funciones como compras, logística, tecnología o exportación para operar con una escala mayor sin perder su independencia jurídica.
La Xunta pide acelerar la industrialización
Durante la presentación del informe intervino también la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, que destacó el potencial económico de la comunidad y defendió que Galicia parte de una base sólida para impulsar su crecimiento.
“Vivimos momentos de mucha incertidumbre internacional, pero los datos principales son positivos”, afirmó. En este sentido, subrayó que Galicia está muy consolidada en el ámbito exportador y que el crecimiento del empleo industrial en los últimos años se sitúa por encima de la media nacional.
Lorenzana destacó que Galicia cuenta con un tejido empresarial diverso, desde emprendedores y empresas familiares hasta grandes compañías capaces de competir en los mercados internacionales. También puso en valor los recursos naturales de la comunidad, como el viento, el agua, los recursos forestales o los minerales, que considera una ventaja competitiva en el actual contexto económico.
La conselleira señaló además que Galicia dispone de un ecosistema empresarial organizado, con clústeres y cadenas de valor conectadas entre sí, así como estabilidad institucional, factores que considera clave para atraer inversión.
No obstante, defendió que el siguiente paso debe ser acelerar la industrialización y aprovechar mejor esos recursos para generar más actividad económica.
Entre los principales obstáculos citó la falta de infraestructuras de transporte eléctrico, que en algunos casos está limitando la llegada de nuevas inversiones o la evacuación de energía de instalaciones renovables.
Para afrontar estos retos, la Xunta impulsa iniciativas como la Oficina Económica de Galicia, concebida como una ventanilla única para acompañar a las empresas en sus proyectos, o el Plan de Aceleración Industrial, que incluye la figura de los proyectos industriales estratégicos para agilizar su tramitación administrativa.
Lorenzana insistió también en la importancia de reforzar la innovación empresarial y mejorar la transferencia de conocimiento entre universidades y empresas, especialmente en un tejido productivo dominado por pymes.
Pese a las dificultades, tanto el informe como los responsables institucionales coincidieron en que Galicia dispone de condiciones para dar un salto en su desarrollo económico. El desafío, concluyen, ya no es demostrar que la comunidad tiene potencial, sino convertir ese potencial en liderazgo económico, mayor productividad y más valor añadido.
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