Raíces
La guerra de Irán dispara los costes de gasóleo, abono y plástico en el campo gallego: "Un tractor consume 400 litros en un día de trabajo"
El carburante se encarece hasta un 50% y los fertilizantes y químicos un 20%, una subida que las granjas no pueden repercutir en la leche
Asoma el temor a un desabastecimiento de alguna materia prima si el conflicto se alarga en el tiempo

Tractores de Indesa Galicia, esta semana en Santa Comba / Cedida

Aunque las consecuencias económicas de la guerra de Irán impactan en todos los hogares y empresas, las comarcas agrícolas y ganaderas las sufren con más intensidad. Y en Galicia hay muchas zonas cuyo motor económico es el campo, que consume cantidades ingentes de carburante, plástico y fertilizantes, tres de los productos que más encarecieron desde que estalló el conflicto de Oriente Próximo.
De hecho, la tormenta perfecta entre inflación, especulación e incertidumbre disparó el gasóleo agrícola entre un 25% y un 50% en dos semanas, la tonelada de urea —base clave de los fertilizantes— se encareció 120 euros/tonelada y los plásticos se pagan un 15% más. Todo ello en el arranque de la primavera, una de las épocas de mayor actividad agraria, ya que toca abonar y preparar la tierra para sembrar. Además, es tiempo de activar los invernaderos y asoman los primeros ensilados de hierba, lo que demanda más plástico.
En este contexto, los sindicatos y asociaciones agrarias empezaron a mover ficha, ya que temen que si el escenario bélico se alarga en el tiempo, las consecuencias para el sector sean dramáticas, con pérdidas millonarias e incluso desabastecimiento. La organización agraria COAG ha denunciado este martes que la subida del gasóleo agrícola y de la urea está suponiendo un "sobrecoste" para el campo español de 2,4 millones de euros diarios. De ellos, un buen pellizco lo pagan los productores gallegos, que en la mayoría de los casos, como en el lácteo, no tienen capacidad para repercutir ese sobre coste en sus ventas, lo que estrecha sus márgenes. De hecho, Unións Agrarias insta a las industrias lácteas a prorrogar los contratos de recogida en vigor hasta poder calibrar bien el impacto de la guerra en las granjas.

Marcial Pais, de Indesa Galicia / Cedida
"Si antes cobraba la hora a 150 euros ahora son 180"
Aunque entre Santa Comba y Teherán hay más de 5.000 kilómetros de distancia, en la comarca coruñesa de Xallas, la más ganadera de Galicia, empiezan a sufrir las consecuencias indirectas de la guerra. Lo saben bien en Indesa Galicia, empresa de servicios agrarios que con ocho tractores gasta 5.000 litros de gasóleo B al día en la época fuerte de las campañas.
"Nuestros tractores tienen depósitos de 400 litros que consumen de media 20 o 25 litros por hora", explica su gerente, Marcial Pais. Sin embargo, son medias, porque "depende del trabajo" concreto que se haga. Para sembrar maíz consume menos, pero para arar la tierra, desbrozar el monte o arrastrar una cisterna pesada de 22.000 litros de purín el motor necesita más revoluciones. "Ahí puede no llegar un depósito al día", aclara.
Un depósito que, no hace mucho, se llenaba con el gasóleo bonificado a 0,85 euros el litro, pero que este viernes ya se pagaba en Galicia, de media, a 1,52, según datos oficiales del Gobierno. Si se hace una media sin precios extremos, la subida desde la guerra de Irán hasta hoy se mueve entre el 25% y el 50%.
"Yo tengo que repercutir ese incremento en mi tarifa al cliente". Marcial da Pereira, como es conocido en la zona, sostiene que los números son claros: "Si antes cobraba 150 euros la hora por echar purín, ahora tendré que subir a 180". Ese incremento lo pagan las granjas de leche de Xallas y del resto de Galicia... Pero con el problema añadido de que, a diferencia de Indesa que sí puede modificar su tarifa, la explotación no puede repercutir el precio en la leche.

Plásticos de silo de Delagro / Cedida
"Puede llegar a haber desabastecimiento"
El gasóleo es quizás la consecuencia más visible de la guerra de Irán en el rural gallego, pero no la única. En el caso de fertilizantes y plásticos "también se encarecieron al momento y están superdisparados". Lo dice Javier Caneda, de Delagro, la cooperativa con base en Santiago que suministra todo tipo de material y servicios a las granjas gallegas.
La diferencia entre el gasóleo y el resto de materiales está en el stock. Mientras que Indesa y las empresas de servicios no pueden acumular gasóleo cuando está barato, "porque no lo permite la ley y porque el consumo tan elevado nos obligaría a tener depósitos enormes", aclara Marcial Pais, en el caso de los plásticos y abonos es diferente.
"Como esto empezó con el inicio de la campaña de sembrado, los distribuidores, almacenistas y cooperativas ya tienen cierto acopio de material al precio anterior a la guerra", lo que permite mitigar el impacto directo sobre las granjas. "Eso permite amortiguar un poco el efecto", explica Caneda.
En su caso, la urea, usada directamente como fertilizante o como base para abonos, subió 120 euros por tonelada, pasando de 500 a 620 en tiempo récord. Y en el plástico, vital para silos e invernaderos, la subida supera el 15%.
El campo gallego consume 24 millones de litros al mes
El campo gallego consume cada mes más de 24 millones de litros de gasóleo B o agrícola (el de color rojo que está bonificado). Según datos oficiales, en enero fueron 20.625 toneladas de este carburante, que traducido a litros son 24.700.000. Pagados a un euro, suponen un coste de casi 25 millones de euros para las granjas y empresas, pero al precio actual de 1,5 euros/litro ya representa un coste de más de 37 millones de euros. Es decir, 12 millones de sobrecoste por la guerra al mes.
Pero en Delagro advierten del verdadero problema que asoma en el horizonte: el abastecimiento. "El problema es para vender a futuros", aclara. "Tú tienes que comprar ahora para vender más adelante, pero ahora mismo el precio es desorbitado y el escenario es incierto, así que... ¿podrás vender en el futuro a ese precio alto o puede haber un acuerdo que suponga el fin del conflicto y los precios se desplomen?". En este contexto, muchos optan directamente por no comprar caro a la espera de acontecimientos. "Y eso es lo que puede provocar a medio plazo problemas de desabastecimiento", que por ahora no existen.
Así que este es el contexto al que se enfrenta el campo gallego. Suben todos todos los insumos, el pienso, el transporte, la luz, el gasóleo... Pero el agricultor y el ganadero no manejan el mercado para poder amortiguar esas subidas. Tendrán que tragárselas, como siempre, y sacarlas de su margen de beneficio. Pero en el extremo de la cadena, la leche, la carne, la fruta y la verdura serán también más caras para el consumidor. Porque al final, todo acaba siempre en el producto. También las bombas de Irán.
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