Ahorrar más de 40 € en 500 km: viajar en eléctrico ya cuesta un 63% menos
El ahorro en costes de recarga frente al combustible tradicional impulsa al coche eléctrico en trayectos de media distancia durante periodos de alta movilidad

Un coche eléctrico recargando la batería / Iago Lopez

La movilidad eléctrica gana terreno también en los desplazamientos de Semana Santa, donde tradición y tecnología coinciden en la carretera. Más allá de la experiencia de conducción, el cambio de coche de combustión a eléctrico empieza a notarse de forma clara en el bolsillo.
Un ejemplo lo ilustra: una familia que recorre unos 520 kilómetros en un viaje de ida y vuelta entre Vigo y Viveiro puede gastar 23,74 euros en un vehículo eléctrico, frente a los 64,62 euros que supondría hacerlo con un coche de combustión. Un ahorro de 40,88 euros, lo que equivale a un 63% menos. Son cálculos elaborados a partir de estimaciones de Iberdrola sobre distintos escenarios de recarga y consumo.
El ahorro comienza antes incluso de iniciar el trayecto. Cargando el coche en casa mediante sistemas de recarga inteligente, el coste del primer tramo —unos 260 kilómetros— se reduce a apenas 2,65 euros, muy lejos de los más de 32 euros que costaría recorrer la misma distancia con combustible tradicional. Este tipo de recarga doméstica, además de más económica, permite optimizar el consumo al adaptarlo a las horas de menor coste.
En carretera, el gasto aumenta, pero sigue siendo competitivo. Utilizando cargadores rápidos de 150 kW, que permiten recuperar hasta el 80% de la batería en unos 20 minutos, el coste del regreso se sitúa en 21,09 euros, aún por debajo del vehículo convencional. A ello se suma la posibilidad de recurrir a puntos de recarga de menor potencia —como los disponibles en hoteles, supermercados o establecimientos de hostelería— que pueden abaratar todavía más el coste total del desplazamiento.
En términos de uso, recorrer 100 kilómetros puede situarse entre 4,76 y 6,12 euros en función del tipo de recarga, frente a los más de 11 euros que supone hacerlo con un modelo de combustión, de acuerdo con esos mismos cálculos.
Nuevas formas de desplazarse
Más allá de las cifras, el viaje en eléctrico introduce también un cambio en la forma de desplazarse. Las paradas dejan de ser interrupciones imprevistas para convertirse en pausas planificadas, apoyadas en herramientas digitales que permiten localizar y gestionar los puntos de recarga. La conducción, además, es más silenciosa y progresiva, lo que modifica la experiencia al volante.
Este modelo no sustituye de forma inmediata al coche tradicional, pero sí refleja una tendencia creciente. La electrificación del transporte avanza combinando ahorro, eficiencia y menor impacto ambiental, en un contexto en el que cada vez más conductores optan por alternativas distintas.
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