Cuatro décadas de desembarco chino en Galicia: de abrir restaurantes y bazares a levantar su propia fábrica de coches eléctricos
Tras el aterrizaje con pequeños negocios de cocina en los años 80 y la proliferación de bazares a partir de los 90, el capital del gigante asiático ha protagonizado en los últimos tiempos inversiones de calado en sectores estratégicos como el metal, la conserva, el lácteo o la construcción

Un bazar chino en Santiago / ECG
Galicia ha asistido en las últimas décadas al desembarco de capital chino en esta esquina de Europa. Primero fue a pequeña escala, con la apertura en ciudades como Vigo y A Coruña de los primeros restaurantes que acercaron la gastronomía asiática a la comunidad. Eran los inicios de la década de los 80. Más tarde, ya a partir de los 90, comenzó el despliegue de bazares, hoy repartidos por toda la geografía gallega, desde urbes a pequeños pueblos. Pero más allá de estos negocios emprendidos por ciudadanos chinos que un día decidieron dejar el coloso industrial de los 20 billones de dólares de producto interior bruto (PIB) para iniciar una nueva vida en esta región de occidente, a más de 9.000 kilómetros de distancia en línea recta, Galicia y su tejido productivo también han llamado la atención de grandes grupos empresariales.
Con bazas como ser puerta atlántica de entrada a Europa, sus infraestructuras portuarias, la disponibilidad de suelo empresarial o la presencia de un ecosistema industrial con referentes en ramas como la metalurgia, la alimentación o el sector primario, Galicia ha despertado en los últimos tiempos un interés creciente entre inversores chinos.
Varios son los ejemplos de operaciones de compra o de entrada en el accionariado de empresas con raíces en la comunidad protagonizadas por gigantes del país asiático. También de proyectos anunciados para levantar plantas productivas en esta región de la periferia del viejo continente. El último que se ha conocido es el trazado por el mayor fabricante de automóviles de China, el grupo SAIC, para la fabricación de coches eléctricos en Ferrol y As Pontes. Será, si sale adelante como está previsto, la inversión de mayor envergadura realizada por un grupo chino en la comunidad, con una inyección inicial de 200 millones de euros para poner en marcha la primera planta del consorcio propietario de MG en Europa. Pero ha habido varios precedentes de calado en el desembarco chino en Galicia, y en sectores diversos.
Primera gran operación
La primera operación protagonizada por un holding chino en Galicia fue la compra de la calderera de O Porriño Gándara Censa por parte de la multinacional Citi Group, formalizada en 2011 por 54 millones de euros. Pocos años después, en 2014, el conglomerado destinó otra partida de 40 millones a unas nuevas instalaciones en el municipio pontevedrés para aumentar la producción. Reconvertida en Citi Censa, es uno de los mayores fabricantes de Europa de maquinaria y equipos pesados para diferentes sectores, que van desde la minería a las energías renovables.
Conserva, pesca y naval
La alimentación también despertó apetito entre inversores chinos, concretamente el sector de la conserva. En 2016, la compañía pesquera Shanghai Keinchuang (ahora propiedad del gigante asiático Bright Food) se hizo con el 100% de la histórica conservera viguesa Hijos de Carlos Albo por 61 millones de euros y con planes para expandir la marca y multiplicar la producción. En 2023 trasladó la producción desde las instalaciones de Vigo a una planta en la Plisan, donde construyó una de las fábricas de conservas más avanzadas de Europa. Albo factura en la actualidad más de 100 millones anuales y exporta a más de 30 países.
Dentro del sector de la pesca, el capital chino también rondó Nueva Pescanova. Y Legend Holdings, el conglomerado dueño del fabricante de ordenadores Lenovo, presentó una oferta por el Grupo Iberconsa en el proceso de venta de 2018, aunque finalmente acabó en manos del fondo estadounidense Platinum.
Otra de las grandes transacciones ejecutadas por asiáticos fue la adquisición del 60% del capital del grupo naval gallego Rodman por parte de la sociedad chino-angoleña China Sonangol. La empresa fundada y presidida por Manuel Rodríguez había cerrado a inicios de 2015 una operación con el enigmático magnate Sam Pa, acusado de espionaje por el Gobierno de Estados Unidos. A los pocos meses del acuerdo se vio envuelto en un caso de corrupción y fue detenido por el régimen chino. Desde entonces nada se ha sabido de su paradero. Tras aquella fallida aventura, Manuel Rodríguez recuperó los mandos de la firma.
Sector lácteo
La incursión asiática en Galicia también tiene un ejemplo en el sector lácteo. En 2019, uno de los principales fabricantes chinos de leche par bebé, YeePer Daily, compró una planta de materias primas lácteas radicada en Monforte. Entonces se llamaba Euroserum Ibérica y era propiedad de la cooperativa francesa Sodiaal, pero tras el cambio de manos se rebautizó como Oviganic, con partitipación en firmas lácteas y queseras.
Construcción
El capital chino también puso sus ojos en el sector de la construcción. Una prueba de ello es la entrada del gigante CRBC (China Road and Bridge Corporation) en Grupo Puentes. La corporación asiática, el cuarto mayor conglomerado constructor del mundo por ingresos, aterrizó en su capital en 2020 con una participación del 66,54%. Se convirtió así en accionista mayoritario, mientras la familia fundadora, los Otero Viéitez, mantuvo la participación restante. Hasta ahora, pues hace solo unos días que CRBC cerró la compra del 32,77% que seguía siendo propiedad del impulsor y fundador de la firma con sede en Oroso, José Manuel Otero Alonso. Esta operación estaba prevista desde el desembarco chino. Grupo Puentes, artífice de obras emblemáticas como el puente de Rande o el viaducto de O Eixo, pasó de facturar 115,5 millones de euros en 2020 a 436,5 millones en 2024.
Los imanes de Galicia
Ahora, el proyecto de SAIC abre un nuevo capítulo en la historia de la conquista china de Galicia, constatando el atractivo que tiene la comunidad a la hora de competir por inversiones de calado. "Combina tejido productivo, marcas, capacidades productivas, puertos, posición atlántica y acceso al mercado europeo", señala María Bastida, catedrática de Organización de Empresas de la Universidade de Santiago. La economista señala varios puntos fuertes de la comunidad: "Tiene cultura industrial; experiencia en automoción, naval, metal, alimentación, madera, textil o energía; y territorios con necesidad y capacidad para acoger nueva actividad productiva, como Ferrolterra y As Pontes".
Más allá de esos factores, Bastida destaca que en inversiones de esta magnitud la burocracia puede jugar un papel clave. "Las compañías no deciden solo por costes laborales o suelo industrial, también deciden por tiempos, seguridad jurídica, agilidad administrativa, confianza y capacidad de resolver problemas".
Sobre el impacto para Galicia de los planes de SAIC, considera que "puede ser uno de esos proyectos que marcan una etapa en la historia industrial de la comunidad". Por un lado, porque su desembarco "abría una segunda gran referencia vinculada al vehículo eléctrico", junto a la planta de Stellantis en Vigo, y podría contribuir a "reposicionar a Galicia" dentro de ese modelo de movilidad en Europa. Pero también por la elección de Ferrol y As Pontes, "dos zonas que llevan demasiados años asociadas a la reconversión, la transición energética y la pérdida de actividad industrial".
A su juicio, más allá de la inversión prevista y los 2.300 puestos de trabajo anunciados, la clave reside en que Galicia " debe convertir esa implantación en un verdadera cadena de valor industrial", esto es, desarrollando proveedores locales, fabricación de componentes, actividad logística, I+D, tecnología de baterías o servicios auxiliares. "La diferencia entre tener una planta y tener industria está precisamente en cuánto valor queda en el territorio", concluye María Bastida.
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