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Desastre de Annual, primer centenario

El 21 de julio de 1921 tropas rifeñas del Protectorado español de Marruecos, acaudilladas por Abd-El-Krim, protagonizaron un ataque en la posición de Annual que costó la vida a miles de soldados españoles. Por la magnitud de la tragedia, la prensa la definió en sus titulares como “El Desastre de Annual”, nombre con el que ha pasado a la Historia de España.

Acomienzos del siglo XX los intereses de tres potencias coloniales europeas (Francia, Alemania y Reino Unido) se enfrentaron por la posesión de Marruecos. Para dirimir la cuestión, en 1906 se celebró en España la Conferencia de Algeciras, en la que se decidió que el país magrebí mantuviera una independencia formal bajo la tutela francesa. España sin embargo, aspiraba también a un control sobre el territorio por lo que se le concedió la acción administrativa sobre la zona del Rif, que fue organizada como un Protectorado español. Una resolución que se oficializó en el Tratado de Fez de 1912, el cual se prolongaría hasta 1956, con el fin del status especial de la ciudad de Tánger (ocupada por España hasta 1945) y la independencia definitiva de Marruecos.

Tras el Desastre de 1898, con la perdida de la isla de Cuba, la proyección territorial de España hacia el occidente (Ifni, Sahara y Guinea Ecuatorial) y norte de África se vislumbró como no solo como un intento de recobrar el vasto imperio perdido, sino también como la necesidad de no verse relegada de la colonización de África que estaban llevando a cabo las principales potencias de Europa. Sin embargo, en el caso de Marruecos, España tuvo desde el primer momento muchos problemas para ejercer el control entre las kabilas bereberes del Rif, siendo constantes los enfrentamientos armados que segaban la vida de miles soldados españoles de reemplazo.

La deseada conquista de Alhucemas. De manera que, para remediarlo, el Alto Comisariado español de Marruecos trazó un plan cuyo objetivo principal era alcanzar, desde Melilla, la costa de Alhucemas, dejando en el territorio intermedio bases sólidas de contingentes militares que permitieran el definitivo control del territorio.

Con este propósito, algunas fuentes afirman que a primeros de julio de 1921, el general Fernández Silvestre, en su calidad de comandante general de Melilla, anunció al rey Alfonso XIII que era su propósito tomar Alhucemas el día de Santiago. De ahí un posible telegrama posterior del monarca al general: “Olé los hombres; el 25 te espero”. Por ello el escritor Miguel de Unamuno se referiría amargamente después a este infeliz episodio del Desastre de Annual como “la santiguada del general Silvestre”.

El Desastre. Para conseguir su propósito de llegar hasta Alhucemas el 25 de julio, el general Fernández Silvestre, emplazó a mediados del mes al grueso de su ejército (en torno a 16.000 hombres entre soldados y oficiales) en la posición de Annual. Pero el 21 de julio, conocedor de que la posición de Igueriben estaba siendo atacada por rifeños al mando de Abd-El Krim, decidió salir al frente de un convoy de socorro, integrado por 4.000 soldados. Sin embargo, este convoy fue arrollado y la posición de Igueriben tomada por los rifeños. De manera que el general Silvestre se vio obligado a retroceder de nuevo hasta su inicial posición en Annual junto al reducido grupo de soldados que habían podido sobrevivido al ataque.

Pero en Annual, la situación (sin apoyo logístico de ningún tipo) también se volvió pronto desesperada, por lo que el general Fernández Silvestre ordenó que el ejército allí estacionado emprendiese la retirada hacia la posición de Bien-Tieb, en dirección a la ciudad de Melilla. Mas, pese a ser la única alternativa de salvación para el acorralado ejército español, la ruta estaba totalmente dominada por el enemigo, que acabó empapándola de sangre, a pesar de la heroica carga de caballería que efectuó el Regimiento de Alcántara, al mando del teniente coronel Primo de Rivera, intentando proteger la retaguardia española del ejército español que se batía desesperadamente en retirada.

Respecto al general Fernández Silvestre algunas crónicas apuntan a que, quizás buscando la muerte, se irguió sobre un parapeto, gritando con sarcasmo de demento: “Huid, huid, que viene el coco...”. Nadie supo más. Leyendas a la antigua usanza le dieron luego por vivo y prisionero de Abd-El-Krim. Pero lo seguro es que el general Fernández Silvestre murió en Annual, seguramente suicidado, aunque lo matasen. Entre los españoles, apenas hubo supervivientes. Quizás incluso hasta más de 10.000, entre muertos y desaparecidos, fueron las bajas españolas en apenas dos días en Annual.

La tragedia continúa en Monte Arruit. Intentando evitar que la tragedia fuese absoluta, el 29 de julio el barón de Casa Davalillo (coronel Navarro) se retiró con una tropa de 4.000 hombres a la posición del Monte Arruit, situada a 30 kilómetros al sur de Melilla, quedando aislado del resto de fuerzas. De manera que asediado por los rebeldes rifeños y comprendiendo que la esperanza de socorro era nula, el 7 de septiembre se decidió el coronel Navarro a pactar la rendición española. Los emisarios de Abd-El-Krim dieron su palabra de respetar la vida de los soldados españoles, pero el 12 septiembre, día en que se debía empezar a ejecutar lo pactado, y desarmada la tropa, los rifeños cargaron sobre la confiada tropa, desencadenando una matanza que segó en tan solo unas horas la vida de más de 3.000 soldados españoles. Tan solo el general Navarro y unos cuantos de sus oficiales, así como unas pocas decenas de soldados de tropa, la mayoría heridos, salvaron la vida en Monte Arruit siendo al instante hechos prisioneros.

Cuando poco más de un mes después, el 24 de octubre, el general Cabanellas, al mando de varías compañías de la Legión que había fundado hacía tan solo un año Millán Astray, reconquistó Monte Arruit, impactado por los miles de cadáveres de soldados españoles, muchos ya esqueléticos por la acción del sol, la mayoría de ellos mutilados y despojados de sus pertenencías por sus asesinos, escribió una dura carta a los presidentes de las Juntas Militares de Defensa de la Península acusándolas “de ser los primeros responsables de esta tragedia al ocuparse solo de cominerías, desprestigiar el mando y asaltar el presupuesto con aumento de plantillas”.

Las Responsabilidades. Además de la palabra “Desastre”, tempranamente acuñada por la prensa española para referirse a la tragedia del ejército español en Annual, la otra que quedó grabada a fuego en la política y los debates de la sociedad española fue la de las “Responsabilidades” del Desastre. Para dirimirlas, el Consejo de Estado presidido por Antonio Maura nombró una comisión de investigación al mando del general Picasso, quien era tío abuelo del pintor Pablo Picasso. El militar elaboró un exhaustivo trabajo de documentación sobre el terreno que se conoció con el nombre de “El Informe Picasso”, el cual situaba como máximo responsable de lo acontecido al que habia sido Alto Comisario de Marruecos durante el Desastre de Annual: el general Dámaso Berenguer. Por su parte el general Miguel Primo abogó en el Senado por el abandono de toda acción en Marruecos. Palabras que le costaron el cargo de capitán general de Castilla la Nueva que ostentaba cuando las pronunció. Y a la larga el tema de las Responsabilidades por el Desastre de Annual, fracturó no solo a los militares y partidos políticos, sino también a la sociedad española, creándose un nocivo caldo de cultivo que se convirtió en uno de los factores determinantes para el desencadenamiento, en 1936, de la Guerra Civil.

Los prisioneros de Annual y su liberación. Dos nombres fueron clave para que se produjera la liberación de los prisioneros que quedaron en poder de Abd-El-Krim tras el Desastre de Annual. Y estos fueron: el periodista Luis Oteyza (director del periódico “Libertad” quien en el mes de agosto de 1922 logró entrevistarse en Axdir con Abd-El-Krim y los cautivos españoles) y el empresario vasco Horacio Echevarrieta. Gracias a su intermediación, los prisioneros fueron liberados en el mes de enero de 1923, tras año y medio de dramático cautiverio.

Lo llamativo es que no fue hasta el 31 de enero de 1923 cuando el Gobierno dio a conocer a la prensa la relación completa de los prisioneros españoles que habían quedado, tras el Desastre de Annual, en poder de los rifeños. Así, en aquella fecha, el periódico “La Acción” publicaba a toda página 285 nombres, entre los que había 241 militares y 44 civiles, entre ellos nueve mujeres –una de ellas, Carmen Úbeda, se convertiría con el transcurrir de los años en una célebre cupletista– y nueve niños.

El precio que España hubo de pagar a Abd-El-Krim por el rescate fue de cuatro millones de pesetas, pero que tuvo un plus de 270.000 pesetas, en el momento mismo de la liberación (23 de enero de 1923) y justo antes del embarque de los prisioneros en los vapores “Antonio López”, “España nº 5” y “Vicente la Roda”. El regateo fue tal que hasta el propio negociador español de la liberación, el bilbaíno Horacio Echevarrieta, hubo de ofrecer su propia persona en garantía a los secuestradores rifeños. Siendo más empeñado el chalaneo –según las crónicas– en relación con el general Navarro, que fue el último preso liberado en embarcar rumbo a España.

Consecuencias del Desastre de Annual. Aparte del duro golpe que supuso para la sociedad española y especialmente para las miles de familias que lloraron la pérdida de sus hijos, Annual derivó en una crisis política (solo en 1921 se sucedieron hasta cuatro presidentes de Gobierno) que desembocaría en el golpe militar del 13 de septiembre de 1923, el cual abrió paso a la Dictadura de Primo de Rivera. En este entorno, la pacificación de Marruecos seguía constituyendo un serio problema, por lo que el 8 de septiembre de 1925, en una operación conjunta hispano francesa, se produjo el desembarco en las costas de Alhucemas, consiguiendo con esta acción la derrota completa de Abd-El-Krim, que se había autoproclamado emir de una ensoñada República del Rif. El rifeño prefirió rendirse a los franceses, cuyo gobierno lo exilió durante 21 años a la isla Reunión, falleciendo el 7 de febrero de 1963 –a los 81 años de edad– en El Cairo.

01 ago 2021 / 01:00
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