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El Museo Naval de Madrid vuelve a navegar

Serenas las brisas tras dos años de obras, y trimado el aparejo para adecuarlo a los nuevos tiempos
–aunando en su rumbo tradición, historia y modernidad– el pasado 16 de octubre abría nuevamente sus puertas, invitando a embarcar al conjunto de la ciudadanía española y visitantes de fuera, el Museo Naval de Madrid.

Ubicado en pleno centro de la ciudad, al susurro de la Cibeles y próximo a la pinacoteca de El Prado, el Museo Naval tiene su sede en la primera planta del Cuartel General de la Armada, y desde su inauguración, en 1843, ha ido recopilando una serie de valiosas e interesantes colecciones del patrimonio cultural naval de la Armada que en su conjunto constituyen un didáctico, original e ilustrativo ‘libro’ de la historia España.

De este modo, y como si a un navío anclado en tierra a bordo de él subiéramos, la estructura de la nueva entrada al Museo Naval semeja las cuadernas de los buques, dando acceso a un espacio romántico, intimista, cuyos magníficos fondos conforman un atractivo y sólido discurso histórico, desvelándonos claves y algunos de los más sorprendentes –y transcendentes– misterios de nuestro pasado en común. El nuevo y moderno espacio expositivo ofrece a los visitantes la posibilidad de disfrutar con calma de sus colecciones, ya de manera individual, en familia, en visitas escolares... Pero también a través de itinerarios transversales para quienes tienen prisa o quieren especializar su visita.

Porque lo variopinto de cuanto aquí se expone (pinturas de grandes batallas en la mar, de almirantes y navegantes célebres, modelos de arsenales, objetos arqueológicos procedentes de pecios hundidos, portulanos, cartas marinas, hermosos y titánicos mascarones de proa, reproducciones a escala de navíos emblemáticos...) constituye un

–inigualable en belleza– mosaico, del que cada una de sus infinitas teselas simbolizan la contribución que, a lo largo de siglos, realizaron los marinos hispanos, forjando con su esfuerzo no solo la historia de España, sino también –construyendo con los mástiles de la ciencia el armazón de las naves que con su navegación demostraron la esfericidad de la Tierra– siendo artífices, ya en el siglo XVI, de la primera globalización. De este modo, cuando España dio a conocer la existencia del Nuevo Mundo, abrió las puertas a un Mundo Nuevo.

Asimismo, la excelencia del Museo Naval se manifiesta en que exhibe numerosas y únicas joyas históricas que por sí mismas explican periodos de tiempo y acontecimientos transcendentales para el progreso de la Humanidad. Tal es el caso de la Carta náutica sobre pergamino de Juan de la Cosa, de 1500, en la que por vez primera se representó el continente americano. O el montante bendito que San Pío V regaló a Juan de Austria por sus servicios a la Cristiandad en la victoria obtenida en 1571 en la batalla naval de Lepanto: la más grande de las victorias de la Armada española, y “la más alta ocasión que vieron siglos”, según escribió un marino español que combatió en ella al servicio de España: Don Miguel de Cervantes Saavedra.

Entre sus atractivas propuestas, el Museo Naval expone los modelos de los navíos Santa Ana y San Ildefonso, presentes ambos en la batalla de Trafalgar (1805) en cuyas esloras a escala se resumen algunos de los años más difíciles (1784-1816) de la historia de España. Y también los del San Diego, cuya presencia pone velas hacia la española ruta del Galeón de Manila (versión transoceánica de la terrestre Ruta de la seda) que entre 1568 y 1815 mantuvo unida a las Españas de Europa, América y Asia. Y ya en tiempos más recientes, elementos referentes al submarino-torpedero inventado por Isaac Peral, cuyo modelo original de 1888 exhibe la Armada, desde el 20 de octubre, en el Museo Naval de Cartagena.

Del mismo modo, lugar importante ocupan en el remozado y flamante Museo Naval de Madrid los tesoros, ajuares y utensilios procedentes de los pecios que ondeando la bandera de España naufragaron o fueron enviados a pique por filibusteros, corsarios o buques de guerra enemigos. Tal fue el caso de la fragata Mercedes, hundida en 1804 por los ingleses frente a las costas del Algarve, sin previa declaración de guerra. Pero un espacio igual de importante es el que el Museo dedica a los navíos que llegaron a buen puerto con la misión cumplida, porque fueron ellos los que escribieron la historia de la Armada, es decir, de España.

Y en cada rincón del Museo Naval se atisba la memoria de los navegantes que con sus hazañas contribuyeron a la cohesión de la nación, extendiendo a lo largo del globo la Hispanidad y el Humanismo cristiano, raíz de la cultura europea y fundamento de todas las democracias modernas.

Por citar tan solo algunos de ellos: el almogávar Roger de Lauria, almirante de la flota de la Corona de Aragón y considerado mejor navegante del mundo durante la Edad Media; Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano (el primero en circunnavegar el planeta); el heroico almirante Blas de Lezo y Olavarrieta (apodado Medio hombre por los miembros de su cuerpo que perdió en algunas de las numerosas batallas en las que participó); o el almirante gallego Casto Méndez Núñez, quien en 1867 como capitán de la fragata Numancia completo la primera vuelta al mundo de un navío blindado, tras enlazar sucesivas misiones bélicas. La estatua en bronce a él dedicada, instalada en 1885 en la Alameda de Santiago de Compostela, recuerda sus gestas, y embellece el que es uno de los más bonitos jardines románticos de Europa.

Por todo lo anteriormente y mucho más, una visita turística a Madrid será completa si incluye un apasionante viaje a la historia de España, navegando confortablemente a bordo del Museo Naval. No se lo pierdan.

15 nov 2020 / 00:00
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