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ENTREVISTA
Raphael, cantante

“En mi vida no tengo sombras”

Raphael es un icono que, sin cambiar su estilo único y personal, ha resistido al paso del tiempo, las modas y las críticas, una “leyenda viva de la música”. A sus 78 años, la mayor parte de ellos han transcurrido encima de un escenario, con seguidores alrededor del mundo.

“Lo importante es lo que transmites. Claro que es fundamental tener una gran voz, y el color de esa voz también es importante. Después, es imprescindible que el artista no se parezca a nadie. En el espectáculo que ofrezcas tienes que ser único”

Una carrera de más de 60 años en unos escenarios que iluminan todos los recuerdos. Los amaneceres sobre aquellos telones que aún no se muestran rasgados por un alma dócil pero exigente. Las puertas cerradas y las cancelas abiertas. Todo entre el sigilo de una madrugada que dibuja cada uno de los vacíos. Los colores sobre un lienzo dibujado que no siempre es tan risueño como marca la partitura.

El público gallego siempre ha recibido muy bien a Raphael en tantos años de carrera...

Siempre me he sentido muy a gusto con el público gallego que me ha acogido de maravilla desde que yo era muy jovencillo. La primera vez que actué en A Coruña tenía catorce años; así que ya ha pasado un tiempo (risas).

Su carrera empezó hace más de seis décadas... ¿cuál es el secreto para tener siempre al público a su favor durante tanto tiempo?

Fácil no es. Yo creo que lo importante es tener muchas ganas de hacer cosas y hacer proyectos diferentes y cada día mejor. Hay que estar siempre en continuo movimiento. Nunca se llega a nada estando en tu casa sentado esperando que te vengan a buscar. Tienes que moverte y no parar ni un instante.

¿Qué queda de aquel niño que tenía catorce años y que empezó con Rocío Dúrcal?

Mucho. Con ella coincidíamos en los concursos. Eran los tiempos de Dúrcal, Jurado, Serrat. Yo me llevaba muy bien con Marieta y con la Jurado también. Aparte de artistas éramos grandes amigos.

¿Podía pensar, en esos primeros tiempos, que iba a conquistar al público de tantos países y que llegaría a ser un icono musical?

Pensar eso exactamente no, pero, desde luego, indicios de que podía suceder algo parecido tenían que existir cuando se me ocurre poner mi nombre escrito con PH para que se me leyera en todos los idiomas del mundo. Así que algo me rondaría por la cabeza.

Tiene usted una importante carrera en el cine, ha trabajo con importantes directores, de la que yo no sé si se siente muy orgulloso...

Yo le he dado importancia, pero mi tiempo es limitado y hoy es difícil que yo me embarque en una película, porque hoy en día es complicado que las productoras tengan todo claro. Antes, cuando se me presentaba un guión para que lo protagonizara, ya estaba todo montado y el negocio ya estaba cerrado. Solamente me decían... necesitamos dos meses. Hoy en día todo está en el aire, así que es muy difícil, no siendo con un director de mucho prestigio y muy valiente, como es Alex de la Iglesia, que supo marcar unas fechas claras para que fuera suyo de tal a tal mes.

Es decir, que se trata de un problema de tener la agenda muy bien cuadrada...

Es que trabajando con fechas muy cerradas sí puedo seguir haciendo cine, ahora, si tengo que estar esperando al desarrollo de los rodajes, no me puedo comprometer. Pero te prometo que yo le doy mucha importancia al cine y, últimamente, tanto mi productora como yo estamos intentando plantearnos proyectos. Es más, hemos empezado por documentales. Acabo de estrenar uno fantástico que se estrenará antes de navidad y ya tenemos otra cosa también importante, pero, aparte, ellos tienen ya la idea de que hay que hacer cine. Quiero seguir haciendo cine. Así que, además de grabar dos discos al año, tengo que hacer una película cada dos años.

En un cantante tener una gran voz es importante, pero no es determinante...

Lo importante es lo que transmites. Claro que es fundamental tener una gran voz, y el color de esa voz también es importante. Después, es imprescindible que el artista no se parezca a nadie. En el espectáculo que ofrezcas tienes que ser único y no debes imitar a nadie. Todo eso unido es la clave para que el show pueda funcionar.

¿La disciplina es fundamental?

Es muy importante y la gente que empieza que se lo meta en la cabeza, por favor. Con cachondeos no se va a ningún lado. Te lo estás jugando todo a una sola carta. Tienes que portarte bien. Es muy importante que nunca haya que repetir por ti. Tienes que tenerlo todo muy bien aprendido para soltarlo con cierta ductilidad.

¿Hasta que punto le ha marcado la pauta a los compositores cuando han escrito para usted?

R. Les marco hasta donde me dejan. Yo, si por mi fuera, estaría al lado todo el rato y eso es lo que intento hacer. Hay algunos que me dicen si les voy a dirigir y yo les digo que me gusta sentarme a su lado por si les puedo ser de ayuda. Y esa es la verdad, porque, en ocasiones, los compositores se pueden ir por los cerros de Úbeda y hay que decirles que tuerzan a la izquierda porque yo me conozco muy bien. Sé perfectamente lo que el público quiere de mí y lo que ha tenido toda la vida y sé si lo que está tocando es o no es para Raphael. Yo, por ejemplo, con Manuel Alejandro he pasado los ratos más impresionantes y divertidos componiendo a su lado. A mi gusta estar cerca para poder dirigir el tráfico...

Sara Montiel decía que aquí el público no era tan consciente como en el extranjero de que su voz era absolutamente privilegiada...

Bueno, esa era una opinión de ella, pero aquí la gente, en España, entiende mucho. Además, España es cuna de grandes voces. No tanto, de grandes artistas, pero sí de grandes voces. Es diferente ser un gran artista a ser un señor que tiene una gran voz. Hay que procurar compaginar las dos cosas.

Usted siempre interpreta las canciones de forma distinta en cada concierto, en cada grabación...Es como una continua improvisación para que suenen de otra forma...

Es que eso es lo que tiene que ser y lo que espera el público de mí. Es más, yo mismo, como profesional, es lo que espero. Cuando salgo a cantar yo trata de ir por el lado que el público quiere verme y que yo quiero oírme. Necesito estar tan contento como ellos. Salgo a darlo todo por ellos y por tener una gran noche. Es estupendo que cuando salgan digan que bien está con la edad que tiene...

Pero para estar así, usted se cuida mucho...

Yo me cuido mucho, sí. Hay un cincuenta por ciento que está en cuidarme, en quererme mucho. Así, después, yo tengo el valor de ponerme delante de la gente en sitios tremendos por su aforo e importancia y salir tan tranquilo, dentro de ese pellizco que hay siempre en el estómago. Hay que salir a disfrutar con el público. No solamente tienen que disfrutar ellos contigo, tienen que notar que tú lo estás pasando muy bien.

Toda esta carrera tan abrumadora... ¿le ha restado mucho tiempo de su vida personal?

No, de verdad que no. Tanto mi familia como las personas allegadas a mí lo que quieren es mi felicidad. Todos ellos me ven muy feliz trabajando y así es como me quieren ver.

¿Su esposa, Natalia Figueroa, le aconseja o está al margen de toda su carrera?

No, ella no permanece al margen. Todo lo contrario, tiene voz y voto y yo se lo agradezco. Además, también mis hijos opinan. No hay que hacer las cosas de forma tan dramática. Ellos tienen la suficiente formación para opinar de una manera acertada.

Seguro que no son tan críticos como usted mismo...

Yo soy ferozmente crítico y soy mi peor enemigo. Luego, en las horas de la noche se me pasa y ya por la mañana pienso, pues no estuvo mal, pero en el momento soy terrible. De cualquier forma, yo creo que eso está bien.

Los que le conocen afirman que es usted una estrella atípica y profundamente cercana...

Mire, las estrellas no existen, están en el cielo. Los demás somos seres humanos que hacemos las cosas lo mejor que sabemos y podemos hacerlas. Unas veces estamos más acertadas que otras, pero hay que pisar el suelo siempre. Soy tauro, no lo olvide, así que estoy muy pegado a la tierra.

¿De dónde saca usted la paciencia para atender a tanta gente de la mejor forma?

Mire usted, eso viene en el catecismo auténtico. Yo no puedo ser un déspota con la gente. Yo tengo que ser como yo soy. No voy a ponerme un disfraz. Soy una persona muy normal, con su sentido del humor a mi manera, un gran profesional y entre las cosas buenas que tengo es que se atender tanto al público como a los medios de comunicación que, en definitiva, han hecho mucho por mi carrera también.

¿Hay alguna fórmula para que el público desate toda su pasión en su espectáculo?

Lo mejor que puede hacer en su caso es venir a mi próximo concierto y entenderá todo mejor que con las palabras.

¿No echa de menos los conciertos más íntimos?

Sí, claro. Yo trato de llegar a todos los gustos empezando por los míos. Yo soy un hombre eminentemente de teatro y me encantan los conciertos solamente con un piano. No me hace falta una orquesta para nada. Yo estuve haciendo una gira de cuatro años solamente a piano y voz. Me recorrí el mundo entero de esta forma y estuve en toda Galicia. Yo suelo hacer de todo y seguro que me cansaré de tanto fuego artificial y me inventaré después algo más íntimo. Yo siempre procuro moverme en diferentes terrenos.

Ha tenido usted una vida claramente excepcional. Yo no sé si como artista algún personaje de los que haya podido conocer le ha impactado profundamente...

Bueno, me ha impactado mucha gente, pero hay un grupo de artistas entre los que destaca Piaf a la que siempre he estado sometido. También a Elvis Presley, aunque doy la vuelta y aparece Manolo Caracol. De pronto, el jazz, o Enrique Morente. Me gustan mucho los colores. El mestizaje para un artista es fundamental. El público siempre te tiene que ver diferente. A lo mejor no saben en qué consiste, pero se dan cuenta de que están viendo algo que ayer no veían.

Con honestidad Raphael, cuando ha visto su nombre en los luminosos más importantes del mundo, ¿se acuerda de sus orígenes humildes?

No hace falta que piense en mis orígenes humildes porque los tengo presentes siempre. Yo siempre pienso en mis padres, en mi grupo de amigos, en la escolanía donde yo empecé, pero yo no soy una persona nostálgica. Yo no pienso nunca en el pasado. No creo que cualquier tiempo pasado fue mejor porque es mentira. En cualquier tiempo pasado hubo cosas muy buenas y muy malas. Así que yo estoy en medio.

¿Alguna vez deja que algo fluya de manera natural?

A mi gusta tener varias ideas y trabajarlas. De esta forma, primero las olvido y si ya empiezo a obsesionarme con alguna es que merece la pena. Así, poco a poco, la voy puliendo y depurando y esa es mi forma de trabajar.

¿Le han puesto muchas zancadillas a lo largo de su carrera?

Mire, que yo sepa y haya pensado no, de verdad. Siempre me he sentido muy querido por todo el mundo y si ha existido alguno que no pensaba igual tampoco me lo ha escupido a la cara. La rivalidad entre compañeros sí la he sentido, pero eso es bueno. Yo me acuerdo cuando gané el festival de Benidorm. Fue por mi disciplina. Todos los chicos y chicas que participábamos en ese certamen, excepto yo, cuando llegaron se fueron a la playa a pasarse un día padre. Al día siguiente, todos estaban mudos menos yo, que estaba como un reloj porque había estado en la cama descansando y viendo la televisión.

Parece que sigue teniendo las mismas ganas de comerse el mundo...

Pues mire, trato de comérmelo todos los días. Hay que intentarlo. No te vayas antes de que te echen. Yo estoy dispuesto a seguir adelante.

¿Ha sentido la soledad inmensa de la que hablan tantos artistas en sus giras?

No, al revés. Yo he tenido muchas casas a lo largo del mundo. Además, siempre suelo ir a los mismos hoteles, a los que iba en los primeros años. A mi gusta siempre volver a ese pasado de los hoteles. Me gusta que tengan mi ficha de siempre, que los camareros se acuerden de que no bebo alcohol...

Se puede decir que usted se siente ciudadano del mundo...

Sí, eso sí. Muchas veces a mi pesar porque hay que hacer la maleta y volver a salir otra vez. Yo siempre quiero volver a chequear todo, así que las cosas me siguen sorprendiendo. Quiero volver a leer en los ojos de la gente su aceptación.

¿Ha hecho usted algo que no quisiera hacer?

No, la verdad es que no. Cuando no veo una cosa clara no la hago, para que vamos a perder el tiempo.

¿Cómo definiría al Raphael más cotidiano?

Como una persona muy, muy fácil. Siempre he sido un chico así. Me conformo con cualquier cosa para las cosas normales de la vida.

¿No piensa en la retirada?

Solamente yo sabré cuando es el momento, pero, de momento, va para largo. Mi voz tiene que sonar como la mañana anterior, eso sí. Lo que no quiero es dar pena. No me gustaría que dijesen lo bien que cantaba antes.

¿Ha utilizado el poder que pueda tener en determinados momentos?

No tuve que hacerlo. Yo he hecho las cosas muy bien aconsejado y nunca he tenido que sacar las cosas fuera de madre. Lo mismo me pasa con mi familia, con la que también me ha tocado la lotería. La vida muchas veces te echa pulsos, pero tenemos que estar tan campantes. En mi vida no tengo sombras, cuando acuden... hay que mandarlas a paseo.

Pronto le veremos por tierras gallegas, ¿qué es lo que más le gusta de nuestras gentes?

Me encanta mirarles a la cara porque llevan la bondad en los ojos y siempre ha sido así. Es un público maravilloso.

El tiempo de cada soledad se ilumina con aquellos violines que respiran en sombras.

18 jul 2021 / 01:00
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