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Fallecimientos que marcaron el 2020 en la música

El año que finaliza de nuevo ha castigado al universo de la música. Un número considerable de artistas pertenecientes a varias generaciones falleció de causas muy distintas, en algunos casos de forma inesperada, otros trágicamente, por enfermedad o por causas naturales por razones de edad. Estos son algunos. Nos quedan sus canciones.

Este 2020 que nos dejó va a ser recordado como uno de los más negros para la música, especialmente para el pop y el rock, debido al fallecimiento de grandes mitos del género. Las muertes de Kenny Rogers, Bill Withers, Little Richard, Charlie Daniels, Ennio Morricone, Eddie Van Halen, Spencer Davis o Frederick ‘Toots’ Hibbert son, desde luego, las más llamativas. Pero en estos doce meses se fueron otros talentos esenciales como el productor Hal Willner, el pionero del afrobeat Tony Allen o el vocalista español Pau Donés.

El adiós del multiinstrumentista y compositor Marty Grebb pocos días después del comienzo del año, pilló por sorpresa a casi todo el mundo. Nacido en Chicago, en 1966 se unió al grupo Buckinghams, como teclista. Tras dejar la banda, ejerció a lo largo de su carrera como productor, compositor, arreglista o músico de directo para The Band, Leon Russell, Taj Mahal, Etta James, Elton John, Muddy Waters, Rufus Wainwright y Chicago, entre otros. Durante años fue un estrecho colaborador de Bonnie Raitt. En 2006 participó el disco de JJ Cale y Eric Clapton The road to Escondido.

También fue inesperada la muerte del legendario pianista de jazz McCoy Tyner, uno de los grandes de la historia. Nacido en Filadelfia, Tyner comenzó a tocar el piano a los 13 años. Tras formar parte del Jazztet de Bennie Golson y Art Farmer, se unió al cuarteto de John Coltrane, que completaban el batería Elvin Jones y el contrabajista Jimmy Garrison. Con Coltrane grabó clásicos imprescindibles del jazz como My favorite things y A love supreme.

En 1965, Tyner dejó el cuarteto de Coltrane para emprender su carrera en solitario, grabando para sellos como Milestone, Blue Note e Impulse. Tyner también tocó con Sonny Rollins, Ron Carter y Stanley Clarke, entre otros.

Otro de los grandes referentes musicales que se marchó en 2020 fue Little Richard. Tenía 87 años. Richard Penniman (5 de diciembre de 1932; Macon, Georgia) fue uno de los grandes pioneros del rock and roll en EEUU, a mediados de los años 50. Logró un fenomenal éxito con varias canciones entre las que destacaron Tutti Frutti, Long Tall Sally, Good Golly Miss Molly y Jenny Jenny, sacudidas aceleradas que definían un nuevo sonido, un rhythm and blues asalvajado con elementos del gospel y de la música de Nueva Orleans.

Pocos músicos han tenido una influencia tan grande con una carrera tan corta. Sus años de gloria se reducen al apogeo del rock and roll, entre 1955 y 1957. Después siguió grabando y sobre todo actuando de manera intermitente, y de hecho vivió el resto de su vida de pasear de vez en cuando su fantástico tupé y de recrear ese maravilloso repertorio para los nostálgicos de aquel sonido que provocó una revolución musical y social en todo el mundo.

Desde 1958 desapareció de las listas de éxitos, como le sucedió prácticamente a todos los creadores del rock and roll. Sin embargo, sus canciones juguetonas, sus interpretaciones como latigazos y su extravagante personaje fueron fuente de inspiración para varias generaciones de músicos posteriores, hasta el punto de que sin Little Richard la historia de la música popular habría sido distinta (y probablemente más aburrida). Los Beatles y los Rolling Stones y el resto de grupos de la oleada británica de los años 60 no habrían hecho la misma música. David Bowie y el glam rock no habría sido lo mismo. Elton John tampoco. Y su efecto en los cantantes de soul fue también tremendo, en especial en James Brown. Y podríamos hablar también de Prince... La lista es realmente interminable.

Y el seis de diciembre Francia se despertaba atónita descubriendo la muerte de Juliette Gréco, la voz que había dado vida y dimensión intergeneracional y planetaria a canciones que reflejan y simbolizan una manera de sentir, de vivir a escala individual como colectiva. A través de su voz, de su fascinante presencia sobre el escenario, y también en su dimensión como actriz Gréco fue referencia de varias generaciones de aficionados a la cultura, a la música, también de ciudadanos y también de mujeres. El presidente Emmanuel Macron escribió por la tarde un tuit que empezaba con “Ella era la elegancia y la libertad” y finalizaba con “La musa de Saint-Germain-des-Prés es inmortal”.

Fue precisamente en ese barrio parisino donde compartió mesa, copas, charlas y feelings con Sartre (que le escribiría la canción Dans la rue des blancs manteaux), Beauvoir, Duke Ellington o Miles Davis (con el que tuvo una relación de años). Y también fue vehículo y alma de canciones firmadas por Jacques Brel, Serge Gainsbourg, Boris Vian o Benjamin Biolay. Todo ello desembocaba en una mujer poderosa, con criterio, que en el escenario encontraba su segundo hogar, moviendo manos, brazos y rostro mientras demostraba que para ella cantar era una manera de vivir música y texto. Con esa voz profunda y rasposa, en buena medida producto de su adicción nicotínica.

También murió este año Eddie Van Halen, el mítico guitarrista y cofundador de la banda Van Halen. Fue uno de los primeros guitarristas de heavy metal y su solo de guitarra en Eruption está considerado como uno de los mejores de la historia según revistas como Rolling Stone. Popularizó el ‘tapping’ en la década de los 80, una técnica que consiste en utilizar los dedos para pulsar las cuerdas sobre el propio mástil y que ha sido muy utilizada en toda la música rock.

El guitarrista fundó el grupo Van Halen en el año 1972 con su hermano Alex y David Lee Roth como vocalista, y fue además el principal compositor de su primer álbum, que lanzó al grupo a la fama en los años 80, década en la que se convirtieron en la banda de hard rock con más canciones en el Billboard Hot 100. A partir de ahí, la banda ha publicado 12 álbumes de estudio y ha vendido más de 80 millones de discos alrededor del mundo. Forman parte de su discografía temas tan conocidos como ‘Jump’. En 1983, Eddie Van Halen fue el encargado de interpretar el icónico solo de guitarra de ‘Beat it’, de Michael Jackson, lo que lo llevó a convertirse en un icono de la cultura pop. Considerado uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, fue introducido en el Salón de la Fama del Rock & Roll en el año 2007.

Tampoco se debe pasar por alto la muerte de Spencer Davis, el músico británico detrás de la banda The Spencer Davis Group y uno de los responsables de éxitos como ‘Gimme Some Lovin’.The Spencer Davis Group fue uno de los grupos que formaron la llamada ‘invasión británica’ de los años 60, que es como se conoce coloquialmente al fabuloso éxito que numerosas bandas pop de las islas consiguieron en Estados Unidos en aquella década.

Uno de los aciertos de Spencer Davis, que había nacido en 1939 en la ciudad galesa de Swansea, fue fichar para su todavía balbuciente grupo a un entonces desconocido y adolescente músico llamado Steve Winwood.

Cuentan las leyendas dentro del rock que el resto de miembros de la banda dejaron que Spencer Davis protagonizara el nombre del conjunto para que él diera las entrevistas y el resto pudieran seguir durmiendo mientras tanto. En cualquier caso, con Davis a la guitarra; Steve Winwood como cantante principal, guitarrista y al órgano; su hermano Muff Winwood al bajo; y Peter York como batería, la banda alcanzó su primer triunfo en 1965 con ‘Keep on Running’.

Pero ese éxito quedaría en poca cosa comparado con lo que lograron en 1966 con ‘Gimme Some Lovin’, su canción más popular y todavía un clásico total de las radios de rock hoy en día.

Otros nombres importantes en el mundo del rock y el pop que nos dejaron en 2020: Ken Hensley (75), cofundador, teclista y compositor de Uriah Heep; el vocalista Bill Withers (81), responsable de un legado discográfico tan lacónico como apasionante, Withers fue uno de esos benditos heterodoxos a duras penas digeridos por una industria que le brindó su primera oportunidad cuando ya había cumplido los 33 años, y de la que se alejó por voluntad propia después de publicar nueve elepés y un puñado de singles, discos que significaron un oasis de belleza, honestidad y lucidez en las aguas enrarecidas de la música popular negra de los años setenta y ochenta. Deudor de la profundidad vocal del gran Lou Rawls, compositor a fuerza de poeta, «Ain’t no sunshine», «Lean on me», «Use me» y «Grandma’s hands» son algunas de sus creaciones más celebradas, formidables himnos autobiográficos trufados de inspiración y buen gusto, alentados por una tradición secular de música espiritual, generosa en silenciosos destellos de pasión y explosivas manifestaciones de autenticidad; el cantante y cofundador de los británicos Pretty Things Phil May (75); el multiinstrumentista Florian Schneider (73), cofundador de la banda pionera de la música electrónica Kraftwerk, en 1970, junto a Ralf Hütter, al que había conocido en Düsseldorf, cuando estudiaban en la Academia de Artes; o la cantante de soul y rhythm and blues Betty Wright Loalwa Braz (66).

Sin olvidarnos del guitarrista, bajista, productor y compositor Ivan Král (71); el líder de la banda galesa de rockabilly Crazy Cavan and the Rhythm Rockers, Cavan Grogan (71); los vocalistas John Prine (73) y Kenny Rogers (81), ganador de tres premios Grammy y 18 American Music Awards en una exitosa carrera de seis décadas marcada por grandes éxitos como The Gambler y Just Dropped In; el cantante francés Christophe (75); el legendario pianista de jazz McCoy Tyner (81); o el saxofonista y cantante camerunés Manu Dibango, uno de los gigantes del jazz africano (86). Otro de los casos más recientes ha sido el de Mac Davis, cantante, actor y compositor de In The Ghetto y otras canciones popularizadas por Elvis Presley, quien falleció el 29 de septiembre, a los 78 años.

AUTE, EDUARDO BORT Y PAU DONÉS

En España también se marcharon grandes nombres. El más llamativo fue el de Pau Donés, vocalista y líder del grupo barcelonés Jarabe de Palo, quien nos dejó a los 53 años a causa de un cáncer. Hombre testarudo y determinado, con mucho interés por el negocio, ayudado en el diseño del producto Jarabe de Palo por su hermano Marc, con una gran ética de trabajo, y dotado de un optimismo irreductible, Pau Donés luchó durante meses para que La flaca tuviera su oportunidad. El hecho de que finalmente triunfara de un modo abrumador (no gracias a su primer álbum, publicado por Virgin, sino al recopilatorio Carácter latino, lanzado por Dro dentro de una campaña comercial de la marca de tabaco Ducados) fue una lección de vida que aplicó a lo largo de su carrera: defender su trabajo de manera incansable y que la industria de la música no desviara su camino.

Menos popular pero igualmente trascendente fue Eduardo Bort, uno de los músicos españoles que encarnaron con mayor precisión el inspirado virtuosismo del mejor rock progresivo de los años setenta. Lo hizo rayando a un nivel equiparable al de cualquier figura europea o anglosajona. Tanto en conciertos apabullantes, según cuentan las crónicas del momento – entre ellos, los que ofreció en festivales como Ademuz Rock Country o Canet Rock, antecedentes de nuestros grandes festivales actuales, e incluso el que se dio en un portaaviones norteamericano que repostó en Valencia camino de Vietnam – como en discos tan sobresalientes como su álbum homónimo de 1974, Eduardo Bort, un extraordinario trabajo publicado por el sello Gong/Movieplay.

También se fueron grandes músicos, entre los que sobresalen dos: el polifacético Luis Eduardo Aute y el saxofonista, clarinetista y compositor navarro Pedro Iturralde.

Cuatro años después de su retirada de los escenarios debido a un grave infarto, Luis Eduardo Aute fallecía a los 76 años en Madrid. Era el autor de canciones como “Al alba”, “Rosas en el mar”, “Una de dos” o “La belleza”, que forman parte del patrimonio de la canción de autor española, en la que destacó junto a figuras como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina o Paco Ibáñez.

En cuanto a Pedro Iturralde, considerado una de las grandes figuras del jazz español, alternó a lo largo de su vida las tareas pedagógicas con la interpretación del jazz.

En 1965, Iturralde grabó el disco ‘Jazz Flamenco’, en el que colaboró con el guitarrista Paco de Lucía; y en 1968 colaboró con el pianista Hawpton Hawes para grabar, junto a su cuarteto, ‘Pedro Iturralde Quartet Featuring Hawpton Hawes’.

También cabe resaltar su labor como compositor de bandas sonoras de películas, entre las cuales podemos reseñar su dirección musical y composición en la película El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez.

03 ene 2021 / 01:00
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