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La cuarta carabela, 95 años del primer vuelo entre España y América

Fueron los locos años veinte posteriores a la Gran Guerra, tiempos en los que la modernidad se manifestó en la fascinación popular por los pioneros de la aviación al mando de aeroplanos, hidroaviones, autogiros y aun dirigibles para el transporte de pasajeros. Y en esta nueva era espacial las aeronaves se manifestaron como la cuarta carabela de los nuevos descubrimientos.

En este contexto, y a la sombra del navegante Cristóbal Colón, el 22 de enero de 1926 salían desde del Puerto de Palos, y a los mandos del hidroplano Plus Ultra, los militares españoles Ramón Franco –hermano del general Franco–, Julio Ruiz de Alda, José Manuel Durán y Pablo Rada. Su objetivo: realizar la travesía Madrid-Buenos Aires, lo que iba a constituir el primer vuelo de la historia entre Europa y América del Sur. Hazaña aérea que los intrépidos aviadores alcanzaron el 10 de febrero, día en que, tras una última escala en Montevideo, el Plus Ultra –tras haber volado más de diez mil kilómetros– llegaba a la capital de Argentina.

La anécdota de aquella efeméride surgió cuando el rey Alfonso XIII, para conmemorarla, creó la medalla de oro Plus Ultra para todos los miembros de Ejército y de la Marina que descollaran en los servicios aéreos a la patria, siendo los tripulantes del Plus Ultra los primeros en recibirla. El caso es que como poco antes se le había concedido la Gran Cruz de San Fernando al entonces jefe del Gobierno, Miguel Primo de Rivera, en atención a sus servicios en Marruecos (en septiembre de 1925 había dirigido el exitoso desembarco de Alhucemas que puso fin a la guerra de Marruecos) se organizó una fastuosa ceremonia en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid) con la finalidad de imponer oficialmente tales condecoraciones. El acto tuvo lugar el 16 de abril de aquel 1926 y en la extensa crónica que se publicó en el diario La Época, por medio de su redactor jefe, Mariano Marfil, se omitió el nombre de Primo de Rivera y su lauro, mientras se explayaba en honores hacia los tripulantes del Plus Ultra. La reacción del dictador –lastimados su orgullo y vanidad por la indiferencia de este medio de comunicación– y a pesar de haber pasado indemne el artículo publicado la censura previa, fue la de imponer al periódico una multa de 25.000 pesetas y decretar la suspensión indefinida de la publicación, si bien finalmente volvió a editarse gracias a la mediación de las Asociación de la Prensa de Madrid.

Otra curiosa consecuencia, ésta más amable, de aquel memorable vuelo trasatlántico fue que el jesuita y entomólogo español Longino Navas (1858-1938) bautizó a cuatro nuevas especies de insectos por él descubiertas, con los nombres de cada uno de los pasajeros del Plus Ultra: Franco, Ruiz de Alda, Durán y Rada.

Así mismo, y como los ecos de aquel raid aéreo tuvieron resonancia universal, la discográfica neoyorquina Columbia grabó en 1927 un disco de pizarra conteniendo el pasodoble patriótico Plus Ultra, soberbiamente interpretado por la poderosa voz de la cantaora sevillana Amalia Molina (1881-1956), con música del gaditano José María Lacalle (1859-1937). Pasodoble en el que se hacía patente la exhortación a la hidalguía, gallardía, valentía y bizarría españolas, presentes en aquel equipo de intrépidos aviadores hispanos quienes, como “gaviotas mensajeras de la raza española” habían vuelto a dar vida al imperio de España en el cual el sol no se ponía.

Pero aún faltaba la otra redescubierta aérea hispana del Nuevo Mundo: la del Pacífico. De manera que en la mañana del día 5 de abril de 1926 despegaban del aeródromo de Cuatro Vientos tres aviones Breguet pilotados respectivamente por los capitanes Joaquín Loriga (primer aviador en pilotar el autogiro inventado por el murciano Juan de la Cierva), Eduardo González y Rafael Martínez. Su objetivo era recorrer por vez primera el espacio aéreo entre Madrid y Manila, capital de las islas Filipinas. Y como de otro modo no podía ser, el nombre de esta escuadrilla de naos recibió el nombre de Patrulla Elcano.

El periplo de los aviadores españoles concluyó felizmente el 13 de mayo de 1926, cuando tras haber recorrido –volando a tan solo 220 kilómetros por hora– una distancia de 19.308 kilómetros, aterrizaron en Manila procedentes de la isla de Luzón, penúltima etapa de su gesta aérea. Sin embargo, el destino trágico que en muchos casos aguarda siempre a los héroes se manifestó también en el caso de algunos de estos aviadores. Así ocurrió con el gallego Joaquín Loriga quien el 18 de julio de 1927 y mientras pilotaba en modo de pruebas un avión Albert francés se estrelló y murió a causa del accidente, en el aeródromo de Cuatro Vientos.

Y casi un año antes (fue el 19 de julio de 1926) lo mismo le había sucedido al piloto jerezano Juan Manuel Durán, uno de los protagonistas del Plus Ultra, quien durante un vuelo de maniobras frente a la ciudad de Barcelona, murió al caer su avión en picado sobre el mar.

Y más trágico, si cabe fue el destino de Julio Ruiz, también tripulante del Plus Ultra, quien fue asesinado el 23 de agosto de 1936, al poco de comenzar la Guerra Civil española, por una columna de milicianos anarquistas que previamente habían asaltado la cárcel Modelo de Madrid, donde estaba encarcelado.

Y también durante la Guerra Civil moriría un tercer aviador del Plus Ultra: Ramón Franco, quien (entonces con el grado de teniente coronel y siendo comandante de la base aérea de Mallorca) falleció el 28 de octubre de 1938 al estrellarse su hidroavión de guerra en aguas del Mediterráneo, próximas a Formentor.

21 feb 2021 / 01:00
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