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lunes, 19 octubre 2020
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ENTREVISTA
Pedro Gullón, epidemiólogo

Lo importante no es el dinero de Europa, sino cómo se va a gastar”

Gullón publica, junto a Javier Padilla, ‘Epidemiocracia’ (Capitán Swing), un libro repleto de análisis y de información sobre la crisis del coronavirus y su sustrato epidémico, las condiciones políticas, económicas y sociales

El epidemiólogo Pedro Gullón (Madrid, 1988) es coautor, junto a Javier Padilla, de Epidemiocracia (Capitán Swing), un libro en torno a los aspectos no solamente médicos de la epidemia del coronavirus. Extraordinariamente activo como divulgador y estudioso de las graves consecuencias sociales y económicas que la epidemia está teniendo sobre la sociedad española, el especialista atiende a este periódico por vía telefónica.

Este es un libro oportuno, porque, sin duda, hay muchos aspectos en torno a este momento tan difícil que estamos viviendo que deben ser tratados en profundidad, más allá de los aspectos médicos.

Bueno, si algo no queríamos es que este fuera un libro de coyuntura. Ya Javier [Padilla] había publicado, por ejemplo, A quién vamos a dejar morir, (también en Capitán Swing), y muchas ideas vienen de atrás. En tres meses no puedes escribir esto desde cero.

Me parece un libro necesario, como otros que han aparecido recientemente, porque sin duda vivimos un momento de gran confusión, de niebla informativa. Y ello a pesar de la sobredosis de información, o quizás precisamente por ello.

Hay que comprender que los problemas derivados de una epidemia no son solamente sanitarios, sino de tipo social. Esto es lo que queríamos destacar, por mucho que nosotros seamos precisamente sanitarios.

Los vectores políticos y sociales son tratados como algo fundamental en este libro. A veces estos vectores no aparecen claramente descritos, o se pasa sobre ellos de puntillas, como si no fueran tan relevantes como los estrictamente médicos.

A esto se le llama sustrato epidémico: las condiciones políticas, económicas y sociales en las que se producen las epidemias. Hay unas dinámicas globales que nos hacen vulnerables. La invasión de ecosistemas y la gran dependencia de los viajes internacionales, por ejemplo. Ahora es más posible que salte una enfermedad zoonótica al ser humano y sobre todo que se disperse muy rápidamente por todo el mundo. A nivel nacional, hay unas tendencias sobre cómo se han manejado los servicios sanitarios en los últimos diez o quince años: no sólo están los recortes, sino también la distribución de servicios, etc. La atención política tiende a ser puntual, pero hay que fijarse en todo lo que se viene arrastrando.

En el estupendo prólogo de Yayo Herrero se anticipan aspectos envolventes de una pandemia como esta: los problemas relacionados con el calentamiento global, los temas que surgen de nuevo en torno al racismo... Vosotros estudiáis el impacto de la pandemia como un todo.

Sí, es lo que hemos llamado el concepto de ‘crisis matrioshka’, utilizando la metáfora de las muñecas rusas. La crisis sanitaria es la muñeca más pequeña, pero está cubierta por la crisis económica de la que aún no hemos salido, y ambas muñecas, digamos, están cubiertas a su vez por la gran crisis ecológica, el cambio climático, etc. Si a ello le añadimos la presión de los viajes internacionales, que aumentan los gases del efecto invernadero, y la invasión de ecosistemas, tenemos, digámoslo así, casi el retrato perfecto.

Hay un elemento recurrente en este libro, una especie de mantra, que es el ‘derecho a respirar’. Indirectamente nos recuerda la tragedia de la muerte de Floyd en Estados Unidos, pero también enlaza con la dificultad de respirar que proviene de la contaminación y, por supuesto, la que provoca el coronavirus.

Tenemos que empezar a pensar en serio en lo que es el derecho de todos a la salud. Además, hay otros derechos que se deben añadir a este. Y ahí entra lo que mencionas, el ‘derecho a respirar’, que aparece tanto en el libro. Es una expresión polisémica, que atiende a diversos significados, desde lo que pasó con Floyd en los Estados Unidos [y la frase que se hizo viral: “no puedo respirar”] hasta el derecho a llegar a fin de mes sin tener que estar ahogado, el derecho a respirar en ciudades con aire limpio, el derecho a tener acceso a un respirador durante la pandemia, etcétera.

También hemos estado ahogados por los números, como decía Greenaway, durante toda esta enfermedad. Y ahí seguimos: las cifras, los datos, también nos ahogan y nos abruman.

La vigilancia es un gran elemento de la salud pública. Hay que recoger datos. Pero no debemos creer que sólo con datos vamos a solucionar todo. Además, hay que analizarlos, reflexionar sobre ellos. Por supuesto, estamos de acuerdo con que hay que recoger los datos que son necesarios, no más. Y saber a quién pertenecen, como sabemos a quiénes pertenecen las vacunas, etc. La externalización de esa información en plataformas, apps, etc., tiene unos riesgos en cuanto a control democrático, claro.

¿Estás a favor de las apps generadas para esta pandemia? Te lo pregunto como científico, claro está.

Se ha puesto una esperanza en la tecnología como si fuera un elemento neutro. Pero las aplicaciones de rastreo, para que sean efectivas, tienen que ser descargadas por una mayoría de la población. ¿Qué tipo de vigilancia sanitaria estamos dispuestos a asumir? No es un tema menor. Tiene que ver con la cultura de cada país. No se han planteado las aplicaciones igual en Europa que en Asia. En estas últimas, el envío de datos de geolocalización ha sido masivo, y eso genera dudas. En Europa, o en Australia, las aplicaciones se han basado más en bluetooth, por ejemplo, y sólo sueltan datos en momentos específicos. Hay que repensar los problemas éticos.

¿Crees que vamos hacia un control total de la población?

Si lo que hagamos produce perjuicios democráticos producirá perjuicios en la salud y viceversa. Tiene que responder a los principios éticos tanto de una sociedad democrática como a los que informan la vigilancia de la salud.

¿Ha habido cierto racismo en torno al debate del origen del virus?

Bueno, creo que sí. Se vivió en Estados Unidos, o aquí, en Aluche, por ejemplo, donde muchos comercios [gestionados por] asiáticos tuvieron que cerrar, tuvieran casos o no. Eso tiene una carga racista muy alta. Creo que se ha dado también en cierta medida con los temporeros, cuando, en realidad, es más que probable que el origen del virus, en su entorno, se deba a las malas condiciones de vivienda que tienen habitualmente.

Hay una gran polémica con los modelos de turismo contemporáneo. Pero, al tiempo, no podemos renunciar al turismo porque es una fuente muy importante de ingresos, y mucho más en este país.

Cuando se aumenta la movilidad se está aumentando el riesgo de que se transmita la enfermedad. La pregunta de fondo es si vamos a seguir siendo tan dependientes del turismo. Esa es la pregunta. Quizás habría que pensar si no es necesario cambiar un poco todo esto en el futuro, porque, de lo contrario, vamos a tener que convivir con los peligros de contagio que sin duda conlleva. Lo que pasa es que el turismo presenta ahora mismo un modelo poco sostenible, la cantidad de largos viajes que hacemos, etc...

Pero muchas familias dependen enteramente del turismo para vivir.

Sí. Es cierto. España se abre al turismo para activar su economía, pero eso, insisto, va a conllevar sus riesgos. No digo que sea erróneo activar el turismo, sino que hay que convivir con las consecuencias positivas y con las negativas.

El libro presenta un análisis duro de las políticas europeas. Pero si las comparamos con otros países... son mejores.

Creo que al principio hubo una falta de respuesta conjunta, y poca cooperación de los países europeos. Pero por otro lado la respuesta ha sido muy parecida en toda Europa: confinamientos y apertura paulatina. Los países del entorno somos dependientes unos de otros, queramos o no. Suecia confiaba en la inmunidad de grupo, pero, incluso sin confinamiento, no ha logrado activar su economía del todo. Por la dependencia del entorno.

Y ahora tenemos la llegada de fondos, los que lleguen: a devolver o no.

Bueno, el reparto de los fondos es lo fundamental. El dinero por sí mismo no hace nada, es lo que haces con él lo que es de verdad importante. Hay qué ver en qué se va a gastar ese dinero. Si no cambiamos las tendencias, vamos a seguir igual de vulnerables.

Margarita del Val, y otros especialistas, dicen que la pandemia va a ser un asunto de años. Y está el tema de la vacuna. Y el tema de otras pandemias que puedan venir.

Si no modificamos el sustrato epidémico, es casi imposible evitar que nuevas pandemias vayan a surgir. No tenemos mucha idea aún sobre cómo llegará al fin una vacuna en la que confiar, y sobre todo cómo se va a distribuir en el mundo. Lo que dice Margarita del Val es muy correcto: tenemos muchísimas incertidumbres. Y con eso tenemos que trabajar.

18 oct 2020 / 00:10
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