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Rita-Gilda, el nombre de la mujer

Antes de convertirse en uno de los mayores mitos de la Historia del Cine, gracias al personaje de la pelirroja explosiva en Gilda, ya había interpretado más de dos tercios de su filmografía, películas de serie B que explotaron el estereotipo de belleza exótica y latina.

El 17 de octubre de 1918 nacía en Brooklyn, Nueva York, Margarita Carmen Cansino, hija de la bailarina de origen irlandés Volga Margaret Hayworth y del bailarín español Eduardo Cansino Reina.

Lo suyo fue una auténtica carrera de fondo, condicionada y a menudo manipulada por los hombres a los que amó, empezando por su padre, que la puso a bailar con tan solo tres años, la explotó laboralmente y, según contó su segundo marido, Orson Welles, llegó a abusar sexualmente de ella.

La vida de Hayworth estuvo marcada por acontecimientos extremos: fue la más deseada, pero en la intimidad rechazaba la etiqueta de icono erótico y soñaba con dejar el cine; también fue la primera actriz de Hollywood que se convirtió en princesa, al casarse con Ali Khan, y la primera celebridad que padeció alzhéimer, con la desgracia añadida de que tardaron 20 años en diagnosticárselo.

Todavía una adolescente, morena y con la raya al medio, Rita Cansino exhibía sus dotes como bailarina en los primeros títulos de su carrera, como Under the pampas mon (1935), Charlie Chan in Egypt o Human Cargo (1936).

Su primer marido, Edward Judson, con quien se casó con solo 18 años para escapar de su padre, se encargó de su primer cambio de imagen, incluido un doloroso proceso de electrólisis para modificar el lugar de nacimiento de su cuero de cabelludo y el nombre. Lo acortó y tomó el apellido de soltera de su madre. Nació así la legendaria Rita Hayworth, una de las estrellas más rutilantes de la historia de Hollywood. Todo un icono de belleza y sensualidad, Hayworth no era solo una estrella de cine, sino una ensoñación que se hacía realidad por el precio de una entrada. Bailaba, cantaba, seducía y amaba y pronto fue conocida con rotundos sobrenombres como La diosa del amor o La bomba erótica.

La primera película que empezó a cambiarlo todo para Hayworth fue Only Angels have wings (1939), todo un clásico del cine de aventuras de Howard Hawks. La actriz no aparece hasta el minuto 50, pero lo hace de un modo espectacular que provocó que todo el mundo se fijara en ella. En The lady in question (1940), Charles Vidor explotó por primera vez el gran magnetismo que tenía con Glenn Ford, aunque con resultados a años luz de Gilda.

La película que la lanzó definitivamente a la fama llegó un año después, Blood and sand (1941). En la adaptación de la novela de Blasco Ibáñez, Rouben Mamoulian saca partido de nuevo a su origen hispano para convertirla en esa femme fatale que es Sol y que bebe del mito de Carmen. Pero la actriz decía que los únicos papeles con los que se sentía identificada eran los de las películas que hizo con Fred Astaire, en los que interpretaba a chicas ingenuas. You’ll never get rich (1941) y You were never lovielier (1942) le dieron más satisfacciones personales que Gilda o The lady from Shanghai.

Rodó más de sesenta títulos a las órdenes de figuras míticas como Howard Hawks, George Cukor, Rouben Mamoulian o el que fuera su marido, Orson Welles. El último de ellos, en 1972, fue La ira de Dios, trabajo con el que se retiró de la actuación quince años antes de morir en mayo de 1987. Hayworth tuvo que pelear mucho para superar su frívola imagen de sex symbol y ser respetada como actriz, pero también lo logró gracias a interpretaciones como Miss Sadie Thompson (1953), adaptación de la obra de W. Somerset Maugham o Separates Tables (1958), donde interpreta a una altiva exmodelo en horas bajas y que según dijo era el papel que llevaba esperando toda su vida. En el aniversario de su nacimiento, estas son algunas de sus películas que marcaron su carrera.

GILDA’. Uno de los grandes mitos cinematográficos, hasta el punto de trascender la propia historia del cine para alcanzar cotas sociológicas. Todavía hoy conserva íntegra toda su fuerza la particular carnalidad de Rita Hayworth, emergiendo sus guantes negros como uno de los mayores fetiches cinéfilos; encarnaba a la esposa de un equívoco propietario de un casino (el genial George Macready), a lo largo de una trama con ecos de Casablanca y de una turbiedad sexual probablemente impremeditada. Dirigida por Charles Vidor en 1946, esta película encumbró a Hayworth y la convirtió en historia del cine. Enfundada en un vestido negro sin mangas, su mítico baile en el que se quitaba sensualmente uno de los guantes, causó sensación y polémica en aquella época. Volver a ver la película ahora, más de setenta años después de su estreno y en tiempos de un feminismo en auge y del movimiento #MeToo, puede hacer que los cinéfilos actuales se muestren sorprendidos ante ciertos pasajes. No es solo la famosa bofetada que Johnny Farrell (Glenn Ford. El papel le hubiera ido mejor a Bogart) le suelta a Gilda, sino que la protagonista es vigilada al milímetro por sus diferentes maridos y prácticamente no puede dar un paso sin que los celos, gritos, abusos o bruscos gestos de sus parejas se interpongan en su camino.

Pese a todo, Gilda parecía en los años cuarenta una mujer libre y seductora que disfrutaba de todo lo que se le antojara. Su presentación, con Hayworth irrumpiendo en la pantalla con su melena al aire, su estriptis, una de las escenas más sensuales del séptimo arte con solo quitarse un guante, o su interpretación de la canción Put the blame on mame se convirtieron en momentos para los aplausos y suspiros en los cines de todo el mundo. El día del estreno del largometraje en España en el Palacio de la Música de Madrid, un grupo de jóvenes arrojó tinta negra a la pantalla.

‘LA DAMA DE SHANGHAI. Encarnó a Elsa Bannister en La dama de Shanghai (1947), una hermosa mujer casada con un discapacitado dueño de un yate al que entra a trabajar un marinero irlandés, interpretado por Orson Welles –también director del filme– que desata una maraña de intrigas y asesinatos. Para caracterizar al personaje de la actriz, el cineasta –por aquel entonces su marido– le cortó la melena, la tiñó de rubio platino y la convirtió en la femme fatale de la gran pantalla. Injusta y generalmente menospreciada a la hora de valorar la filmografía de Welles, La dama de Shanghai en nada desmerece entre los títulos más respetados de su autor. Sugestivamente desequilibrado, y desequilibradamente sugestivo, asume la casi totalidad de las conversaciones del thriller de entonces (para mayor fortuna, en su apogeo estético) denotando al tiempo su propia personalidad, poderosa y característica. Su fusión de glamur, intriga, sexualidad, barroquismo y frenesí pocas veces ha logrado igualarse, menos aún superarse.

‘SOLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS’. Centrándose en la idea del peligro como forma de vida, Hawks nos propone un film donde los personajes buscan mediante la aventura una forma de huir de la cotidianidad. Nominada a dos premios Oscar y ambientada en un exótico país sudamericano, Solo los ángeles tienen alas fue realizada en 1939 por Howard Hawks y en esta película, la actriz tuvo un papel secundario al lado de Cary Grant.

‘PAL JOEY’. En 1957, la Diosa del amor compartió pantalla junto a Frank Sinatra en un musical titulado Pal Joey, dirigido por George Sidney. Basada en una obra de Broadway, la cinta sigue a Joey (Sinatra), un atractivo y mujeriego cantante, que consigue que la acaudalada viuda Vera Simpson (Hayworth) financie el local nocturno que ha abierto en San Francisco. Vera y Joey parecen estar hechos el uno para el otro, pero la llegada de Linda English (Kim Novak), una encantadora joven, trastocará su plácida existencia. Uno de los films más relevantes de la filmografía de su protagonista, el casi mítico Sinatra. Realización a cargo de un cineasta nada ajeno al cine musical y explosiva pareja de actrices. La película obtuvo cuatro nominaciones de la Academia y dos Globos de Oro.

DESDE AQUEL BESO’. Con apenas 23 años, en 1941, la intérprete rodó Desde aquel beso, una película protagonizada por los enredos románticos y capitaneada por Sidney Lanfield, que le valió dos nominaciones a los Oscar. En esta cinta Hayworth da vida a la corista Sheila Winthrop, quien sólo tiene ojos para el coreógrafo de un teatro de Broadway, Robert Curtis. Juntos vivirán una turbulenta historia de amor. Comedia musical distinguida por un auténtico duelo entre Fred Astaire y Rita Hayworh, casi su mayor centro de interés. Música del legendario Cole Porter, con una de sus composiciones más memorables: So near and yet so far.

‘BAILANDO NACE EL AMOR’. Otro de los títulos que hizo que su carrera despegara fue con el musical Bailando nace el amor (1942), donde compartió pantalla junto a junto a Fred Astaire. En este filme, la actriz se pone en la piel de María Acuña, una joven de origen argentino que se ve obligada a encontrar un marido tal y como marca la tradición, que exige que las hijas se casen por orden de edad. Pero María todavía no ha encontrado un hombre que le guste... La película, dirigida por William A. Seiter, aspiró a tres estatuillas incluyendo Mejor banda sonora, canción y sonido.

‘SANGRE Y ARENA’. Un año antes, en 1941, Hayworth rodó otro drama romántico liderado por Rouben Mamoulian, Sangre y arena. En esta cinta la intérprete encarnaba a Sol, una frívola aristócrata que mantiene una apasionada relación con Juan Gallardo (Tyrone Power), un reconocido y casado torero. La mejor adaptación del original de Blasco Ibáñez, producida durante la particularmente fértil etapa de la Fox bajo las directrices de Darryl F. Zanuck. El menospreciado y brillante Rouben Mamoulian aborda la novela con inusitado talento y sin miedo a caer en ningún exceso, tanto plástico (la película recrea con una exquisitez desbordante, nada kistch y al borde del onirismo, determinadas tradiciones estéticas españolas) como psicológico (la perversidad erótica y el fatalismo poético de la historia se refleja con un equilibrio prodigioso). Uno de los más gloriosos melodramas de la historia del cine.

‘LAS MODELOS’. En 1944, Charles Vidor dirigió a La bomba erótica en Las modelos. En esta ocasión, la actriz daba vida a una bailarina de Brooklyn, que abandona a su novio tras ganar un concurso de belleza y convertirse en una famosa modelo de revista. Pero pronto descubre que la fama y la fortuna no pueden reemplazar al amor verdadero. Encantador musical de tiempo de guerra, con una fuerte reputación debida no sólo a los números en solitario de Gene Kelly, sino a la demostración patente de una alegría de vivir contagiosa. Oscar a la mejor dirección musical.

‘EL FABULOSO MUNDO DEL CIRCO’. El trabajo de Hayworth en El fabuloso mundo del circo, le valió en 1964 una nominación al Globo de Oro como Mejor actriz en Drama. El filme relata la historia de Matt Masters, propietario de un circo que lleva su nombre. Durante una gira por Europa, el circo está a punto de quebrar y Matt debe buscar una solución para evitarlo. Una de las superproduciones de Bronston rodadas en España, con la entrañable Claudia Cardinale en su época de mayor esplendor físico. La película, por su parte, es muy floja y responde a todos los clichés del cine con circo dentro, sin proponer nada nuevo de especial interés.

‘LA IRA DE DIOS’. A sus 54 años, Hayworth se retiró del mundo de la actuación con La ira de Dios, al lado de Robert Mitchum. En 1972 y de la mano de Ralph Nelson, la intérprete se adentra en el género del western en una película que sigue a un contrabandista y un estrafalario sacerdote. Juntos lucharán en defensa de una revolución que tiene lugar en los años 20 en un país centroamericano. Mala y tediosa, constituye la última intervención en el cine de Rita Hayworth, por entonces el alzhéimer había empezado a hacerle mella. Su rostro fue agrietándose por la enfermedad y el alcohol . La demencia senil acabó con aquel mito de la pantalla un lejano día de 1987.

Nunca hubo una mujer como Gilda, decía la frase publicitaria de la mítica película. Y nunca hubo una mujer como Rita Hayworth.

18 oct 2020 / 00:10
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