El Correo Gallego

Elecciones  |   RSS - Elecciones RSS

El segundo debate en Atresmedia permite a los telespectadores conocer, por fin, los programas electorales

Dura y agria confrontación entre los candidatos // Rivera volvió a arremeter contra Sánchez y Casado en varios asuntos // Pablo Iglesias fue el más sereno y logró exponer con más claridad sus propuestas

Los moderadores del debate, Vicente Vallés y Ana Pastor, en el centro, flanqueados por los cuatro participantes y candidatos al Gobierno - FOTO: JuanJo Martín/Efe
Los moderadores del debate, Vicente Vallés y Ana Pastor, en el centro, flanqueados por los cuatro participantes y candidatos al Gobierno - FOTO: JuanJo Martín/Efe

JUAN DAVID SANTIAGO  | 24.04.2019 
A- A+

Tan sólo 24 horas después del debate de RTVE, los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno volvieron a enfrentarse dialécticamente para intentar de acabar de convencer a los más de seis millones de indecisos que se calcula aún no decidieron el sentido de su voto.

Las propuestas, aunque las mismas que las planteadas el día anterior en el ente público, sí que fueron mucho más concretas, explícitas y se desvelaron las diferencias entre los programas de PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos. Eso sí, todo con un tono muchísimo más bronco y un Albert Rivera que arremetió una y otra vez contra Pedro Sánchez y Pablo Casado especialmente.

Estos últimos mantuvieron quizás un tono similar al mostrado en el primer enfrentamiento dialéctico. El que sí que puso más énfasis en sus explicaciones y tachó de falta de respeto a los otros contendientes y los espectadores al presidente de Ciudadanos.

Y todo por la introducción por parte de Rivera de la cuestión del independentismo catalán en la discusión y sus acusaciones directas al secretario general de los socialistas españoles.

Una vez resuelto el primer minuto, en el que cada uno de los participantes respondió a las cuestiones de los moderadores, Vicente Vallés y Ana Pastor, arrancó el primero de los bloques temáticos, el de programas electorales, durante el que se habló de vivienda, impuestos, pensiones, aborto o violencia de género.

Uno de los asuntos en el que los candidatos una gran divergencia fue en la contratación laboral. Por un lado, la formación naranja abogó por el contrato único, mientras que Sánchez ganó por la mano a Ciudadanos y se apropió de la protección social general y la defensa de los autónomos.

El presidente del PP recordó los 21.000 millones de euros de deuda pública que considera que Sánchez ha incrementado desde que está en el Gobierno e Iglesias, por su parte, incidió en el grave problema de la temporalidad y la concatenación de contratos y la precariedad laboral, de lo que acusó a populares y socialistas.

Sobre pensiones, el líder de la formación morada logró un importante tanto al abogar por la jubilación cuando se tengan 35 años cotizados, a la vez que incidió, como el día anterior en lo vital que sería pactar la subida de las pensiones ligadas al IPC.

Por su parte, Rivera defendió la creación de un empleo de calidad y la promoción de la natalidad a la vez que se luce contra la precariedad laboral.

Casado acusó al PSOE de haber creado cero empleos siempre que gobernó y recordó que el ahora jefe del Ejecutivo votó por la congelación de las pensiones en la era de Zapatero.

Uno de los asuntos más duros del debate fue el de la violencia de género, donde se lanzaron importantes acusaciones entre los líderes popular, socialista y de Ciudadanos, mientras que Iglesias se avergonzó de la actitud de sus compañeros y expuso las medidas que se deberían tomar.

Fue aquí donde el líder de Podemos sacó por primera vez al gran ausente del debate, Vox, por su radical y extrema postura sobre violencia de género y negación de esta realidad.

Tampoco, como no podía ser de otra manera, hubo acuerdo en los modelos educativos y las propuestas para el futuro, con críticas a la falta de inversión en el campo, desde Podemos, y petición de consensos por parte de Rivera y Pablo Casado.

Donde sí se repitió el guion del día anterior fue en la regeneración política, donde arrancó explicando la renovación de su partido el presidente del PP.

El segundo de los bloques de discusión versó el modelo territorial y fue aquí donde volvió a aparecer el conflicto catalán y los cuatro contendientes volvieron a mantener similares posturas a las del debate anterior. Se repitió el guion: Casado y Rivera contra Sánchez y este a intentar defenderse de las "mentiras" que vertieron el popular y el naranja. Este último volvió a exhibir fotografías y quiso poner de manifiesto el apoyo de los independentistas vascos y catalanes.

Y finalizó el debate en sí, antes del minuto de oro de cada candidato, con el bloque de los pactos. El líder del PP acusó al presidente del Gobierno de ser la guarnición para que manden Arnaldo Otegi y Quim Torra, como ha venido haciendo tras la moción de censura en la que se apoyó en el independentismo.

Por su parte, el secretario general de Podemos cerró su intervención advirtiendo de que hoy hay que hablar y escuchar a todos si se quiere gobernar España como es debido.

Pedro Sánchez volvió a quejarse de las mentiras que a su entender vertieron Casado y Rivera y negó haber pacto con los independentistas catalanes y que su "no es no" también se aplica en este asunto con especial interés.

El más duro volvió a ser el presidente de Ciudadanos, quien reiteró una y otra vez que si tiene un escaño más que el bloque Sánchez, Iglesias e independentistas, sin duda se servirá de él.

Pedro Sánchez

No a Cs y gobierno de independientes

Sin demasiada convicción, el presidente del Gobierno y candidato del PSOE, Pedro Sánchez, se animó ayer a contestar una de las dos preguntas clave que en el primer debate se había negado a responder, la que hacía referencia a un posible pacto con Ciudadanos tras el 28-A. “No está en mis planes”, aseguró, recordando que el partido naranja impuso un cordón sanitario al PSOE y que, en su opinión, “si suma con PP y Vox, hará lo mismo que ha hecho en Andalucía”. Ante esta posibilidad de que gobiernen las tres fuerzas conservadoras, Sánchez llamó a concentrar el voto en el PSOE para impedir que “las dos derechas y la derecha ausente” puedan sumar una mayoría parlamentaria. También señaló que su intención era ganar las elecciones y proporcionar a España estabilidad durante cuatro años con un gobierno socialista al que se incorporen independientes progresistas de prestigio, como el que presidió los últimos diez meses. Sánchez se mostró más tenso aún que en el primer debate y de nuevo eludió hablar de indultos.

Pablo Casado

Que la ‘matrioska’ se cuide de Otegi

 Desde el minuto cero, Pablo Casado intentó ser más agresivo con Pedro Sánchez que en el debate del lunes, pero los ataques inesperados de Rivera lo volvieron a bloquear. En su primera intervención, acusó al líder socialista de ser como una “matrioska”, una muñeca rusa, con partidos como Podemos, independentistas catalanes y Bildu dentro, y le advirtió sobre Arnaldo Otegi, al decir que “una persona experta en secuestros es capaz de pedir rescate a cambio de todo”. A Ciudadanos le recriminó el haber “perdido la oportunidad de optimizar esfuerzos en un voto unido”, al haber rechazado un acuerdo antes de las elecciones y se vanaglorió de que su partido sea el único que nunca pactó con Sánchez. El candidato del PP no tuvo reparos en admitir que se apoyaría en Vox para llegar a la Presidencia del Gobierno y para ello dejó abierto un abanico de dos opciones: a través de un pacto de investidura o de legislatura. Y trasladó las dudas a la formación de ultradrecha, animando a preguntarle a Santiago Abascal si estará dispuesto a apoyar al PP.

Albert Rivera

A Casado rogando y con el mazo dando

Si estas elecciones fuesen unas primarias para elegir al líder de la derecha española, como dijo Pedro Sánchez, a juzgar por lo que pasó ayer en el plató de Atresmedia, ese puesto sería para Albert Rivera. El candidato de Cs a la Presidencia del Gobierno llegó muy confiado en sus posibilidades y con la moral por las nubes después de haber ganado claramente el primer debate. Eso sí, a veces le puede la soberbia y, sobre todo, el abuso de coletillas preparadas en la cocina de su partido. Repitió una y otra vez el “no se ponga nervioso, señor Sánchez” de manera obscenamente artificiosa y debe de contar con encuestas que le indican que Casado está en caída libre, porque le atacó sin piedad y más de la cuenta, para considerarlo como lo considera su posible socio de gobierno. Porque Rivera sí fue claro al hablar pactos postelectorales: “Con quien quiero pactar y vuelvo a tenderle la mano es con el PP para formar un Gobierno de coalición si dan los números”. Rivera rechazó que en ese hipotético Ejecutivo de derechas estuviese Vox.

Pablo Iglesias

Con el freno puesto hacia el ejecutivo

A Pablo Iglesias le cuesta abandonar el tono profesoral en los grandes debates donde procura esconderse bajo el manto de la moderación formal. Sin embargo, cuando lo consigue y se pasa al modo mitinero, se transforma en un candidato temible para sus rivales, pues sus recursos dialécticos y su capacidad de réplica no están al alcance de ninguno de ellos. Ayer alternó ambos estilos, pero sus intervenciones quedaron un tanto apagadas ante el protagonismo que adquirieron los representantes de la derecha, que por momentos pareció que se desangraban entre ellos. El candidato de Unidas Podemos insistió en que su prioridad es entrar en un gobierno de coalición con el PSOE, aunque matizó que “lo primero es acordar un programa, antes de hablar de ministerios”. “Hay que decir la verdad, que tras las elecciones habrá un gobierno de coalición en España”, afirmó. Iglesias dio cierta impresión de debatir con el freno de mano puesto para no fastidiar a Sánchez. No sueña con subir en escaños, le vale con entrar en el gobierno.