21D: Elecciones en Extremadura
La barrera de los 30.000 votos: el filtro que decide quién se sienta en la Asamblea
Con un umbral del 5% y dos circunscripciones muy extensas pero poco pobladas, el sistema electoral extremeño es uno de los más restrictivos del país para las formaciones alternativas a PP o PSOE

Fotogalería | Las imágenes del pleno en la Asamblea de Extremadura / Javier Cintas
Este 21D Vox aspira a pasar de cinco a nueve diputados en la Asamblea de Extremadura. La encuesta del CIS incluso apunta que podrían llegar a 12, y lo cierto es que esos resultados serían no solo extraordinarios para Vox, sino históricos en Extremadura para una formación distinta a PSOE o PP. Ni Podemos en su mejor momento, ni Ciudadanos en su fase de expansión nacional, ni siquiera Izquierda Unida (IU) en las horas bajas de Juan Carlos Rodríguez Ibarra lograron alcanzar esas cifras.
Al igual que ocurre en el resto del país, en Extremadura el sistema electoral tiende a favorecer a los partidos más grandes. Pero aquí se añaden además varios factores estructurales que, combinados, hacen que la tendencia al bipartidismo PSOE-PP se acentúe en la Cámara autonómica.

Santi García
El umbral electoral
Hasta ahora, el mejor resultado cosechado por una tercera fuerza en la Asamblea de Extremadura han sido los ocho escaños que Centro Democrático y Social (CDS) obtuvo en 1987, seguido de los siete diputados que Ciudadanos logró en el año 2019 y los seis de IU en 1995.
Una de las causas que explican esta rigidez es el umbral electoral, el primer filtro que decide qué candidaturas pueden acceder al reparto de escaños en la Asamblea. En cada convocatoria de elecciones hay que superar el 5% de los votos válidos emitidos (esto incluye las papeletas en blanco) en la circunscripción correspondiente, o bien el 5% a nivel autonómico si la candidatura se presenta por las dos provincias.
Por debajo de la barrera
IU no pasó la criba ni en 2007 ni tampoco en 2015 (se quedó en el 4,57% y 4,25%, respectivamente) y a Vox le costó dos legislaturas.
En 2015 los de Santiago Abascal apenas cosecharon en Extremadura un 0,28% de los votos, pero en 2019, en plena fase de expansión nacional y ya cuando todas las encuestas daban por hecho su irrupción en la Asamblea, no subieron del 4,7%: ese resultado nulo en Extremadura habría sido más que suficiente para conseguir al menos dos diputados en otras regiones.

Diputados de Vox en el pleno de la Asamblea de Extremadura. / Asamblea de Extremadura
30.000 votos
En los últimos ciclos electorales el umbral ha rondado los 30.000 votos y en las autonómicas de 2023 se fijó exactamente en 30.605. Además de Vox (que ya entonces sí logró escalar hasta el 8,14% y cinco escaños) también Unidas por Extremadura pasó la prueba.
La coalición resistió con un respaldo del 6,02% que se tradujo en cuatro diputados, pero un retroceso ligeramente superior habría supuesto su expulsión total del hemiciclo. Ver si ahora Unidas también sobrevive al desplome de la izquierda es otra de las grandes incógnitas que guarda el 21D. Y de momento, las encuestas también son favorables a la formación de Irene de Miguel.

Irene de Miguel con los diputados de Unidas José Antonio González Frutos y Nayara Basilio. / JORGE ARMESTAR
La fórmula d’Hondt
A una barrera electoral alta se suma el efecto de la fórmula d’Hondt, que reparte los asientos en función de cocientes decrecientes que tienden a sobrerrepresentar a los partidos más votados. Especialmente en circunscripciones como las extremeñas, de gran extensión territorial pero con un número limitado de diputados (36 Badajoz y 29 Cáceres).
Superar el 5% abre la puerta, pero obtener representación requiere que ese porcentaje tenga una distribución equilibrada, porque los escaños se reparten provincia a provincia, y ahí entran en juego otros factores como la distribución territorial del voto, el número de votos válidos emitidos en cada circunscripción o el tamaño.
Barrera efectiva
En la práctica, el resultado es un umbral efectivo mucho más alto que el 5% formal: para que una tercera fuerza logre acercarse a cifras como los nueve escaños a los que aspira Vox, necesita no solo un apoyo alto y uniforme en ambas provincias, sino también superar con holgura el listón en Cáceres, que tradicionalmente ha sido más adversa porque por población reparte un menor número de escaños.
De hecho, el último diputado en esta provincia suele decidirse por márgenes muy estrechos entre PSOE y PP, lo que dificulta que una tercera fuerza lo arrebate. En 2023, se lo quedó el PSOE por un margen equivalente a apenas 600 papeletas, mientras que Unidas por Extremadura o Vox habrían necesitado entre 4.000 y 6.000 votos más para disputarlo.
La controversia
La controversia de la barrera electoral reaparece en cada ciclo político. Sus defensores argumentan que garantiza la gobernabilidad y evita la fragmentación extrema. Sus críticos sostienen que penaliza el pluralismo y distorsiona la proporcionalidad que sale de las urnas. Ahora, el debate vuelve de la mano de los regionalistas. Extremadura Unida y Prex-Crex quedaron fuera del hemiciclo en 1991 y desde entonces ninguna fuerza de corte regionalista ha logrado rebasar el umbral del 5%.
En 2023, todas las candidaturas regionalistas que no alcanzaron la barrera sumaron cerca de 30.000 votos, que quedaron excluidos del reparto. Al desaparecer de la operación matemática que introduce la fórmula d'Hondt, los porcentajes efectivos de PSOE, PP, Vox y Unidas por Extremadura fueron más altos que sus porcentajes reales, lo que facilitó que estas fuerzas consolidaran escaños y, en el caso de Unidas, que su cuarto diputado estuviera menos comprometido en la provincia de Cáceres.
De cara al 21D, tres de esas formaciones regionalistas (Juntos, Levanta y Cáceres Viva) se han integrado en la coalición Juntos por Extremadura-Levanta, que aspira a concentrar esfuerzos para sortear ese muro hasta ahora infranqueable. Calculan que necesitarían unos 6.000 votos más que hace dos años para llegar al 5% y superar el umbral con garantías: sería un todo o nada, porque al ser la barrera tan alta, solo un 5,1% puede otorgar entre dos y tres diputados si el voto está equilibrado entre provincias.

Las imágenes del pleno de la Asamblea de Extremadura este jueves / Javier Cintas
La reforma fallida
Actualmente la barrera electoral de Extremadura es de las más altas del país. La mayoría de comunidades autónomas (Andalucía, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Murcia o la Comunidad Valenciana) y también el Congreso de los Diputados operan con umbrales del 3%.
Solo Madrid, Galicia y Baleares aplican el listón del 5%, aunque en estos casos el impacto se ve parcialmente amortiguado por modelos de circunscripción única o repartos de escaños distintos. En la práctica, esto convierte a Extremadura en uno de los territorios más duros de España para que las terceras fuerzas logren representación, muy lejos de modelos como los de Cantabria, La Rioja o Asturias, donde la barrera más baja y la ausencia de múltiples circunscripciones facilitan cámaras autonómicas más plurales.
Durante la legislatura de José Antonio Monago, IU incluyó entre sus famosos ‘12 Mandamientos’ para facilitar el primer gobierno del PP en Extremadura la rebaja del umbral electoral del 5% al 3%. La propuesta llegó a plantearse formalmente e incluso obtuvo el aval del Consejo Consultivo, pero nunca se materializó porque PP y PSOE, en definitiva, se sienten cómodos con el sistema actual.
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