Entrevista
Rosa Díez: "Excluir a la derecha para cualquier acuerdo comenzó con Zapatero"
"La ruptura, la confrontación y el radicalismo recogen perfectamente la situación nacional"

Rosa Díez. / Alba Prieto
B. Blanco García
Rosa Díez regresa al foro de La Opinión de Zamora con su último libro, 'La sombra. Memoria histórica de Zapatero', donde analiza la trayectoria política de este personaje desde que se convirtió en secretario nacional del PSOE, asegurando que sembró la semilla de la política actual con Pedro Sánchez, criticando el papel predominante que le otorgó a ETA tras su desarticulación y deslegitimando a la derecha nacional, con el mandato de no realizar ningún pacto con ella.
¿Era este el mejor momento para escribir sobre la figura de Zapatero?
Para entender el tiempo presente, las perturbaciones y las preocupaciones que nos asaltan sobre la vida pública y la vida política actual en España, creo que es imprescindible conocer y analizar la etapa histórica de Zapatero. No solo cuando fue presidente del Gobierno, sino desde el momento en el que llegó a la Secretaría General del PSOE en el año 2000, es decir, desde el momento en que lideró el partido. Además, hace tiempo que es bastante habitual escuchar en tertulias o leer en artículos de opinión sobre la situación actual de España aquello de que "todo empezó con Zapatero". Y, aunque yo ya había escrito al respecto en alguna ocasión, me pareció que era el momento de articular esa etapa con datos y análisis, más allá de la opinión.
¿Cómo describiría la situación actual de España?
Si yo digo ruptura, confrontación y radicalismo, eso recoge perfectamente la situación y la política nacional. En España, se ha sustituido la política propia de cualquier democracia, del acuerdo entre diferentes, del pluralismo político, que está más allá del puramente ideológico, por la confrontación entre bloques. Ahora mismo, estamos escuchando muchas voces que piden a la llamada izquierda la creación de un nuevo bloque popular que nos retrotrae a los prolegómenos de la Guerra Civil en España. Es como una vuelta al pasado, a lo peor de nuestro pasado, por cierto.

Rosa Díez, en el Club LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA / Alba Prieto / LZA
¿Y qué papel tiene Zapatero en todo esto?
Es el adalid y el teórico de esa ruptura que hoy vivimos, de esa confrontación y de ese radicalismo, el que teorizó dentro del PSOE cuando aún estaba en la oposición, la necesidad de romper el consenso democrático que nos llevó a la Transición, de deslegitimarla como modelo de entendimiento entre distintos, para cerrar heridas y para parecernos a cualquier sociedad plural y democrática de nuestro entorno.
La evolución de la política en España
¿Tanto ha cambiado la política en el país?
La política actual es la política de bloques, o estás conmigo o estás contra mí. Es la política de los bloques ideológicos frente a lo que supuso la apuesta por la Transición, la Constitución Española, las leyes democráticas, lo que es lo normal en cualquier sociedad cercana. Desde que está Sánchez en el gobierno, tiene éxito esa política de sectarización y eso es muy preocupante, desde mi punto de vista. Fue ya Zapatero quien renunció a la aspiración histórica de que el PSOE fuera un partido mayoritario, cambió al objetivo de que se dividiera la derecha y que el PSOE, que no volvería a tener mayoría suficiente por sí solo, pudiera alcanzar acuerdos con cualquier otra fuerza política que no fuera la derecha nacional, la que le podía ganar elecciones. Y todo esto yo lo voy detallando en mi libro.
Hay voces que piden un nuevo frente popular que nos retrotrae a los inicios de la Guerra Civil
¿Con qué ejemplos?
En la actualidad, se está muy preocupado y hay mucho debate y mucha respuesta alrededor de la financiación autonómica, del acuerdo de Sánchez con Junqueras y la llamada ordinalidad, que es el privilegio para los que más tienen, una financiación distinta dependiendo de la parte de España en la que vivas. Pues eso lo inventó Zapatero en 2009, cuando pactó el propósito de la ordinalidad con Esquerra Republicana para que votara a Montilla como presidente de la Generalitat. Luego está la exclusión, por poner otro ejemplo, de la derecha nacional para cualquier acuerdo, que también empezó con Zapatero. Hay que recordar el Pacto del Tinell con Maragall, donde acordaban con los nacionalistas catalanes que nunca jamás acordarían nada de ningún tipo con el Partido Popular. Es decir, que todo ese proceso de expulsión, de ruptura, de confrontación y de exclusión del otro y, por tanto, de deslegitimación de lo que supuso la Transición, todo comenzó con Zapatero y comenzó en base a una estrategia definida y perseguida. Y creo que recordar la historia, además de ayudarte a prevenir y cometer errores, pone a cada uno en su lugar.
¿Por qué perdió Zapatero las elecciones?
No fue por lo que hizo en la primera legislatura, con la ruptura de los consensos y el espíritu de la Transición, junto con el pacto con ETA, las perdió por la economía, que la gestionó fatal.
Siguiendo las enseñanzas de su predecesor
¿Considera que Sánchez está siguiendo la estela teórica de Zapatero?
Evidentemente, no hay que argumentar demasiado. Elige como socios de gobierno a los tradicionales enemigos de la democracia, aquellos que han demostrado, con sus actos, o bien dando un golpe de Estado o bien aniquilando a los ciudadanos que no renunciábamos a ser españoles en nuestra propia tierra. Esos son los socios preferidos de Sánchez, que tiene la consecuencia de la ruptura con los grandes bloques democráticos. Y a eso lo llaman gobierno progresista, cuando realmente está gobernando en España la extrema derecha, porque no hay la definición más propia de la extrema derecha que el racismo y la xenofobia. Pues los que se consideran de una raza superior, ya sea desde Cataluña, estableciendo ciudadanos de primera y de segunda categoría entre los propios catalanes, o los que nos asesinaban por ser españoles, no por ideología, son los socios progresistas del gobierno de España.

Público en el foro del periódico. / Alba Prieto / LZA
¿Cómo valora la labor de Zapatero para acabar con la banda terrorista ETA?
Dedico un capítulo entero a lo que considero el mayor acto de corrupción política que un gobernante puede cometer, como es convertir en interlocutor político a una organización terrorista. El objetivo de derrotar al terrorismo es básico e indiscutible de cualquier demócrata y él lo sustituyó por lo que denominó final dialogado de la violencia, que no fue la derrota de ETA, sino algo completamente distinto.
La historia, además de ayudarte a prevenir y cometer errores, pone a cada uno en su lugar
¿A qué alude ese final dialogado?
Significa que ha habido dos violencias y que va a acabarse con las dos violencias dialogando, equiparando la violencia legítima del Estado para proteger las libertades y la democracia, persiguiendo a quien la amenaza con el asesinato y el crimen como instrumentos para conseguir sus objetivos. Eso es lo que hace Zapatero, legitimar a ETA y convertirlo en interlocutor político, cuando era una banda que usaba el crimen como instrumento para terminar con las sociedades plurales y democráticas. Lo contrario del pluralismo es el totalitarismo, en lo que se basa cualquier organización terrorista. El mayor peligro de cualquier organización terrorista no es el número de comandos y la capacidad que tengan para asesinar, es la legitimación social de la propia banda y de sus propios objetivos. Eso es lo que hace Zapatero cuando les convierte en interlocutores. Y con ETA no teníamos un problema de falta de paz, sino de libertad, para vivir, para disfrutar la democracia y poder hablar y salir a la calle sin miedo.
¿Cómo se debería haber actuado para derrotar a ETA?
Como hace cualquier sociedad democrática, derrotando a la banda, lo que significa no solo impedir que los comandos actúen, sino deslegitimando los objetivos por los que asesinaron. Quiero decir, no solo derrotarles a ellos, sino también a esos objetivos, en el caso de España, 857 de nuestros conciudadanos. Eso es terminar con ETA. Si resulta que los herederos de ETA, defendiendo las mismas cosas, hoy nos gobiernan desde distintas instituciones, son los socios favoritos del Gobierno de España, gobiernan en instituciones navarras, aprueban leyes a las que Sánchez les entrega para que sean ellos quienes las presenten, se codean con el resto de diputados como si fueran unos de los nuestros, es decir, de los demócratas, no se puede sentenciar que se haya derrotado a la banda.
Sin pedir perdón
¿Qué es lo que más le afecta?
Que no hayan pedido perdón y estén orgullosos de la historia de terror de ETA y de los objetivos de la banda. No solo de lo que hicieron, sino del por qué lo hicieron: para eliminar la sociedad plural y el pluralismo democrático. No se puede decir que se ha derrotado a ETA, si no se han derrotado sus objetivos y si quienes defienden y defendían sus objetivos se han convertido en hombres de Estado, en socios prioritarios, en referentes políticos de la democracia. Eso es un final fallido.
¿En qué momento estaba ETA cuando se sienta con Zapatero?
ETA estaba derrotada desde el punto de vista operativo, no desde el punto de vista político. Sus comandos ya no podían actuar, porque los habían derrotado las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la cooperación internacional y la movilización social. O sea, era un momento en el que la banda ya no era un peligro para la democracia. Ese es el momento en que Zapatero la rescata, como rescata a los independentistas catalanes cuando también estaban social y políticamente, desde el punto de vista electoral, derrotados en Cataluña. Zapatero legitima los objetivos de la banda terrorista al convertirla en interlocutor político y en un partido político más.
Una despedida sin mirar atrás
¿Fue duro tomar la decisión de abandonar un partido en el que había militado treinta años?
Me fui porque sentí que ya no podía hacer nada más allí dentro. Durante año, fui muy crítica, desde que Zapatero empezó con la ruptura de los consensos básicos y democráticos, el Pacto por las Libertades contra el Terrorismo y la política internacional. Yo estaba en el Parlamento Europeo, en una posición, políticamente hablando, muy cómoda, pero alertaba sobre esa ruptura que intentaba el presidente, también desde dentro del partido, creyendo que mi denuncia y mi trabajo iba a provocar un cambio de posición en el PSOE, porque había compañeros que me llamaban para decirme que estaban de acuerdo, aunque luego nadie se movía. Así que, cuando llegué a la conclusión de que desde dentro no podía hacer nada, tomé la decisión de irme. Comprendí que era inútil conseguir un cambio quedándome dentro. Supongo que es tan duro como lo pueda ser un divorcio, pero fue muy lógico, desde mi punto de vista. Y me fui no solo del PSOE, sino que también dejé mi acta de europarlamentaria, aunque tenía dos años y medio por delante.

Rosa Díez, con su nuevo libro. / Alba Prieto
Con todo lo vivido, ¿todavía sigue confiando en la política?
Es que es imprescindible y va unida a la democracia. Política no es solo ser senador o diputado, también es ser ciudadano. De hecho, la ciudadanía es la base de la política y si uno no la ejerce, otro la hará por él. Y eso significará el fin de la democracia.
La necesidad de volver a creer en la política
¿Hay que convencer a muchos ciudadanos españoles de esto, tan desencantados como están algunos con la política en el momento actual?
El problema es que la democracia en España es muy joven, en comparación con otros países de nuestro entorno. Y, además, es una democracia en la que no se ha hecho pedagogía política. Tenemos leyes, una Constitución de las más avanzadas en reconocimiento de derechos y hemos formado instituciones democráticas. Pero no hemos hecho pedagogía democrática.
¿Y eso que conlleva?
Que haya millones de personas que no sean conscientes de que las instituciones democráticas no se defienden solas y que la política no es estar afiliado a un partido político, ni la democracia ir a votar cada cuatro años. Esa pedagogía democrática en España no se ha hecho, ni se hace, ya sea desde el sistema reglado o no reglado. No solo no se estudia lo que es la democracia en el sistema reglado, lo que son nuestras leyes democráticas, nuestra propia historia y la necesidad de defenderlas, sino que tampoco, a través del sistema no reglado, ya sean prescriptores de opinión o discursos de los políticos, hemos tomado conciencia. Y sin ciudadanía no es posible la democracia e impera la ley del más fuerte.
¿Qué camino hay que tomar?
Entiendo que la gente pueda desesperanzarse por los políticos que tiene, si no le gustan, o ser crítico. Pero, además de ser crítico sobre las decisiones políticas, lo que no puede es pasar, porque, si tú pasas de política, otro hará política por ti. Fernando Savater, en este sentido, hablaba de los idiotés, en griego, en referencia al que no participa en la esfera pública. Si no lo haces, otro lo hará por ti y tomará decisiones. En este sentido, creo que también hay una campaña, muy bien organizada desde los centenares de asesore que pululan por la Moncloa, para desincentivarnos. Desde los que nos advierten permanentemente de que no hay nada que hacer o que no importa quién gane, porque todo va a seguir igual. Es decir, una apuesta por el desistimiento y el miedo. Pero no, hay que participar, no hay que ser idiotas.
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