Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Rearme de Europa

Ingenieros de Indra diseñan armas más letales y una IA para el futuro carro-dron de combate

Planean un vehículo de guerra pilotable a diatancia en zonas de alto riesgo, con misiles hipersónicos y que ataque y se defienda en red con otras plataformas

Recreación de la pantalla de un visor del futuro carro de combate, en la que se ven un vehículo blindado, soldados y un dron.

Recreación de la pantalla de un visor del futuro carro de combate, en la que se ven un vehículo blindado, soldados y un dron. / Indra

Juan José Fernández

Juan José Fernández

Madrid

El carro de combate del futuro no se defenderá a solas de un misil o un dron, sino que cooperará con otros vehículos para atajar el ataque. No empleará a muchos soldados a bordo: si se necesita, incluso podrá avanzar en configuración UGV, sin personal, guiado remotamente, como un dron entre drones. Disparará con un margen de error mínimo, con más potencia y a más distancia. Recibirá y emitirá tanta información de tantos sensores diferentes, que será una inteligencia artificial la que ayude a sus tripulantes a formarse idea de dónde están, dónde ir y a qué disparar…

En más o menos quince años, el blindado de guerra se moverá en el campo de batalla como un sistema de sistemas. Es una apuesta casi distópica, en la que andan pensando ingenieros españoles para desarrollar tecnologías que se puedan embarcar en los futuros medios acorazados terrestres.

En las áreas de diseño tecnológico de Indra se investiga cómo propulsar y mover a ese futuro tanque, y cómo detectará quién le apunta con un cohete de carga hueca o con una mira láser, y cómo de letales serán su arma principal, las armas secundarias y la dirección de tiro que mejore su puntería, o cómo será la protección activa que inhiba, detenga o palíe los disparos contra el vehículo.

El carro de combate del futuro que se pergeña en España chocará con sus adversarios en un entorno fuertemente digitalizado, por lo que precisará de una forma de procesar los terabytes de información que le llegarán a través de una conectividad compleja con otros vehículos, tropas y drones.

Y, para todo ello, hay también ingenieros pensando en cómo construir un simulador digital que lo ponga a prueba.

Apuesta empresarial

Son las siete áreas de trabajo de un proyecto que, de momento, y al menos los próximos dos años, está en fase I+D. Defensa lo llama PAMOV - Sistema de Combate Superior. Las siglas hacen referencia al Programa de Alta Movilidad en el que se incardina la búsqueda española de desarrollos tecnológicos para plataformas de combate sobre cadenas o ruedas.

La tecnológica Indra ha acudido a este Programa Especial de Modernización, uno de los PEM claves de Defensa, negociando con otras firmas españolas. Ya se han implicado cinco, confirma Lola Carrillo, directora de Desarrollo de Negocio de Sistemas Terrestres de la compañía. La idea es que sean muchas más. La condición que pone Defensa en sus PEM es que un 90% de la tecnología sea español. Indra podría subcontratar hasta un 50% con otras firmas con las que habla, incluidas pymes y universidades, “de tal manera que se genere una cadena de valor equilibrada en el sector que mantenga las tecnologías críticas bajo soberanía nacional y permita a nuestra industria competir con las de otros países referentes”, dice Carrillo.

Una imagen infrarroja de un supuesto combatiente captada por un sensor de Indra

Una imagen infrarroja de un supuesto combatiente captada por un sensor de Indra / El Periódico

Este campo de desarrollo tecnológico militar tiene a gigantes trabajando en Europa, como Leonardo (Italia) o Rheinmetall (Alemania), con los que compite el plan español. “No se trata solo de un proyecto tecnológico; también es una apuesta estratégica de país para situar a España en la vanguardia de los sistemas de combate terrestre de nueva generación”, dice Carrillo.

El programa en el que trabaja Indra tiene dimensión europea: está conectado, comparte interfaces, métodos, filosofía OTAN, con el proyecto MARTE. De inspiración mayoritariamente franco-alemana, supone la búsqueda de Europa, desde 2024, de un carro de combate común. Y la firma española de mayoría pública aspira a ser el referente tecnológico del proyecto. También, y como consecuencia de ello, aspira a que se fabriquen en España futuras unidades de ese carro europeo.

Ahorrar vidas

Los ingenieros implicados en este plan que colaboran con el Ejército hablan de “red táctica operativa”, un entorno en el que vehículos tripulados y no tripulados cooperan con sensores y armas interconectadas. “Hablamos de un sistema de sistemas, en el que el carro, los vehículos de acompañamiento, los sensores y los sistemas de mando y control formarán una única red táctica compuesta por plataformas más ligeras y móviles”, explica el coronel en la reserva Miguel Ángel de Díez, asesor de Indra para sistemas terrestres.

La ambición del proyecto es muy grande. De Díez recuerda que Indra, con otras compañías, investiga, por ejemplo, en armas láser. Según avance este proyecto, al futuro carro se le puede dotar con “algún tipo de misil hipersónico para superar los blindajes reactivos” que pueda usar el adversario.

Procesando constantes flujos de datos, los soldados que operen los carros del futuro se adentrarán en la llamada “zona de muerte” trabajando “en malla” bajo una “nube táctica de combate”. El Ejército lo estudia en un plan llamado ZEUS.

Recreación de un puesto de tripulación de un futuro blindado de combate.

Recreación de un puesto de tripulación de un futuro blindado de combate. / Indra

Una parte de las ideas de este proyecto surgen de lo que a diario se aprende en el frente de Ucrania. Por los drones y otros condicionantes de la batalla, ahora “en la zona de muerte se produce un 45% de bajas”, calcula De Díez. Esa alta proporción de pérdidas, más la escasez de personal de los ejércitos, obliga agudizar el ingenio.

El futuro no deja otra opción que combatir en red, además, para paliar un problema creciente en la industria de sistemas terrestres: el sobrepeso. “Hoy en día, si incorporamos a un vehículo de combate todos los sistemas y avances embarcables, terminaría pesando 80 toneladas -explica De Díez-. Son diez toneladas más de lo que aguanta cualquier puente en servicio. Eso obliga a distribuir las capacidades entre distintas plataformas”.

Algunas de estas capacidades, radares, direcciones de tiro, sistemas de visión panorámica… ya se están incorporando al vehículo de combate Dragón 8X8 cuyas primeras unidades ha empezado a recibir la Legión. Y podrían también incorporarse a sucesivas modernizaciones del Leopard E, la versión española del tanque de origen alemán.

Enseñar a la IA

“Combatir de forma colaborativa” -dice De Díez- es la evolución a la que se dirige el arma acorazada terrestre. Interactuando con radares, satélites y drones, tendrá lo que Lola Carrillo llama “una consciencia situacional incrementada”. Los tripulantes recibirán lo que ven ellos… y lo que perciben los demás. El volumen de información que llegue al vehículo será tal, que ya se programa una IA que ayude a procesarla y pilotar.

En este capítulo, Indra promueve en “un efecto tractor sobre el ecosistema nacional”, asegura Carrillo, en el que se integre un “tejido de startups tecnológicas en áreas como la inteligencia artificial o la ciberseguridad”.

Básicamente, se trata de buscar juntas cómo “enseñarle al programa qué ve, quién es amigo y quién no lo es”, dice el coronel. El enfoque español del carro de combate del futuro se dirige a los dos hipotéticos escenarios terrestres de la defensa de este país: por un lado, una guerra convencional de alta intensidad en suelo europeo; por otro, una guerra contra insurgencia en el Sahel. Son entornos muy diferentes, “y a la IA del vehículo -pone como ejemplo el coronel- habrá que explicarle no sólo qué es un arma enemiga, también qué es un perro, qué es una cabra, qué es un adversario con un lanzacohetes al hombro y qué es un campesino que lo que lleva es un inocente azadón…”

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents