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100 días después: la sombra de Mazón se cierne sobre el deshielo de Llorca
La mala relación con las víctimas de la dana o el bloqueo institucional con el Gobierno por la financiación enfrían la percepción de nuevo ciclo que quiso abrir el ‘president’ desde su investidura

Llorca, en Paiporta, en una de sus primeras visitas a la zona cero. / Rober Solsona/EP
Mateo L. Belarte
La dimisión de Carlos Mazón hace ahora tres meses (se cumplieron el pasado martes, desde aquel lunes, 3 de noviembre) bajó las pulsaciones de la política valenciana tras un año de alto voltaje, pero su sucesor, Juanfran Pérez Llorca, no ha conseguido normalizar relaciones ni con las asociaciones de víctimas de la dana, ni con el Gobierno ni con la oposición en las Corts pese a las expectativas generadas en su aterrizaje.
"Creo en el diálogo y el acuerdo y quiero que mi mandato se recuerde por eso, porque todos los que estamos aquí fuimos capaces de pactar cuando todo parecía que estaba roto, porque en mitad del ruido cambiamos el paso. Sé que lo podemos hacer realidad". A inicios de diciembre, Juanfran Pérez Llorca asumía la Presidència de la Generalitat con esta declaración de intenciones, con la que llamaba a la reconciliación social e institucional tras un año de trincheras y se distanciaba del tono crispado de los últimos meses de Carlos Mazón. Antes había pedido perdón a las víctimas de la dana en nombre de la Generalitat, algo que nunca hizo el ‘expresident’.
Las palabras tuvieron su correlato con hechos: Llorca emprendió un ‘tour’ por la zona cero de la dana, visitando principalmente municipios gobernados por el PSPV y enterrando la confrontación continua en la que se instaló Mazón desde que emprendió su particular huida hacia adelante tras el fatídico 29 de octubre de 2024. Las críticas al Gobierno bajaban sus decibelios y las relaciones parecían empezar a volver a su cauce, con una cita protocolaria con Pedro Sánchez en Moncloa en la que logró la comisión mixta con Moncloa para la reconstrucción de Valencia, por la que batalló sin éxito el ‘expresident’.

Pérez Llorca y Pedro Sánchez. / Alberto Ortega/EP
Todo esto sucedió en los primeros 15 días en el cargo pero desde entonces, esa hoja de ruta se ha ido desvaneciendo hasta entrar en una cierta vía muerta. Las relaciones se han vuelto a tensar con el Gobierno, que ya pone en duda ese cambio de Llorca respecto a Mazón después de que el ‘president’ coqueteara estos días con retomar la batalla de relatos al cuestionar las indemnizaciones de Adamuz por ser superiores a las de la dana, pese a que vienen reguladas por leyes y casuísticas diferentes que propician esas diferencias. Además, pasado más de mes y medio de su visita a Moncloa, la comisión mixta sigue sin haberse reunido.
El enfado de las víctimas
Esa comparativa entre tragedias tampoco ha gustado nada a las principales asociaciones de víctimas y no parece que vaya a ayudar a ese acercamiento que se fijó Llorca a su llegada al Palau. No es el único flanco abierto con estos colectivos de familiares de personas fallecidas en la dana, que siguen exigiendo que el ‘president’ y ahora también líder del PPCV reclame a Mazón su acta de diputado, que le blinda ante la jueza. Una opción que Llorca no contempla ahora y que en la dirección del partido ni siquiera garantizan en caso de que se eleve exposición razonada al TSJCV, que sí podría investigarle.
A esto se le añade otro compromiso del popular con las víctimas y que sigue sin cumplir: su citación a la comisión de investigación de las Corts, donde no han sido llamadas a declarar pasado un año de su puesta en marcha. Pasan las semanas y el compromiso de los populares con las asociaciones no se concreta. PP y Vox han asegurado que se les dará voz en la quinta sesión, pero aún no tiene fecha.
En el ámbito de las relaciones institucionales, y aunque las formas se han suavizado, los choques dialécticos con el Gobierno siguen siendo constantes. Y también la ausencia de acuerdos. Al igual que hizo Mazón con la oferta para condonar 11.200 millones de la deuda histórica valenciana, Pérez Llorca se ha alineado con la posición de Feijóo de choque frontal con la Moncloa y, de momento, no hay atisbo de voluntad del Palau para negociar la nueva propuesta de financiación, claramente beneficiosa para la Generalitat (3.669 millones más).
Sin cambios con la oposición
En la arena política valenciana, el deshielo de Llorca tampoco ha surgido efecto alguno. El escaño 98 al que sigue aferrado Mazón sirve a la izquierda para impugnar ese cambio de estilo que pregona el popular. Tanto PSPV como Compromís le exigen mover ficha con el ‘expresident’ como condición ‘sine qua non’ para volver al diálogo, como se vio en la reciente ronda de reuniones con los síndics de las Corts, a la que Joan Baldoví ni acudió y de la que los socialistas salieron con las manos vacías.
Y por si fuera poco, Llorca debe lidiar también con su alianza con Vox, su socio indispensable para lo que queda de legislatura pero que sin duda es un elemento que complica tanto la proyección de una imagen de moderación como su propia relación con la izquierda. La distancia entre su duro discurso de investidura, con el que se ganó el favor voxista arremetiendo contra la inmigración o el pacto verde, y el de su toma de posesión, donde redujo el entusiasmo de los de Abascal una vez tenía amarrado su nombramiento como president, evidencia esa dualidad del president para atender dos frentes difícilmente compatibles.
Vox, de hecho, acaba de sumarse a la petición de una comisión de investigación en las Corts sobre el escándalo de la adjudicación de viviendas de protección pública a cargos públicos ligados al PP en Alicante. Un asunto que ya ha salpicado al Consell y que puede marcar lo que queda de legislatura en un territorio clave para los populares. El movimiento de Vox es un recordatorio: su apoyo tiene coste.
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