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Ciclo electoral

Vox mira de reojo la pujanza de Alvise y señalará su "corrupción" para combatirle electoralmente

Santiago Abascal, tras las elecciones en Aragón, se centra en la precampaña de Castilla y León, donde el 15 de marzo se celebrarán comicios, con el objetivo de mantener la tensión electoral y el pulso con Alberto Núñez Feijóo

Santiago Abascal, en su escaño del Congreso.

Santiago Abascal, en su escaño del Congreso. / José Luis Roca

Madrid

A la manera del 'Never ending tour' de Bob Dylan, la gira ininterrumpida que desde finales de los años ochenta mantiene en la carretera al célebre cantante norteamericano, Santiago Abascal no se ha concedido ni un segundo de respiro después de las elecciones autonómicas del pasado domingo en Aragón, y ya está en plena precampaña en Castilla y León, donde habrá comicios el próximo 15 de marzo.

El mismo lunes, en plena resaca de las urnas aragonesas, presentó en Ávila al candidato de la extrema derecha, Carlos Pollán, actual presidente de las Cortes regionales, quien encabezará la misma lista que hace cuatro años lideró Juan García Gallardo, el primer dirigente de la formación en ocupar una vicepresidencia autonómica y quien ahora está tan alejado de la vida política como distanciado de Abascal, algo que es público y notorio.

La intensa actividad del presidente de Vox es una inercia de los tiempos, en la segunda mitad de la pasada década, en que la formación atravesó por una travesía del desierto como partido extraparlamentario y Abascal se pateaba todos los territorios, e incluso, algo que ya pocos recuerdan, llegó a encabezar la candidatura a la Comunidad de Madrid en las autonómicas del año 2015. Pero ahora, con toda la potencia logística de la que ya está consolidada como la tercera fuerza política de la cuarta economía de la Unión Europea (UE), es una forma de mantener no solo la tensión electoral, sino su pulso con Alberto Núñez Feijóo. El líder del Partido Popular (PP), encajando cada vez más la nueva situación que afronta su partido, apeló este martes veladamente a Vox, cuando aseguró que "el voto del cabreo hay que ponerlo a trabajar".

Uno y otro mantendrán esa tensión mientras siguen las negociaciones en Extremadura, donde María Guardiola ejerce desde el 22 de diciembre como presidenta en funciones, la misma situación en la que desde esta semana se encuentra en Aragón su homólogo y compañero de filas, Jorge Azcón, ambos pendientes del apoyo de Vox para seguir en el poder. Pero de manera paralela, la noche electoral del domingo en Aragón deja una realidad a la que Vox mira de reojo, la pujanza electoral que mantiene el agitador antisistema Alvise Pérez, tras su irrupción con tres eurodiputados en las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2024. Su plataforma Se Acabó la Fiesta (SALF) no obtuvo representación, pero se quedó muy cerca, con casi el 3% de los sufragios. Fue el partido más votado de los que no obtuvieron asiento en las Cortes de Aragón, por encima del PAR y de Podemos.

Cábalas contrafácticas

Con esos datos encima de la mesa, no es difícil hacer cábalas, aun contrafácticas, como la de que sin esa papeleta el resultado de Vox, con Alejandro Nolasco como candidato a la Vicepresidencia de Aragón, podría haber sido todavía mejor, cercano incluso al 20% del voto, una cota que entre los nuevos partidos políticos solo alcanzó Podemos en la última década.

De momento en Vox niegan preocupación por SALF, que concurrirá también el 15 de marzo en Castilla y León. En buena medida llevaban meses dando por amortizado a Alvise, aunque las elecciones en Aragón hacen poner algo en solfa ese diagnóstico. Se añade a ello que la barrera electoral en las provincias castellano y leonesas es más exigente que en Aragón, del 5%, pero como cualquier partido competitivo sabe, el mero hecho de que haya una papeleta que pesque en tu mismo caladero en los colegios electorales es una piedra en el camino con la que siempre se preferiría no tropezar.

Abascal, que llegó a tener algún contacto con Alvise antes de que este montase su plataforma política, cortó hace tiempo cualquier tipo de vinculación. En la cúpula de Vox creen que es un fenómeno, además de desinflado, tras su potente irrupción en los comicios europeos de hace dos años, lastrado ya por "la corrupción". Alvise tiene hasta cuatro causas abiertas en el Tribunal Supremo (TS), que van desde la financiación ilegal de SALF a acusaciones por acoso de algunos de sus colaboradores. Un recorrido que, piensan en Bambú, hará apagarse su estrella antes o después. Y que llegado el caso será esgrimido en su contra como argumento de combate electoral. Algo que casa además con el perfil de Vox como partido denunciador de la "corrupción del bipartidismo", cada vez más presente en la acción política de los de Abascal.

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