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PP y Vox mantienen el pulso en Extremadura y Aragón sin dar pistas sobre el desenlace

Las negociaciones entre PP y Vox en Extremadura y Aragón se mantienen en un compás de espera, mientras el foco se centra en las elecciones de Castilla y León, que podrían marcar el rumbo de futuros acuerdos

Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo, en un pleno del Congreso

Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo, en un pleno del Congreso / José Luis Roca

Madrid

Las negociaciones entre el Partido Popular (PP) y Vox en Extremadura y Aragón siguen siendo una incógnita tras las elecciones celebradas sucesivamente en esas dos comunidades autónomas en diciembre de 2025 y el pasado 8 de febrero. Aunque ambos partidos guardan las apariencias, en realidad mantienen un largo pulso acerca del que evitan dar pistas sobre su desenlace, pese a que el tiempo avanza y apremia en ambas regiones.

Este martes quedaron constituidas las Cortes de Aragón, y la popular María Navarro Viscasillas se convirtió en la nueva presidenta de la cámara, gracias a dos abstenciones, las de Vox y la de Teruel Existe. Un mínimo gesto de los de Santiago Abascal, que precisamente presumen en privado e incluso en público de ser una formación reacia a las abstenciones, pues prefieren en todo caso o un sí o un no, siempre más contundente. Y en Extremadura María Guardiola se verá abocada, salvo sorpresa mayúscula, a una investidura fallida en la segunda votación de la misma este viernes, lo que activará ya el reloj del adelanto electoral. O dicho de otra manera, a partir de ese día comenzará la cuenta atrás para lograr una investidura en un plazo de dos meses.

La presidenta en funciones de la Junta extremeña pronunció este martes su discurso de investidura, advirtiendo que "esta Asamblea tiene que demostrar que sirve, que es útil, que no va a ser utilizada como atajo ni para intereses personales", veinticuatro horas antes de que este miércoles, y tras intervenir todos los grupos, se produzca la primera de esas votaciones, que reglamentariamente se repetirá cuarenta y ocho horas después.

De lo que nadie alberga duda alguna es de que mientras siga la campaña electoral en Castilla y León, que está viviendo su primera semana, y que tiene su cita con las urnas el próximo día 15, poco o nada se va a mover en esas conversaciones. La nueva disputa electoral en una comunidad donde lo más probable es un desenlace similar, es decir, que PP y Vox se necesiten mutuamente para revalidar la presidencia de un barón popular, en este caso Alfonso Fernández Mañueco. Y donde ambos se juegan mucho, dado que además Vox ya sacó un notable resultado en 2022, cuando Juan García-Gallardo, luego vicepresidente de la Junta, obtuvo el 17% de los sufragios, un porcentaje ahora casi habitual para la extrema derecha, pero en aquel momento muy por encima de su propia media.

Sin clima de acuerdos

Más prosaicamente, nadie se imagina que un clima en el que Abascal, siguiendo su inveterada costumbre, se patea de arriba abajo la comunidad autónoma en liza, aprovechando además la ausencia de plenos en el Congreso de los Diputados, y protagoniza, además de los consabidos mítines, una intervención diaria ante los medios de comunicación, desde distintos pueblos y ciudadanos de las nueve provincias de Castilla y León, sea el más propicio para alcanzar acuerdos.

Cualquier acuerdo antes del día 15 sería susceptible de ser materia electoralmente inflamable entre unos y otros, sin olvidar a la izquierda, que no dudaría en subrayar la entente contra Mañueco y el candidato de Vox, Carlos Pollán. Pero además, esperar al veredicto de las urnas ayudaría a hacer el mapa de la situación más completo, en unas negociaciones en las que, no en vano, Génova ha tomado el mando, como se anunció la semana pasada, rompiendo con la tradición de Feijóo de otorgar libertad casi plena a los distintos PP en cada comunidad autónoma, la misma de la que él gozó como líder de los populares gallegos y presidente de la Xunta durante más de una década.

Aunque eso también puede conllevar riesgos, si por ejemplo el PP no lograse ser el más votado, algo no del todo imposible en una comunidad tan fragmentada territorial y políticamente, o si Vox, como han llegado a vaticinar algunas encuestas, retrocede por primera vez, aunque sea por estrecho margen, en un ciclo electoral que ha empezado exultante para los de Abascal en Extremadura y Aragón. En todo caso, y poco después de las elecciones en Castilla y León, llegarán, en mayo o junio, las andaluzas. Otra comunidad donde la fórmula de gobierno podría pasar por un acuerdo de las derechas si el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, no logra repetir su mayoría absoluta ante el ascenso de Vox. Algo nada improbable en la comunidad más poblada de España, donde algunas encuestas apuntan ya a que Vox superaría al PSOE al menos en algunas provincias.

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