Debate de investidura
Guardiola promete un gobierno "fiable y de mirada larga" de la mano de Vox en Extremadura
La candidata del PP endurece el tono, defiende el pacto frente al bloqueo y carga contra Sánchez, pero mantiene el perfil propio en igualdad: "Me quedo con el feminismo de los hechos y la gestión frente a las pancartas"

La candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura, María Guardiola, pronuncia el primer discurso de investidura el pasado 3 de marzo. / Javier Cintas
Rocío Entonado Arias
María Guardiola ya no es la candidata en el alambre. Es la presidenta 'in pectore'. Sus formas, su discurso, su vocabulario y hasta el aplomo con el que subió a la tribuna de la Asamblea desde el primer momento demostraron que esta tercera vez no comparecía para pedir una nueva oportunidad, sino para asumir la responsabilidad de administrar una mayoría parlamentaria cerrada con Vox y dispuesta a defenderla sin ambages. "He alcanzado un acuerdo de gobierno con Vox. Lo digo con naturalidad", proclamó este martes al inicio de un discurso en el que prometió un gobierno "duradero, fiable, de mirada larga" de la mano de su socio.
"Vuelvo para proponer un gobierno de transformación. Extremadura no necesita más bloqueo. No necesita más división ni más aspavientos. Extremadura necesita pasar de la incertidumbre a una hoja de ruta. De la duda a la estabilidad. Y estabilidad es que haya presupuestos. Es que la política deje de girar alrededor de sí misma y vuelva a girar alrededor de la gente. Eso es lo que esperan de nosotros", arrancó en un discurso que, seguido con escrutinio minuto a minuto, acabó recibiendo el aplauso de los 11 diputados de Vox.
Legitimidad
La Guardiola que hace unas semanas se presentaba como candidata a la que había que dejar pasar para evitar la parálisis dio paso a otra más firme, más seca y también más ideológica. Menos pendiente de seducir al conjunto de la Cámara que de blindar el pacto que la llevará a revalidar la Presidencia de la Junta. Ya no pidió comprensión. Reclamó legitimidad. Ya no clamó un entendimiento posible. Lo exhibió. Y ya no trató de amortiguar su alianza con Vox, sino de normalizarla.
"No somos el mismo partido. Cada uno conserva sus ideas, su identidad y su manera de mirar las cosas. Eso forma parte de la democracia. De la pluralidad. De la política adulta. Y lo importante hoy es que hemos sido capaces de poner por delante a Extremadura", añadió la presidenta en funciones para después desgranar un programa de gobierno "de crecimiento y libertad" para Extremadura.
La prioridad nacional
No hubo una sola mención al polémico concepto de "prioridad nacional" que defiende Vox, pero en el discurso de Guardiola sí se apreció un giro en materia de inmigración. Si en los guiños de la investidura fallida de marzo todavía hablaba de «una oportunidad si se gestiona con rigor», en esta ocasión da paso a un tono más severo.
"Hablo de la inmigración. Y es algo que exige honestidad, claridad y que no admite más demagogia", advirtió antes de cargar contra el modelo migratorio del Gobierno de Pedro Sánchez, al que definió como "roto", "improvisado" y pactado con quienes "aspiran a romper la unidad de la nación". A partir de ahí, el discurso ya no se movió en el terreno de la oportunidad, sino en la oposición frontal al "reparto obligatorio de inmigrantes", la denuncia del "desorden" y la defensa de una política de control vinculada a la seguridad, al acceso a los recursos públicos y al deber de no incentivar "por ninguna vía" la irregularidad.
Aun así, Guardiola quiso salir al paso de una de las críticas que más ha perseguido al acuerdo desde que se hizo público: su encaje legal. Por un lado, aseguró que el pacto se ejecutará dentro de la ley. Por otro, dejó claro que se hará exactamente lo firmado. "Lean el acuerdo palabra por palabra. Profundicen. Este gobierno jamás va a incumplir la ley", afirmó desde la tribuna.
Y en alusión velada a ese mantra de Vox de "los españoles primero", remachó enseguida: "Lo que está firmado es lo que se llevará a cabo". Tampoco hubo referencias literales al "arraigo" (la palabra que el PP ha incorporado para suavizar este discurso) aunque sí defendió su lógica de fondo al vincular el acceso a la vivienda, la natalidad y las ayudas a jóvenes y familias con la necesidad de que la gente pueda desarrollar su proyecto de vida en Extremadura.
El Pacto Verde
El campo es otro de los grandes territorios de entendimiento con Vox. Guardiola prometió que "ninguna medida del gobierno de la Junta perjudicará objetivamente al sector primario" y cargó contra el Pacto Verde, los aranceles y el acuerdo con Mercosur si no garantiza "la igualdad de condiciones" de los productores extremeños.
La defensa del regadío de Tierra de Barros, la revisión de las Zonas de Especial Protección de Aves y de los Lugares de Interés Común y la promesa de flexibilizar la legislación que afecta a la actividad agraria dibujaron un mensaje nítido hacia el mundo rural: menos trabas, más producción y una impugnación directa de las restricciones que a juicio del nuevo bloque de gobierno, lastran al campo.
También la fiscalidad volvió a aparecer como una de las grandes señas de identidad de la nueva etapa. Guardiola defendió la bajada de impuestos no como una bandera ideológica, sino como "una herramienta de progreso y de justicia": seguir rebajando el IRPF, avanzar en Sucesiones y Donaciones, aliviar el impuesto de Actos Jurídicos Documentados y ampliar incentivos vinculados a la vivienda.
Los lazos con América
Hubo más guiños de fondo. En el terreno simbólico, Guardiola situó la acción institucional bajo los principios de la "concordia", la "reconciliación" y la "unidad", un campo semántico muy reconocible en el vocabulario político de Vox. "Extremadura es una tierra de concordia. No de imposición", sostuvo antes de rechazar el "revanchismo" y el "resentimiento" como motores de la vida pública. Ese desplazamiento se hizo también explícito cuando entró en el terreno de la historia y de la relación de Extremadura con América.
La presidenta no solo anunció la ampliación de los programas de movilidad internacional para universitarios extremeños, con las becas Extremestiza a países iberoamericanos, ni se limitó a reivindicar el Instituto del Mestizaje como herramienta cultural y de proyección exterior, sino que fue un paso más allá al afirmar que "Extremadura no tiene nada de lo que avergonzarse y España no tiene nada de lo que pedir perdón", porque la "leyenda negra" no es más que "un relato interesado" para desprestigiar el pasado.
Pero en medio de ese endurecimiento general del discurso, Guardiola se reservó también un espacio propio en igualdad, el terreno donde el PP marca distancia con su socio. "Yo me quedo con el feminismo de los hechos y la gestión", afirmó tras cargar contra quienes, a su juicio, solo hablan de feminismo "detrás de las pancartas". Dentro de ese bloque, anunció un futuro protocolo de actuación frente a la violencia contra las mujeres en Atención Primaria, un plan autonómico de detección de la violencia de género, la creación de una Marca de Excelencia en Igualdad para empresas y la ampliación de las ayudas a la conciliación.
La nueva coalición
Más que un discurso de investidura al uso, lo que se escuchó fue una defensa de la nueva coalición. El PSOE y Unidas por Extremadura dejaron de ser la oposición que bloquea para convertirse en adversarios retratados en el «ruido», el «fango» y el resentimiento por haber perdido el poder. Y Pedro Sánchez apareció ya no solo como telón de fondo, sino como uno de los blancos principales de una intervención que conectó constantemente la política extremeña con la batalla nacional.
Guardiola acusó al presidente del Gobierno de haber hecho de su "supervivencia política" su "única brújula" y de convertir las cesiones al separatismo catalán en moneda de cambio. Le reprochó además que mire «hacia otro lado» cuando Extremadura reclama financiación, infraestructuras o una posición clara sobre Almaraz, y lo presentó como responsable de una desigualdad territorial que, a su juicio, perjudica directamente a la comunidad.
Esa ofensiva contra La Moncloa se amplió al terreno migratorio, donde volvió a cargar contra el Ejecutivo por haber trasladado a las comunidades las consecuencias de un modelo fallido. Pero fue en el tramo final del discurso elevó más el tono al dirigirse de forma expresa a la bancada de la izquierda. "Señorías del PSOE y de Unidas: ustedes tienen un problema muy serio con la realidad", lanzó antes de acusarles de haber querido convertir el acuerdo con Vox en "una anomalía", de haber "dramatizado" y "agitado" para "tapar sus propias vergüenzas".
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