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martes, 04 agosto 2020
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JOSEFINA FERNÁNDEZ MIGUÉLEZ // CEO de DomusVi

Aprendizaje después de una crisis

ESTE AÑO, LOS TRADICIONALES FESTEJOS que han acompañado desde antiguo a la celebración de la festividad del Apóstol Santiago y el Día de Galicia tendrán que dar paso a una conmemoración más contenida y privada, menos social, como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Esta circunstancia, inédita en nuestra historia e impensable en el imaginario colectivo, pone de manifiesto que, aunque la ciencia parecía haber avanzado de manera exponencial en el estudio de las pandemias, el Covid-19 nos ha cogido a todos desprevenidos, sobre todo en lo que se refiere a los servicios sanitarios y los servicios sociosanitarios. También está claro que ha hundido en pocas semanas la organización y la riqueza de sociedades que, muy convencidas de su imbatible fortaleza, han sido humilladas de una forma comparable a lo que sucedía en la Edad Media.

Ahora resulta imprescindible que, una vez controlada la primera oleada de contagios, y a la espera de vacunas y fármacos bien probados, logremos convertir los cuatro meses que nos separan de la nueva llegada de la pandemia en lecciones que hay que aprender. Así, conseguiremos que los rebrotes nos encuentren preparados para reaccionar en el menor tiempo posible, y para evitar los demoledores efectos que la primera oleada del virus ha dejado incluso en las sociedades más avanzadas.

Dado que este rearme social y político presenta una enorme complejidad, no quiero convertirme en experta universal e improvisada de todas las facetas de este problema. Y por eso voy a dedicar los próximos párrafos a hablar de lo que conozco, que es la asistencia -integral o compartida- a las personas mayores que, por estar solos o ser dependientes, necesitan ser cuidados en residencias o centros de día.

Lo primero que tengo que decirles es que los riesgos de contagio y las dificultades para atender en los hospitales a las más de 370.000 personas mayores que viven en residencias no fueron debidamente advertidos, con la antelación necesaria, por ninguna autoridad política ni por ningún comité de expertos, que debían disponer de información suficiente para activar las alarmas, definir los protocolos, y prever los traslados a centros sanitarios. Es una obviedad recordar que, como miembros de pleno derecho del colectivo protegido por nuestro sistema sanitario, las personas mayores enfermas por coronavirus tenían y tienen pleno derecho a la hospitalización.

También debemos saber que una medicalización de las residencias, que pudiese liberar al sistema de salud de prestar asistencia a este grupo de población, no es posible ni conveniente. De otro modo, además de conducirnos a una duplicación completa del sistema de salud, elevaría el coste de las residencias a niveles inabordables, hasta hacerlas inasequibles para muchos que hoy -si excepcionamos el pico de esta pandemia que sorprendió a científicos y gobernantes- están perfectamente atendidos.

He aquí la tercera idea: la prestación sanitaria a la que tiene derecho una persona mayor que vive en una residencia es exactamente la misma a la que tiene derecho cualquier español -residente o no, joven o anciano- por el hecho de serlo, ya que se trata de un derecho universal e integrado en el llamado Estado del Bienestar. Ello significa, con toda claridad, que, quien debe decidir sobre el diagnóstico, traslado y atención de dichos pacientes a los hospitales son los facultativos del Sistema Nacional de Salud.

Dicho lo cual, en descargo de una injusta sectorización de los enfermos que ha afectado muy injustamente a la imagen de las residencias, quiero recordar que DomusVi, la empresa que dirijo y que tiene su sede social en Galicia, está activando un programa de “Cuidado Seguro”.

Este plan asume las experiencias del momento que hemos atravesado e implica nuevos métodos de trabajo que aseguran grandes avances en aspectos como la desinfección e higiene de instalaciones, recursos de seguridad y prevención de incidencias, servicios y terapias adaptados, formación continuada de los trabajadores, comunicación permanente con las familias y aprovisionamiento de material de protección, todo ello, como siempre, en pro de la seguridad de las personas que atendemos y de sus familias.

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