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Dépor y Celta, elegidos Gallegos del Año

Tanto herculinos como vigueses protagonizaron una excelente temporada en Segunda División lo que les ha permitido ascender de forma directa a la división de oro del fútbol español

La brillante trayectoria de Deportivo y Celta a lo largo de la temporada 2011/12, que les ha llevado a lograr el ascenso a la Primera División ha llevado a que las redacciones de EL CORREO GALLEGO, Tierras de Santiago, Radio Obradoiro y Correo Televisión les hayan otorgado, por unanimidad, el Premio Gallegos del Año correspondiente al mes de junio. Tanto herculinos como vigueses protagonizaron una excelente temporada en Segunda División lo que les ha permitido ascender de forma directa a la división de oro del fútbol español, con lo que Galicia volverá a tener, después de un año de sequía, fútbol en la máxima categoría, pues el Dépor había descendido la temporada anterior y el cuadro celeste llevaba cinco temporadas en Segunda.

Un fugaz paso por el desierto de la Segunda para lograr un ascenso con récord incluido
No fue aquel 21 de mayo de 2011 el mejor día en la vida de Augusto César Lendoiro. Es más, seguramente fue el peor día de su larga trayectoria como dirigente deportivo. Aquel fatídico domingo, una carambola a tres bandas propició el descenso de Deportivo, del Superdepor, a la división de plata del fútbol español, algo impensable poco tiempo atrás.

Sin embargo, lejos de amilanarse, y recuperado del durísimo golpe recibido, el presidente del conjunto herculino puso manos a la obra para que ese tránsito por el desierto fuese lo más breve posible, aunque los antecedentes indicaban lo contrario. Con mirar el ejemplo del sur de Galicia, estaba todo dicho. El Celta necesitó un lustro para recuperar la categoría.

Pero si hay algo que caracteriza a Lendoiro es su capacidad de lucha y, despedido el entrenador del descenso, Lotina, fichó a un joven técnico con poca experiencia en Primera pero con unas ganas enormes de comerse el mundo. El elegido fue José Luis Oltra, un valenciano de 43 años, que había sido cesado hacía pocos meses del Almería y al que se le encomendó al difícil tarea de llevar al equipo, en un solo año, de vuelta a la categoría de oro del fútbol español.

Para ello se mantuvo la columna vertebral del equipo (Aranzubía, Colotto, Manuel Pablo, Valerón, Guardado,...), aunque estaba por ver cómo este grupo de jugadores, acostumbrados al fútbol de Primera División, se desenvolvía en una categoría que le era ajena y de una exigencia física mayor.

Los primeros tiempo no fueron fáciles. Ni técnico ni jugadores parecían coger el truco a la competición. Tanto es así que comenzaron a aparecer las primeras críticas. Sin embargo, Oltra fue capaz de dar una vuelta de tuerca y, tras las dudas iniciales, asentó un once que encadenó una racha de victorias que llevaron al equipo herculino a encaramarse en lo más alto de la clasificación para no abandonarla hasta el final.

Fue el suyo un ejercicio de superioridad casi insultante, solo empañado por pinchazos puntuales en campos aparentemente fáciles. La serie sucesiva de victorias hizo que los aficionados herculinos se planteasen, con excesiva euforia, que el ascenso iba a ser pan comido. Nada más lejos de la realidad y al final hubo que luchar contodas las fuerzas para que aquello se convirtiese en realidad.

El cuadro coruñés, con los números en la mano, hizo un campeonato impecable, hasta el extremo de batir el récord de victorias y de puntos. Cerró los 42 partidos de Liga con 29 victoria, cuatro empates y solo nueve derrotas, habiendo marcado 76 goles y encajado 45.

Justo un año después, el presidente Lendoiro pudo darse por satisfecho y, aunque nada le hará olvidar el drama del descenso, el hecho de haber recuperado la categoría en una sola temporada, le habrá ayudado a superarlo. Ahora, de lo que se trata es de consolidar el proyecto para no sufrir un nuevo revés y para ello se confía en el técnico del ascenso. José Luis Oltra tendrá la posibilidad de llevar las riendas de un equipo que, si por algo se ha caracterizado, es por mantener la confianza en sus técnicas hasta las últimas consecuencias.

La decidida apuesta por la cantera gallega rescata al Celta de cinco años en el infierno
El Celta cumplió este año el tópico que suele repetirse siempre cuando un equipo se enfrenta a su máximo rival: "Es preferible perder el derbi y lograr el objetivo final de la Liga", bien sea ganarla o conseguir el ascenso. El conjunto vigués, aunque los mereció ganar, acabó perdiendo sus dos encuentros ante el Deportivo, en Riazor y en Balaídos, fatalidad esta que no le impidió finalmente firmar su vuelta a la élite del fútbol español. Y si se descuenta el trámite final ante el Córdoba, casi se podría decir que en la misma jornada que el conjunto herculino.


Con el ansiado ascenso, el Celta puso fin a cinco temporadas de peligrosa travesía por la Segunda División, en algunas de las cuales llegó incluso a flirtear con el fantasma de descender a la categoría de bronce. Lo hizo, además, con un once mayoritariamente gallego y de la cantera. Como muestra, un botón: en el partido del ascenso ante el Córdoba, el entrenador Paco Herrera alineó a nueve jugadores nacidos en la comunidad gallega. El mérito del regreso a Primera seguramente residió en esta razón, en la decidida apuesta por chavales de la casa, baratos y comprometidos en cuerpo y alma con la causa celeste.

Si se analiza detalladamente la trayectora del Celta en esta temporada, podrían diferenciarse distintas etapas, cuyas visagras que marcan el paso de una a otra coinciden con los dos enfrentamientos ante el Deportivo. De inicio, los olívicos se mostraron muy irregulares, pero en línea siempre ascendente, hasta llegar a Riazor en la jornada 13 en puestos de privilegio y con tres puntos sobre los coruñeses. La derrota allí, y de la forma tan injusta como se produjo, originó más dudas de las esperadas en los celestes, que encaderon dos nuevos fracasos consecutivos ante Hércules y Barcelona B. Cuando parecía que el objetivo se podía alejar definitivamente, llegó una extraordinaria reacción de trece jornadas sin perder, culminada con una brillante racha de triunfos frente a algunos de los gallitos de la categoría, como el Almería, el Elche o el Valladolid, que afianzaron al Celta en los puestos de ascenso directo.

Pero entonces, sería de nuevo el Dépor quien despertaría a los celestes del placentero sueño de éxitos en el que se había instalado, con un doloroso 2-3 en Balaídos. Y otra vez aparecieron las dudas y los malos resultados. Una derrota en Las Palmas y dos empates en Huesca y Cartagena permitieron al Valladolid arrebatarle la segunda posición en la tabla. El equipo castellano, entrenado por Miroslav Djukic, iba como un cohete y el Celta parecía condenado a disputar el play-off de tan triste recuerdo. Djukic puso toda la carne en el asador iniciando una guerra tan psicológica como sucia para desestabilizar a los jóvenes jugadores del Celta, que sin embargo supieron estar a la altura de las circunstancias: ni entraron en un intercambio chabacano de hostilidades, ni perdieron su concentración por las provocaciones del técnico serbio, como le había pasado a él mismo cuando erró el penalti que valía una Liga para el Dépor ante las muecas de sus rivales.

No, este Celta de jóvenes gallegos tiene oficio en la batalla. Por eso pese a perder dos con el Dépor, supo ganar su particular guerra.

EL DATO

Ascensos Deportivo y Celta nunca antes habían subido juntos a Primera División. En la temporada 1980-81, sí lo habían hecho a la categoría de plata desde la Segunda B a la que habían caído en uno de los peores trances por los que pasaron ambos equipos.  En aquella ocasión, sin embargo, fue el Celta el que lideró la clasificación tras una campaña espectacular con victorias en Balaídos y Riazor ante el Dépor, que ascendió como segundo. Aquel Celta de Pavic fue el que más puntos hizo hasta este año, que fue superado por el de Herrera. El Deportivo, por su parte, batió esta temporada el récord de puntos en Segunda.

07 dic 2020 / 08:10
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