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Premio Gallegos del Año de El Correo a los vecinos de Angrois

Ejemplaridad Las evidentes y continuadas muestras de arrojo, solidaridad, abnegación y entrega de los habitantes de este lugar en el accidente del tren engrandecen a Galicia

Las redacciones de EL CORREO GALLEGO, la edición digital de Galicia Hoxe, Terras de Santiago, Radio Obradoiro y Correo TV, eligieron, más por aclamación que por unanimidad, a los vecinos de Angrois como Gallegos del Año en su nominación correspondiente al mes de julio, distinción que les será reconocida públicamente el 24 de octubre, en la tradicional entrega de galardones que convoca este grupo de comunicación y al que asiste la más concurrida representación de la sociedad gallega.

El Rey don Juan Carlos elogió su comportamiento con cariñosas palabras que repitió también su hijo, el Príncipe de Asturias, al testimoniarle en persona esa admiración que con su actitud generosa y arriesgada, a prueba de temeridad, se granjearon en todo el mundo al acudir a socorrer a las víctimas del accidente del tren que en la tarde del miércoles descarriló al pie de sus domicilios y afectó al núcleo del lugar, a donde llegó uno de los vagones del fatídico tren.

Pocas veces como en la presente la decisión de buscar méritos que acrediten la valía de los nominados tuvo tal unanimidad, ya que la propuesta lo era de cuantos tuvieron la responsabilidad de elegir al Gallego del Año correspondiente al mes de julio.

Al hacerlo, el grupo de comunicación de la capital de Galicia no hace más que sumarse a ese sentimiento de admiración y aplauso a los hombres y mujeres del barrio compostelano de Angrois, pequeño y aislado lugar limítrofe con el populoso barrio del Castiñeiriño, y que ahora es universalmente conocido, como señaló el príncipe Felipe al señalarles como "ejemplo para todo el mundo", y que representan los más altos valores de solidaridad y ejemplaridad que persiguen siempre los premios de Gallegos del Año. Es difícil resumir en unas pocas líneas los muchos esfuerzos, abnegaciones e indesmayable trabajo protagonizado por ese poco más de un centenar de vecinos de Angrois en las tareas de rescate, sin pararse a pensar en la posibilidad cierta de un incendio o deflagración que hubiera puesto en peligro sus vidas.

Improvisando camillas, rompiendo cristales con toda la premura que la urgencia del caso requería, aportando mantas, agua, palabras de consuelo y hasta sus domicilios, Angrois escribió la mejor página de su historia dando ejemplo al mundo de lo que es espíritu ciudadano entendido en su más preclara significación.

Pero, más allá de ese esfuerzo inicial, el lugar de Angrois siguió siendo receptiva en los días posteriores al accidente al acoger siempre de buen grado a los centenares de periodistas que invadieron, en la urgencia de la crónica, casas y huertas, afectando seriamente a las cosechas.

En todo momento la disponibilidad inicial se mantuvo con entereza y generosidad al verse protagonistas de un desgraciado accidente que marcará para siempre sus vidas. Nada, en Angrois, volverá a ser como era menos sus gentes, que lo fueron ya para siempre ejemplo que asombra al mundo.

La vida ha de seguir para los vecinos del pequeño lugar. Y no estaría de más que, ya que el foco de la tragedia ha querido alumbrar la realidad cotidiana de una población trabajadora y humilde, ese mismo foco sirviera al menos para compensarles por la generosidad derrochada con la mejora de infraestructuras viarias y urbanas que hagan que vivir en Angrois sea mucho más que el recuerdo de la imagen de unos caminos estrechos por los que a duras penas llegó el relevo del auxilio que ellos prestaron antes que nadie.

07 dic 2020 / 08:00
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