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XXVI EDICIÓN

El restaurador José Rumbo ingresa en el selecto club de los Gallegos del Año

El propietario del Pasaje, por el que han pasado personalidades de todo el mundo, atesora gran prestigio a nivel internacional

El propietario del restaurante Pasaje, en la rúa do Franco, José Rumbo Noya acaba de ingresar en la selecta lista de los Gallegos del Año del Grupo Correo Gallego, elegido por las redacciones de los distintos medios que lo conforman.

El Pasaje está considerado como uno de los templos gastronómicos de una ciudad que cuenta con un más que merecido prestigio por la alta calidad de sus restaurates. Allí, Pepe Rumbo, con una decidida apuesta por la calidad y partiendo de un producto que aúna lo mejor de las rías y los campos gallegos, ha recibido a la mayor parte de las grandes personalidades que pasan por Compostela.

El mejor ejemplo de ello fue que la poderosa canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente Mariano Rajoy se decantaron por El Pasaje para la cena que mantuvieron el pasado mes de septiembre en la capital gallega, tras una cumbre política de repercución europea. Apenas unos meses antes fueron Akie Abe, la mujer del primer ministro japonés, Shinzo Abe, acompañada por la esposa del presidente español, Elvira Fernández, las que disfrutaron de la cocina de este local, que es punto de referencia para los amantes de la buena mesa y su propietario es un decidido defensor de lo mejor de la materia prima de nuestra tierra.

Con este galardón se quiere premiar la clara apuesta que el restaurador Pepe Rumbo hace por Galicia, su innegable labor de promoción de Compostela y su capacidad como emprendedor creando puestos de trabajo estables.

José Rumbo Noya nació en 1962 y a los once meses, sus padres, Manuel y Encarnación, dejaron a sus hijos al cuidado de hermanos y marcharon a Suiza, en busca de las oportunidades que no había en su tierra.

Después de la infancia en Arabexo y estudios en el Colegio Leus, de Carballo, la primera estancia en la ciudad que hoy le reconoce su trayectoria fue prácticamente de paso, con el regreso de sus padres, en 1978, pues solo cuatro años después se casa con Margarita, "la gran artífice", y reemprenden su viaje hacia Venezuela.

Tras aquella primera y breve incursión en la hostelería en el restaurante O Noso, que su padre había creado en A Raíña, con el esfuerzo de la emigración, Rumbo agranda su experiencia con el trabajo en dos de los más importantes locales de la capital venezolana y allí conoció a la persona que le daría el impulso definitivo: Rogelio Cisneros, gran empresario que frecuentaba los restaurantes y que se convirtió en su amigo y protector.

El empresario cubano radicado en Venezuela buscaba buenos trabajadores para la red de áreas comerciales que pretendía crear y en Rumbo encontró no solo una persona que respondía a sus requerimientos, sino también a un amigo que aún hoy lo es, a pesar de sus intentos por retenerlo en ultramar, frente a la firme decisión de José de regresar. De la mano de Cisneros, Rumbo cursó un máster de administración y gestión de empresas en el tiempo libre que le dejaba su trabajo y consolidó la vocación empresarial en la restauración.

Aquella experiencia en el Casa Juancho, que fue designado el mejor restaurante de Sudamérica, hizo concebir una idea de lo que querían emprender. La vuelta fue determinada por el nacimiento en Venezuela de su primera hija, Vanessa, pues siempre quiso que se formaran, ella y su hermana Silvia, que ya nació aquí, en su tierra.

En Santiago, colabora primero en el restaurante de su padre y toma después las riendas del negocio. En O Noso, en la rúa da Raíña fue creando una clientela que aún le es fiel, para dar el paso definitivo, y en el que más arriesga: la adquisición y modernización del viejo El Pasaje, la culminación de un proyecto de alta restauración.
Sin embargo, aquel sueño siempre tuvo el contrapunto de una realización con los pies en la tierra. Para José Rumbo, el restaurante tiene que esmerarse con el mejor producto gallego y tiene que ser de los compostelanos. Debe atraer al buen gastrónomo local, pero, como la ciudad, que es íntima y cosmopolita, los parroquianos en El Pasaje comparten mantel y una de las mejores cocinas de Santiago con personajes del arte y la cultura, del deporte, de la política, como la reciente visita del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con su homóloga alemana, Ángela Merkel; o premios Nobel como Rigoberta Menchú u Oscar Arias, y otros que quizá lo sean en el futuro, como Nélida Piñón, asidua del local.

La sincera humildad que le lleva a afirmar que él no debía obtener el galardón antes que otros hombres y mujeres que desarrollan su actividad en Santiago, no le impide considerarse un buen profesional. Pero siempre acompaña este legítimo orgullo con el reconocimiento de que se basa en pilares al alcance de todos: el trabajo duro, la responsabilidad, la calidad de los productos y su tratamiento, y, siempre reitera, no olvidar que son los clientes los que avalan la grandeza de un negocio.

Con estos principios, pero siempre con El Pasaje como su primera apuesta, el espíritu emprendedor de José Rumbo le ha llevado a la promoción de otras iniciativas empresariales, de manera que su tesón le ha permitido crear y consolidar numerosos puestos de trabajo cuando éste es un bien tan escaso.

Solo la amistad puede llevarle a decisiones que el empresario no adoptaría, porque siempre ha sostenido que es en este ámbito donde más claramente ha constatado los resultados de aplicar los principios que rigen su existencia y donde cree que tiene, tras la familia, su principal patrimonio.

07 dic 2020 / 07:35
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