José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".
Así es la maqueta del 'Titanic gallego' hecha por un vecino de Santiago: "Lleva 1.400 clavos"
Martín García Piñeiro
José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".
Así es la maqueta del 'Titanic gallego' hecha por un vecino de Santiago: "Lleva 1.400 clavos"
Martín García Piñeiro
José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".
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Martín García Piñeiro
José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".
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Martín García Piñeiro
José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".
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Martín García Piñeiro
José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".
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Martín García Piñeiro
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Martín García Piñeiro
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José Antonio Barreiro recorría desde los 15 años las piedras de la isla de Sálvora en busca de mexilla (cría de mejillón) para la batea familiar de Vilagarcía de Arousa. Una rutina marinera que dio un vuelco importante en el invierno de 1966, cuando el mar sacó a flote un cadáver. Pese a que por aquel entonces Barreiro era ya un veinteañero curtido, aquella imagen lo perseguirá siempre. "Imagina el impacto, porque estaba sin ojos, desecho... Aquello me marcó".