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Frans Brüggen con la Real Filharmonía

POR RAMÓN GARCÍA BALADO

Frans Brüggen aparece en un nuevo encuentro con la Real Filarmonía de Galicia, después de que hace un año le hubiésemos tenido en distintas circunstancias con la misma formación contando con el violinista R. Zehetmair para el concierto de Beethoven y una sustanciosa suite de Rameau de Naïs, materia de especial interés en quien siempre fue consumado flautista y director.

Su formación por excelencia, la Orquesta del Siglo XVIII, llegaría como un proyecto de vocación mozartiana con las pretensiones de abordar la música del clasicismo y del barroco tardío según las lógicas características instrumentales que demandaban. Se trataba en definitiva de escuchar un Mozart con el timbre, el color, el tempo, la mentalidad y demás aspectos que le eran propicios.

Sobre un monográfico del salzburgués fue la sesión de esa ocasión y se servirían dentro de los planteamientos estilísticos que irradiaba la forma de la Serenata, observable al tiempo en la Sinfornía nº 35 en Re M.K. 385, embargada en aspectos reconocibles por sus modos y planteamientos. Un convite a la postre de fina repostería con entrante de trazos propios de fastos protocolarios por la Marcha K.249.

El Brüggen de las composiciones seguidas, pero con su formación familiar, conduce a inevitables comparaciones que, ni son pertinentes, ni vienen al caso porque los medios varían sustancialmente.

Hace unas temporadas este director se las vio para llevar a buen puerto una puesta de la La flauta mágica en el Teatro Real con posibilidades de corte similar contando en el foso con la Orquesta Sinfónica de Madrid, un ejemplo más de profesionalidad sin restricciones y con rendimientos artísticos que, según opiniones autorizadas, cundió dentro de las exigencias de obra tan común.

El entusiasmo de Mozart

Mozart, entre el entusiasmo y la desconfianza, porque de eso iban sus expectativas cuando en la Salzburgo de sus frustraciones habrían de cumplir con rigurosa prontitud las sugerencias que le confiarán los Haffner, Antretter o Londron. Obras aparentemente intrascendentales aún admitiendo que la corte contaba con una excelente orquesta arzobispal.

Para ella vendrían obritas en la medida de las Tafelmusik y para los grupos pretendidamente aristocráticos, lo que llamaban los conciertos acadèmie. La Serenata en Re M. "Haffner"K.250 destila las virtudes de un talante muy rococó, música en su esencial de Mozart más joven y traslúcido por su capacidad balsámica.

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