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Ventura Cores: “La ciudad de hoy me parece caótica y resulta inhabitable”

“La arquitectura de interiores es apasionante. Muchas veces llegué a cambiarle la vida a quienes me contrataron”

Ramón Escuredo

Ramón Escuredo / Luis Pousa• Santiago

Luis Pousa• Santiago

Nacido en Cee, criado en Santiago y afincado en Pontevedra, Ventura Cores Trasmonte es uno de los pioneros en Galicia en la arquitectura de interiores. Pese a los cambios estéticos, tecnológicos y de materiales registrados en los últimos treinta años, algunas de sus obras han resistido el paso del tiempo y han ganado dimensión histórica en el plano más cultural y artístico. Es el caso del Pub Dado Dadá, uno de los símbolos progresistas de la Compostela de finales de los años setenta, y todavía hoy templo del jazz y de la mejor música en vivo. Por allí han pasado ya varios generaciones de artistas, sindicalistas, escritores, periodistas y librepensandores. Algunos ya fallecidos, como Roberto Vidal Bolaño, Amor Deus, Diego Bernal, Anxo Rei Ballesteros, y el propio dueño del local, Carlos Asorey. Tras dejar la Escuela de Aparajadores de Madrid, Ventura Cores se especializó, entre Madrid y Barcelona, en diseño de interiores, diseño industrial y diseño gráfico. Esa ha sido y es su profesión y su vida, una vocación que siempre ha compartido con su afición a la pintura y al dibujo. Han tenido que pasar 25 años para que el autor vuelva a exponer sus últimas obras (Ouriol Galería de Arte, República del Salvador, 4 bajo, Santiago de Compostela).

_ ¿Por qué entra en el mundo del interiorismo?

_ Digamos que soy un estudioso de la arquitectura a nivel de libros y revistas; comparaba todo, leía todo lo que salía sobre arquitectura, actual, clásica, moderna. Para mí el interiorismo tiene un algo especial; digamos que haces un servicio muy directo a una familia muy concreta. Montones de veces, incluso en las últimas obras que hice aquí en Santiago, como me gusta tanto y lo analizo todo, llegué a cambiarle la vida a personas que me hicieron un encargo, al convencerlas de que era mejor ir a espacios más amplios, incorporar algunas cositas a los salones, etc. Cada caso es cada caso, por eso la arquitectura de interiores es apasionante.

_ ¿Hay que tener muy en cuenta la personalidad de los clientes?

_ No y sí como psicólogo, pero el conocimiento que adquieres profesionalmente a lo largo de los años, a base de estar con gente y hablar con ella, influye. Nunca empecé un proyecto sin antes dedicarle un mes o dos meses a comer con los propietarios, tomar unos cafés o unos vinos, porque gracias a lo subliminal de las conversaciones vas sabiendo qué gustos musicales tienen, qué tipo de pintura le gusta, etc. Hacer ese anteproyecto es la parte más interesante de la obra.

_ ¿Cómo define usted a un interiorista?

_ La arquitectura es sobre todo el espacio. Decía Mao Tse-tung que la arquitectura son unas paredes y un techo, pero la verdadera es el aire que queda dentro, o sea, el espacio. En eso hay que ser muy delicado, porque si no analizas y estudias es fácil fracasar, y caer en la vulgaridad. Si puedo presumir de algo en esta profesión es que siempre me gusto ir por delante, en vanguardia. De hecho hay obras mías que llevan 30 años hechas y son de una modernidad absoluta.

_ ¿Por ejemplo, el Dado Dadá?

_ Fue una experiencia tremenda porque cuando el padre de Carlos Asorey, mi amigo Carlos, que murió, me llevó a ver el local, éste era como una sima en el océano. Fue abrir una puerta y ver un hueco hondo excavado, sin nada más. El padre de Carlos me preguntó, "¿qué se puede hacer aquí’?" Yo le respondí: "nada". Él confiaba mucho en mí, y me anduvo mucho encima, hasta que un día le dije: "Buenos, vamos a trabajar". Que quisiera convertirlo en un lugar de jazz me tocó la fibra sensible. Por eso hay en la obra un recuerdo vago de los años treinta, con el color negro y blanco, y con los cromados porque de aquella no había acero inoxidable. Había un fondo de espejos, que luego no se utilizó así, que quería recordar un poco aquellos pequeños escenarios de las cuevas de jazz en los gloriosos años treinta y cuarenta.

_ ¿Aparte del Dado, de qué otras obras se siente más orgulloso?

_ Siempre me quedé muy contento, y los propietarios contentísimos, de la Casa de Cornide. Cuando la cogimos estaba en ruina total, e hice un diseño integral, desde el primer azulejo hasta la cubierta. Diseñé todo, pieza por pieza y metro por metro, y creo que esa obra tuvo un cierto éxito. Luego en las obras que son cara al público, la gente tiene poca sensibilidad para ser capaces, como hicieron los del Dado, de mantener estrictamente la obra, y de que cualquier reforma hacerla con asesoramiento mío o sabiendo el respeto que hay que guardar. Otras obras fueron desvencijadas al pasar a otros dueños, porque los nuevos cambiaron el techo pero no las butacas, o cambiaron las butacas pero no la barra, con lo que queda un popurri que es un desastre.

_ ¿Su obra realizada qué zona geográfica abarca?

_ Toda Galicia menos la provincia de Lugo.

_ ¿El hecho de pasar su adolescencia y juventud en Santiago ha influido en su obra?

_ Mucho. Una de las cosas más mágicas que descubrí en la vida fue el románico y el barroco. Marcaron toda mi trayectoria personal y profesional. El que va a una capilla románica o a una catedral románica sabe que su arquitectura predispone al hecho religioso. La mayoría de los arquitectos de hoy, si tenemos en cuenta lo que están diciendo, no saben lo que es la proporción de la que hablaban los clásicos. El número phi, la perfección de la proporción. A mí, de niño, me impresionaba un poco entrar en la nave central de la Catedral, porque obliga al silencio. A una meditación en términos orientales, que es lo que a mí me gusta, y no a una religiosidad falsa. Esas ventanas muy pequeñas, perfectamente orientadas, de forma que entra el sol por el este y casi sale por oeste, son unas luminarias que parecen escenografía. En una nave románica se puede representar desde Otelo a Parsifal o cualquier otra ópera, porque es el espacio perfecto.

_ ¿Cómo percibe hoy las ciudades?

_ Las ciudades actuales me parecen caóticas. Están fuera de escala. Hay dos tipos de escala: la del territorio y la humana. Las dos tienen que estar perfectamente compaginadas. La escala humana no quiere decir el tamaño del hombre, sino cómo está hecha esa ciudad para que sea habitable. La ciudad vieja de Santiago tiene un urbanismo fenomenal, anónimo, pero quienes lo hicieron sabían perfectamente construir una ciudad, las calles adecuadas al clima, no muy anchas y siempre tortuosas, porque aquí los temporales son del suroeste o del nordeste. La protección solar que tiene en el verano la zona vieja es perfecta. Y cada cincuenta metros de una calle se abre una plaza. Que me perdonen, pero hoy, separando aquellos que son buenos, la mayor parte de los arquitectos no tienen ese concepto de ciudad, sino un concepto especulativo. Hoy la ciudad se caracteriza por la ausencia de diseño y por estar muy mal construida. Diría que prácticamente es inhabitable; hay que habitarla porque no queda más remedio. Hace años hubo una emigración de la zona vieja a la zona nueva, porque decían que era una maravilla, ahora, cuando quieren regresar, ya es tarde.

_ ¿Qué le dice el paisaje?

_ El paisaje me lo dice todo. Por ejemplo, el paisaje de Cee que yo viví es completamente distinto del paisaje de O Courel. Para mí el paisaje casi se puede reducir al mar. Cuando me acerco al mar y lo huelo desde lejos, me produce una transformación total de mi persona. Es muy fuerte. El paisaje interior me gusta, y por cierto se está deteriorando de una forma alarmante. Esos alcaldes que dan permiso para todo, del tú haz el galpón y luego ya harás la casa encima y esas cosas.

_ ¿Cuál es su opinión sobre la Ley de Protección del Litoral?

_ Es una pena que esta decisión no se pudiera tomar antes porque gobernaba otro, pero me parece fenomenal. Hay que proteger lo poco que nos queda. Si los pueblos marineros se llenan de paseos marítimos, que al final no son más que aparcamientos de coches, acabarán consiguiendo que nadie vaya allí, porque no tienen ningún aliciente.

_ ¿Las directrices del territorio son una necesidad urgente?

_ Son imprescindibles. Hay un deterioro brutal del territorio y del paisaje. Sanxenxo, Barro y todo aquello es catastrófico. Hace años que dejé de ir por allí. Es una vergüenza que exista un deterioro tan oficilizado.

_ ¿Cuánto tiempo hacía que no pintaba?

_ Realmente nunca dejé de pintar, pero de exponer sí. Podría hacer varias obras de arquitectura a la vez, y feliz y contento, pero cuando tengo que hacer una exposición me agobia tanto que me deja en fuera de juego.

_ ¿Por qué le ha dado por pintar esas figura enormes?

_ Porque en el expresionismo es donde mejor reflejo mi carácter y mi forma de ser. Para potenciar una figura, a veces hay que tender a una deformación controlada y con mucho color. Me encontré muy a gusto pintando estos personajes: de los grandes son 28 , de 1,36x1,86; hay 11 dibujos de línea muy limpia y muy pura, sin otros alardes más que la mano del dibujante; y hay tres cuadros pequeños.

_ ¿En estos momentos qué colores se llevan más desde el punto de vista arquitectónico?

_ En esto siempre me revelé contra la moda. En arquitectura interior utilizo el color después de un análisis muy profundo. Una vez me ocurrió que en una casa toda blanca, muy racionalista

– el menos es más, que diría Mies van der Rohe– , en el fondo de un largo salón puse una pared toda de negro-negro, pero muy brillante. Lo había analizado mucho tiempo, porque era algo arriesgado y los propietarios tenían dudas. Necesitaba que aquella pared del fondo viniera hacia mí, y eso lo consigues con un color negro, y no con otro, porque si lo pones con un rojo o un amarillo se te escapa. Con esto te quiero decir que nunca utilicé un color por estar de moda.

_ ¿Usted tiene en cuenta la evolución de los materiales y de las tecnologías?

_ Claro, claro. Cuando yo empecé a trabajar, poco más había que azulejo de 20x20, el cemento era malo y las herramientas que teníamos eran mínimas. Esa tecnología ha cambiado mucho y hay que estar al día. La arquitectura es algo más que un diseño en papel o en ordenador; la arquitectura es arquitectura cuando se construye. Mientras esté en un papel es un proyecto, pero no es arquitectura.

EL PERFIL

Casi era un experto en flamenco y jazz

-¿En qué lecturas anda?

Estoy con Los libros arden mal de Manolo R­ivas. Y sigo leyendo a Lorca, cuya obra tengo permanentemente sobre la mesilla de noche.

-¿Va con frecuencia al cine?

Últimamente, poco. A mí me sigue gustando mucho el cine de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta hasta los setenta.

-¿Y al teatro?

Al teatro voy muy poco porque en Pontevedra no hay mucha oferta teatral.

-¿Qué tipo de música prefiere escuchar?

Diría que casi era un experto en flamenco y en jazz.

-¿En flamenco?

Sí, en flamenco. Porque aparte de tener unas cuantas antologías, fui muchas veces al sur a ver en directo grandes actuaciones. En Andalucía el flamenco se respira hasta en las trastiendas de la ferreterías; en los patios interiores. Ahí el flamenco es puro.

-¿Adónde le gusta viajar?

Nunca fui muy viajero: ¡hombre!, España la conozco bastante bien. Hace tiempo que no voy, pero me encanta La Mancha. Para mí es el paisaje más pictórico que existe en España: son preciosos esos ocres pardos, esos ocres amarillos, y luego, como es muy plana, hay unas apuestas de sol increíbles. Es más pictórica que Galicia, porque Galicia es más bonita para ver; hay tal profusión de verdes y de amarillos que para la pintura es complejo e incluso empalaga un poco.

-¿La arquitectura es arte?

Para mí sigue siendo el arte de las artes, aunque quizás hoy menos, porque hay los grandes arquitectos estrella como Foster, Calatrava y compañía. Eso son manifestaciones puntuales, pero la arquitectura anónima de la parte vieja de una ciudad como Santiago o Pontevedra es una maravilla; está hecha a escala humana, con muchas plazas, muchos recovecos, yo aún gocé estas plazas cuando era niño, las teníamos dominadas. Para mí la arquitectura es un proceso entre artístico y científico, que aglutina la genialidad del arquitecto y la tecnología, y luego está en función del hombre. La pintura lo está menos, lo está más en función del artista o de las modas o de los galeristas...Desde Grecia, Roma y, sobre todo, en el gran Renacimiento, la arquitectura aglutinaba a todas las artes.

-¿Cuáles son sus preferencias en artes plásticas?

Cierto abstracto me gusta mucho. De hecho tengo una buena colección de obra gráfica abstracta, informalista, etc. Pero, en cambio, a la hora de pintar, me gusta estar siempre muy en función del ser humano: para mí ese es el leimotiv de una exposición, con ciertas deformaciones. Yo me encuentro a gusto entre el expresionismo y el cubismo. Porque el cubismo da paso a la abstracción y el expresionismo pone en línea todos los sentimientos del hombre, tiene una gran implicación con la figura humana.

-¿Qué tal se lleva con el teléfono movil?

Muy bien.

-¿Y con el PC portátil?

No soy aficionado a este tipo de tecnologías.

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