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Fotógrafos con historia

Valentín Varela fue todo un personaje y el último 'minutero' de la Alameda ·· Ahora están a punto de cumplirse cinco años de su muerte y su hija pide una placa en la Herradura, para él y sus seis compañeros

Fotógrafos con historia

Fotógrafos con historia / SANDRA CUIÑA • SANTIAGO

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SANDRA CUIÑA • SANTIAGO

Durante muchos años formaron parte del paisaje de la Alameda. Su labor fue valiosísima, sobre todo en una época en la que prácticamente nadie podía permitirse tener una cámara de fotos. Son los 7 fotógrafos de la Alameda: Valentín, Angelito, Serafín, Rafael, Benigno, Santiago y José.

Usaban cámaras minuteras, que se llamaban así porque en 60 segundos se podía disponer de las imágenes impresas. Gracias a ellas, muchos visitantes y compostelanos han podido guardar en un álbum instantes únicos de su vida. Ahora, la hija de Valentín Varela, Horacia, quiere que se les recuerde como se merecen: con una placa conmemorativa en la Alameda. "Creo que se merecen este homenaje, porque pasaron casi toda su vida ahí. Mi padre ya tiene una calle con su nombre en su barrio y le estoy muy agradecida al alcalde, pero considero que en la Alameda debería haber una placa con el nombre de los 7 fotógrafos que pasaron toda su vida ahí". Valentín fue el pionero de todos ellos y también el último en marcharse de la Alameda. Allí, con su inseparable bata azul y su cámara roja, se convirtió en todo un personaje, gracias a su don de gentes y a su carácter afable y charlatán. Con su cámara retrató a miles de personajes. De hecho, falleció en 2004, tras casi setenta años continuados trabajando en la Alameda. Pero antes de convertirse en fotógrafo tuvo un sinfín de oficios. Nacido en el Ayuntamiento ourensano de Parada de Sil, con sólo siete años de edad se recorría a pie los pueblos del norte de Portugal con la rueda de afilar a cuestas. Con ocho años vendía barquillos en las verbenas, a pesar de que el bombo donde los transportaba le superaba con creces en tamaño. "Me contó que una vez que iba a una feria le sorprendió por el camino una tormenta. Al verlo, unos señores que iban en un Mercedes pararon y lo recogieron. Se quedaron tan sorprendidos de que un niño tan pequeño pudiese con el bombo de los barquillos que le dieron 200 pesetas, por su esfuerzo", explica Horacia. Después de los barquillos, montó una fábrica de helados, hasta que el servicio militar lo trajo a la ciudad que se iba a convertir en su hogar definitivo. "Conoció a alguien que le enseñó a hacer fotografías, y ya decidió dedicarse a esto para siempre. De hecho, se fue de la Alameda con más de 90 años, y porque no le dejamos que continuara". Una de sus mejores épocas fue durante la Guerra Civil. "Muchos hijos, novios y novias, querían tener un recuerdo de los suyos cuando se iban al frente, y como por aquel entonces aún no había estudios de fotógrafos venían a la Alameda". El jueves también solía ser un día de mucho trabajo para Valentín, al menos mientras Santa Susana albergó la feria de ganado, ya que muchos paisanos aprovechaban para hacerse las fotos para el carné de identidad... Ahora que están a punto de cumplirse cinco años del fallecimiento de Valentín, Horacia espera que por fin a él y a sus compañeros de oficio se les dé el lugar que nunca debieron abandonar.

. sregueira@elcorreogallego.es

LAS CLAVES

Un trabajo muy artesanal

La primera cámara de Valentín le costó 250 pesetas. Su cámara roja de madera era inconfundible. La caja se la encargaba a los carpinteros de la rúa Cantaleta; las ópticas y objetivos a Bermejo o Tino Martínez; los productos fotográficos los compraba en droguerías y, en casa, elaboraba manualmente los formatos.

Dos retratos al precio de 1 peseta

Valentín hacía el revelado dentro de la propia cámara. En un cubo llevaba el líquido de fijación. Todo el equipo pesaba unos 30 kilos. En los años 30 entregaba dos fotografías por una peseta. En una verbena de esa época podía llegar a ganar 50 pesetas. En el año 2000, el precio de sus retratos era de 6 euros por dos imágenes .

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