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La longevidad no es vejez

ENRIQUE SANTÍN

LONGEVIDAD significa, literal y etimológicamente, mayor duración de la vida y esta realidad supone correlativamente atrasar la vejez y el correspondiente proceso de envejecimiento que se produce en las personas por la acción del tiempo. En todo caso, la mejor manera de vencer a la vejez no es la longevidad o mayor duración de la vida, sino llegar al momento de la muerte en las mejores condiciones posibles. Por eso, se dice que es mejor darle vida a los años, que años a la vida y el Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, afirmaba que "la calidad de vida es más importante que la vida misma".

De acuerdo con lo dicho, García Márquez sostenía que "la vejez no es cuántos años tienes sino cómo te sientes". Esto es tan evidente que el propio estado de ánimo de las personas depende de cuál sea el espíritu que las anima en la vida, pues es evidente que los jóvenes que se sienten viejos son sicológicamente viejos y los viejos que se siente jóvenes son sicológicamente jóvenes. El propio Alexis Carrel antes citado, distinguía entre la edad cronológica y la edad biológica, dándole preferencia a ésta sobre aquélla.

No cabe duda que los hábitos más saludables de la alimentación y vida de las personas, unidos a los avances de la medicina genómica en la prevención, detección y cura de las enfermedades, han retrasado el proceso de envejecimiento del ser humano y contribuido a que la vejez no sea la compañera inseparable de la ancianidad. Con frase muy gráfica resume ese pensamiento Víctor Hugo, cuando dice "los cuarenta son la vejez de la juventud y los cincuenta la juventud de la vejez".

La vejez no está ligada necesariamente a la incapacidad física, pues, como dice la doctora en gerontología Rocío Fernández Ballesteros, "al envejecer, la salud y la longevidad dependen en un 25 % de aspectos físicos y en un 75 % de aspectos conductuales" y ateniéndose a esos datos, es acertada la afirmación del doctor Ricardo Moragas insistiendo en que hay que luchar contra la idea de que el viejo es funcionalmente limitado. "La mayoría de la población anciana", concluye dicho autor, "no se halla impedida".

Cada vez son más numerosos los casos de envejecimiento activo que, según la Organización Mundial de la Salud, consiste en "el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen".

En definitiva, con independencia de los genes, el envejecimiento o la senescencia varían en función del ánimo, la disposición y la actitud de cada persona, al enfrentarse con el deterioro paulatino de los órganos y de sus funciones asociadas en que el envejecimiento consiste.

El ejemplo más elocuente de optimismo vital y de rechazo a la vejez lo resumió Francis Bacon, muy irónicamente, con la frase, "nunca seré un hombre viejo. Para mí la vejez es siempre quince años más tarde".

El optimista antropológico Juan Jacobo Rousseau sostuvo que "el hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida".

Finalmente, puede decirse que si la vida es actividad, mientras esta subsista y se mantenga en condiciones óptimas y aceptables, la ancianidad se detiene y la vejez se retrasa porque, como afirmó Erich Fromm, "vivir es nacer a cada instante".

Jurista y exprofesor universitario

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