Protectoras desbordadas ante el aumento de animales en los refugios: “Está siendo un verano asfixante”

Al gasto en pienso y medicación, “disparado” en los últimos meses, se sumará en breve una subida salarial de los veterinarios del 4,5%

Yadira Tenreiro, gerente de la empresa que gestiona el refugio de Mougá, en Ferrol

Yadira Tenreiro, gerente de la empresa que gestiona el refugio de Mougá, en Ferrol / CEDIDA

Está siendo un verano asfixiante. Estamos a tope”, dice Gloria Cubas, presidenta de la protectora Os Palleiros de Pontevedra. En las instalaciones de esta protectora cuidan en estos momentos a algo más de 90 perros. Solo en lo que va de mes han tenido que hacerse cargo de veinte canes. Muchos llegan “sin sociabilizar”, por lo que no pueden compartir canil con otros animales, lo que complica la gestión del espacio en la protectora.

A pesar de que es obligatorio identificar a los animales con su correspondiente microchip, son mayoría los que llegan sin él, por lo que resulta imposible localizar a sus dueños. “Muchos se pierden o se escapan de su casa, pero no tenemos manera de contactar con sus propietarios. Algo que se solucionaría simplemente si contasen con este dispositivo”, señala la presidenta de Os Palleiros sobre un problema común a todas las protectoras.

Y cuantas más bocas que alimentar, más cuentas hay que hacer. En Os Palleiros han tenido que incrementar el precio de las adopciones, de 60 a 80 euros, para intentar hacer frente a los gastos que supone mantener abierto el refugio. “El perro va esterilizado, con microchip, vacunado y desparasitado por dentro y por fuera”, explica Gloria Cubas, pero el incremento “no da para cubrir los gastos”. “Estamos todo el día pensando en cómo pagar las facturas”, dice.

En el refugio de Mougá hay en estos momentos unos 130 gatos / cedida

En el refugio de Mougá hay en estos momentos unos 130 gatos / Cedida

Tampoco dan las cuentas en la protectora Arca de Noia. El colectivo, activo desde hace una década, ha lanzado un SOS para evitar su cierre, incapaz de atender a tantos animales y sufragar los gastos que supone alimentarlos y cuidarlos. Tras pagar una factura de 5.700 euros de una sola clínica veterinaria por una epidemia de paluecopenia felina, una enfermedad muy agresiva que afectó a los 18 gatos recogidos en abril y mayo (de los que 4 murieron), la protectora noiesa no puede seguir afrontando el pago de mil euros al mes que implica la residencia de perros y los 3.500 euros que tiene de media en gastos de veterinaria. “Estamos desbordados. No tenemos acogidas ni adopciones. Tenemos cientos de gatos. Estamos aportando dinero de nuestros bolsillos y cuidando gatos en nuestras casas. Yo, por ejemplo, tengo 25 en la mía”, señala Lira Sierra, la vicepresidenta de la entidad. “Los únicos ingresos que tenemos son los cinco o diez euros al mes que aportan los socios y lo que recaudamos en el mercadillo solidario en el que vendemos productos de segunda mano”, explica.

En cuanto a las castraciones para evitar la superpoblación de felinos, Lira Sierra señala que “la gente está cada vez más concienciada, pero la realidad es que muchos siguen sin hacerlas, con argumentos tan peregrinos como que les da pena”. “No hay que humanizar a los animales”, continúa. Según Sierra, castrarlos es hacerles un favor cuando se trata de evitarles sufrimientos y malas condiciones de vida”. Al respecto, indica que en Noia hay actualmente unas cien colinas felinas (la media es de cinco o seis ejmplares en cada una, pero hay alguna de veinte).

Asociarse, hacer donativos, comprar en su mercadillo pero, sobre todo, ofrecer casas de acogida pueden permitir reflotar la protectora. “Si no, no podremos seguir salvando vidas. Sólo pedimos casa y cariño para los animales”, señala Lira.

En Ferrol, el refugio mancomunado de Mougá atiende actualmente a unos 110 perros, un 20% por encima de su capacidad, y en torno a 130 gatos, más del doble de lo previsto cuando se creó el espacio. “El verano está siendo bastante duro”, señala Yadira Tenreiro, gerente de la empresa que gestiona las instalaciones. Según cuenta, este año se ha duplicado el número de entregas autorizadas, es decir, las que realizan los propietarios de animales que por diferentes circunstancias no pueden mantenerlos. “Llevamos unos 20 este año”, confirma.

También en este refugio de Mougá se pasan el día haciendo cuentas. “Lo de los gastos es una locura. Están disparados”, afirma Tenreiro sobre un incremento de precios que ha afectado tanto a la alimentación de los animales, como a los desparasitadores y a los medicamentos. “Estamos en un palé y medio de pienso de perro al mes y en unos diez kilos diarios de pienso de gato al día, más la alimentación húmeda y la de los gatos bebé”, explica.

Gastos a los que se sumará, en breve, el incremento salarial previsto en el convenio del personal veterinario y que alcanza el 4,5%. “Es otro incremento que habrá que asumir”, indica Tenreiro. El refugio ferrolano tiene cinco trabajadores en nómina, de los que uno es veterinario y cuatro son auxiliares de veterinaria. “En cualquier centro como el nuestro, que sea de concesión pública, el gasto más importante es el laboral”, explica, porque “hay que dar servicio las 24 horas los 365 días del año”. “Hacen falta cuatro personas solo para eso”, recuerda Yadira Tenreiro, que, como buena parte del personal de las protectoras, se lleva el trabajo a casa, donde la esperan cada día sus siete perros y dos gatos. “Si no me apasionara esta vida, no podría dedicarme a esto”, dice.

El que también dedica muchas horas a su labor en la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Lugo, de manera totalmente voluntaria, es su presidente, Alberto Losada. La entidad cuenta ahora mismo con unos 330 perros a su cargo, de los que unos 130 están en casas de acogida y los 200 restantes en el albergue. “Y hay que darles de comer”, recuerda Losada. Un gasto que en todo el año asciende a entre 30.000 y 35.000 euros.

Uno de los retos más acuciantes para el albergue tiene que ver con la población de gatos. Y es que el número de felinos recogidos se ha duplicado. Cada año recogen unos 200, con lo que eso supone. “Hace falta mucho dinero para mantener el servicio”, reconoce Losada, para quien una de las mayores preocupaciones es que la falta de voluntarios impide que todos los perros puedan salir a pasear. “Algunos están varios días en los caniles sin poder salir. Es algo a lo que también urge buscar solución”, lamenta.