I Premio Internacional Afundación de Investigación Educativa | Robert F. Arnove Investigador en educación comparada

“El rol de la Universidad no es formar trabajadores, sino abrir las mentes”

“Los padres tienen un papel en la educación de sus hijos, pero no puede ser el de destruir la autonomía de los maestros”

“El profesor no puede acudir al aula a depositar conocimientos como si se tratase de una oficina bancaria”

Robert Arnove, especialista en Educación Comparada: "creo que el consenso en educación es necesario al igual que en torno a todas las políticas nacionales"

Jesús Prieto

“Me encanta Galicia, tenéis una región preciosa y con infinidad de encantos: el albariño, el pescado, el marisco...”. Quien habla es Robert F. Arnove (Michigan, EEUU, 1937), uno de los investigadores más reputados a nivel mundial en el ámbito de la educación comparada. Esta semana se encuentra de vuelta en la comunidad y a buen seguro podrá recordar (y paladear) los encantos de una región que lo enamoró en su primera visita en 1989. En este caso acude para recoger el I Premio Internacional Afundación de Investigación Educativa con el que esta entidad pretende llenar el vacío existente “en torno al reconocimiento de un área de estudio científico de relevancia incalculable para nuestro progreso”. El investigador ha querido legar la totalidad del importe de este reconocimiento (12.000 euros) a la Sociedad Española de Educación Comparada. Atiende a EL CORREO en la sede compostelana de Afundación, justo antes de recoger el premio.

Robert F. Arnove en el momento en que recogió el I Premio Internacional Afundación de Investigación Educativa

Robert F. Arnove en el momento en que recogió el I Premio Internacional Afundación de Investigación Educativa / Jesús Prieto

Usted defiende que son los buenos maestros quienes consiguen forjar un buen alumno...

Francamente creo que así es. Los jóvenes precisan esa figura, y tan solo una buena interacción con los maestros invocará una atención a su desarrollo total como persona. El profesor tiene que ser consciente de que no puede acudir al aula únicamente a depositar conocimientos como si se tratase de un banco.

¿Qué hace falta para ser un buen profesor? ¿Se puede aprender a serlo si no existe vocación?

No, la persona necesita esa vocación para poder hacer un trabajo completo, en relación a lo que comentaba antes. El profesor debe ser la figura que ayude a desarrollar todas las capacidades del estudiante y si no existe esa dedicación es muy difícil conseguirlo.

Sin embargo, es difícil adquirir esa vocación cuando la profesión se viene devaluando en los últimos años y perdiendo peso dentro de las sociedades...

Tienes mucha razón. Existe una lucha muy grande en muchas zonas del mundo para que los maestros sean tratados de una manera profesional. Hay que tener en cuenta que llegan a las aulas con un nivel de educación muy alto y un código ético que utilizan para desarrollar su trabajo y tratar con los alumnos. Esto les debería conferir una alta autonomía para determinar cuáles son las condiciones en las que se desarrolla su actividad, pero estamos viendo que esto cada vez es más difícil. Las políticas actuales de muchos gobiernos, también en los Estados Unidos y en mi Estado, en Indiana, están desprofesionalizando a los profesores, porque les están dictando a ellos qué es lo que deben hacer en las aulas y qué temas deben o no tratar con sus alumnos. Esto además tiene como consecuencia que los padres y otros agentes de las comunidades educativas estén revisando y criticando cuáles son las enseñanzas que dan los profesores. Para luchar contra estas tendencias que son nefastas para nuestro sistemas es necesario que los profesores se organicen.

Hablaba ahora del papel de las políticas en el modelo educativo. Aquí vemos que en cuanto el poder político cambia de manos, con él lo hace también el sistema educativo. ¿Ve necesario alcanzar consensos que otorguen estabilidad a las comunidades educativas?

Sí, creo que es necesario, al igual que en torno a todas las políticas nacionales como lo son las de la salud. El problema reside en que en muchas sociedades, así es en los Estados Unidos, la polarización nos impide ver la humanidad en el lado contrario. Cada uno mira únicamente hacia el interior de su trinchera y considero que esto es un desastre para las políticas nacionales como la educación o la sanidad.

El investigador en un momento de la entrevista en la sede Afundación de Santiago

El investigador en un momento de la entrevista en la sede Afundación de Santiago / Jesús Prieto

¿Cuál cree usted que es el papel que deben jugar los padres en la educación?

Obviamente los padres tienen un rol en la educación de sus hijos, pero este no puede ser el de destruir la autonomía de las escuelas y los maestros. Existen áreas de la vida de una sociedad que deben estar bajo el control de la Administración. Ahora bien, debemos tratar de llegar a un acuerdo sobre los papeles que deben tomar los diferentes actores del sistema, de modo que podamos aprovechar la experiencia y los valores de los padres sin olvidar que el papel de los maestros es abrir la mente de sus alumnos, no cerrarla. Los padres deben saber que es en la escuela donde sus hijos van a aprender a convivir como iguales con otros y a forjarse como ciudadanos, más allá de su individualidad.

“Existen áreas de la vida de una sociedad que deben estar bajo el control de la Administración”

Usted siempre ha defendido el papel de la educación como un desencadenante del cambio social. ¿Cree que esto continúa siendo así?

La educación en primer lugar tiene que servir para el desarrollo individual y personal de los alumnos, siempre con la premisa clara de que no están solos, sino que forman parte de una entidad social. Ahora bien, en muchas sociedades hay papeles muy definidos para las mujeres, para las personas de cierta clase social, de cierta etnia o lo que sea, de modo que es la propia sociedad la que nos está definiendo y limitando la capacidad de los individuos de ser lo que quieren ser. Ahí es donde nos tenemos que enfocar en cómo puede la educación contribuir al desarrollo.

Aquí en Galicia, uno de los principales debates que se está dando actualmente en las comunidades educativas es el de la digitalización en las aulas. ¿Cree usted que es beneficioso que las pantallas vayan ganando espacio en las clases?

Pues ahí sí que tenéis un buen lío. La tecnología en general, también la Inteligencia Artificial de la que ahora se habla tanto, debe entrar en las aulas en función de un currículum, unos objetivos, unos contenidos, unos valores y unos fines que el sistema educacional quiere cumplir, pero no podemos permitir que la tecnología acabe determinando los contenidos pedagógicos. Creo que debe ser únicamente un instrumento que debe servir para cumplir unos objetivos educacionales bien definidos por educadores, nada más.

Esa IA de la que usted me habla supone también un riesgo para los profesores desde el punto de vista de la picaresca estudiantil...

Sí, sí, sí (ríe). En mi propia universidad los profesores se están enfrentando a ese problema. Sin embargo, esa picaresca puede volverse en contra también de los estudiantes. Muchos emplean la IA para desarrollar referencias por ejemplo para un artículo científico, pero la IA no es infalible y muchas de esas referencias terminan por ser no válidas, son inventadas. Más allá de la anécdota, es obvio que estamos en un periodo de tránsito en el que las personas tienen que aprender cómo dominar la IA, en caso contrario terminará dominándonos a nosotros.

“Hemos de aprender a dominar la Inteligencia Artificial. En caso contrario, terminará dominándonos ella a nosotros”

Hablando de la Universidad, en España los sectores productivos creen que falta conexión entre la enseñanza superior y el mundo empresarial. ¿Qué piensa al respecto?

La educación superior al final debe capacitar a los alumnos para tener una vocación en la vida. Sin embargo, considero que no debe ser una correa de transmisión, ya que las necesidades de la industria están cambiando continuamente. La educación debe preparar a las personas para que tengan capacidad de utilizar sus facultades críticas y usar la información de nuevas maneras para, quizás, crear nuevas ocupaciones más humanas y que también contribuyan a la sociedad. El rol de la Universidad no es formar trabajadores, sino abrir las mentes, que los estudiantes sean capaces de criticar los dogmas. El problema hoy en día en mi propio país es que la Administración quiere controlar lo que enseñan los profesores y quitárselos de encima si son demasiado liberales o progresistas.

Más allá de su carrera como investigador, es también un firme defensor de las causas sociales. Con dos guerras a las puertas de Europa y las enormes transformaciones sociales que nos conducen hacia el individualismo, ¿es optimista de cara al futuro?

Soy aficionado de los Cubs, el equipo de baseball de Chicago, y eso que llevan siete años sin ganar un campeonato, cómo ves no puedo ser más optimista (ríe). Creo que las cosas pueden mejorar y para ello trabajo y estudio los sistemas educativos, claves a mi modo de ver, para contribuir a una mayor justicia social en los diferentes países y en favor de la paz mundial.