El agujero electoral del PSdeG

El ciclo electoral iniciado hace un año con las municipales y cerrado el pasado día 9 con las europeas confirma la tendencia que penaliza al socialismo gallego: cuando expone su marca PSdeG en unas elecciones autonómicas, su apoyo baja un mínimo de cinco puntos respecto a otras citas con las urnas.

Los líderes socialistas Besteiro, Vázquez, Presedo, Laxe, Touriño y Pachi Vázquez

Los líderes socialistas Besteiro, Vázquez, Presedo, Laxe, Touriño y Pachi Vázquez / Xoán Álvarez

Las elecciones europeas del pasado día 9 cerraron un intenso ciclo electoral que incluyó en un año cuatro convocatorias en Galicia (municipales, generales, autonómicas y europeas), además de los comicios vascos y catalanes. En el caso gallego, las citas con las urnas evidenciaron que el Partido Socialista tiene un serio problema en clave autonómica, pues en las elecciones a la Xunta es donde cosecha sus peores resultados. El último ejemplo es que en febrero de este año el PSdeG tocó fondo con menos del 15% de respaldo y que en solo unos meses fue capaz de superar el 27% en las europeas. Pero lo más preocupante para la Rúa do Pino es que no es un hecho nuevo ni puntual, sino una dinámica electoral sostenida en el tiempo desde que en el verano de 1979 la marca propia PSdeG entró en escena.

Con la contundencia de los números en la mano, el PSdeG tiene un apoyo electoral medio del 28,28% en las 46 convocactorias a las que se presentó desde 1979: 11 municipales, 12 autonómicas, 14 generales y 9 europeas. Su techo está en el 40,64% de las estatales del año 2008, en pleno éxtasis del bipartito en la Xunta; y su suelo es el reciente descalabro autonómico de febrero (14,07%).

En medio, luces y sombras, dependiendo del estado de ánimo del partido y del contexto político global. Pero siempre con una tendencia constante: el apoyo medio al PSdeG en autonómicas, del 23,57%, está por debajo de la media y siempre muy alejado de los porcentajes logrados en municipales (28,13%), generales (31,47%) y europeas (29,96%).

Hay como mínimo cinco puntos de diferencia. Y se agrava si se toma como referencia el periodo más reciente, desde el bipartito (2005-2009), el punto de inflexión en el que la falta de conexión del PSdeG con el electorado en clave autonómica se hizo más patente. Desde que Pérez Touriño salió de Monte Pío y de la dirección del partido, el socialismo gallego tiene un apoyo medio en autonómicas del 20,58%, diez puntos menos que en europeas (30,14%) y muy por debajo del de municipales (28,66%) y generales (26,31%).

Donde más estable y sólido se muestra el PSdeG es en clave local. Entre el apoyo récord del 32,76% en 2019 y el más bajo de casi el 26% en 1999 no hay más que seis puntos, una brecha mínima si se compara con la de las autonómicas: del 33,64% de 2005 al 14,07% actual, que son casi 20 puntos de diferencia.

La conlusión es evidente: cuando es la marca PSdeG la que se expone, su tirón entre el electorado cae. Mientras que cuando es PSOE (generales y europeas) o cuando se prioriza al candidato y no al partido (municipales), el socialismo gallego demuestra que tiene base, músculo e implantación incluso para ganarle elecciones al PPdeG en Galicia, como hizo por primera vez en la historia en las generales de 2019, repitiendo meses después en las europeas.

Incluso cuando corren malos tiempos para la marca, como ahora, esa solidez socialista en Galicia le sirve para resistir, como acaba de demostrar en los comicios europeos, donde pese a bajar, conservó un buen porcentaje de apoyo y mantuvo a raya al BNG. Y es que los nacionalistas solo logran “sorpassar” al PSdeG en autonómicas, otra confirmación de que el escenario gallego es la herida que amenza con desangrar al socialismo gallego.

“Tener algo que contar”

No hay una única explicación a este fenómeno electoral, para el que el PSdeG no acaba de dar con la tecla. Pero desde dentro, parece asumido que la clave está en la falta de estabilidad para consolidar un proyecto y un liderazgo.

“Só o houbo con Touriño”, explica un integrante de aquel equipo que dirigió el socialismo gallego entre 1998 y 2009. Una tregua de once años que dio sus frutos electorales: del 22% de apoyo en 2001 pasó a más del 33% en 2005 y al 31% en 2009. No hay que olvidar que Touriño heredó un partido que venía de su peor resultado electoral en 1997 (19,72% de apoyo) y con el PPde Aznar en plena forma.

Sin embargo, muerto el bipartito, el PSdeG entró en una espiral autodestructiva a nivel orgánico e institucional: un baile de secretarios generales y portavoces parlamentarios que impidió asentar un proyecto. Y cuando había uno que parecía tener mimbres, el de José Ramón Gómez Besteiro entre 2013 y 2016, la Justicia lo truncó. Desde entonces hubo candidatos de última hora, batallas internas, bicefalias y una sensación de permanente improvisación que fue castigada en las urnas, y sobre todo a nivel autonómico.

“Existe ese voto dual PSdeG-BNG que en el caso de las autonómicas no logramos retener, porque se identifica el del Bloque como el voto útil”, explica un dirigente actual del partido, que considera clave para revertir la situación “que el PSdeG tenga algo que contarle” a ese votante.

Una reflexión que enlaza directamente con otro factor determinante en esa falta de feeling con el PSdeG en clave autonómica: el exceso de sucursalismo o dependencia de Ferraz, intensificado en tiempos de Pedro Sánchez. Explicado de otra forma, una carencia de proyecto y voz propios en clave galleguista.

“Na época de Touriño púxoselle o ‘G’ ao PSdeG e déuselle sentido común ao proxecto”, explican protagonistas del bipartito. ¿Coincidió entonces el momento de mayor éxito electoral autonómico del PSdeG con su perfil más galleguista? “O que está claro é que aquel PSdeG non se abstería na votación sobre a AP-9, senón que votaría a favor”, aclara. “A axenda do PSdeG non pode vir marcada por Madrid e polos ministros”.

Ahora, es Besteiro quien asume el reto. Cuenta con experiencia y herramientas para cambiar la tendencia. Solo falta saber si tendrá tiempo.