Entrevista | Teresa Suárez Presidenta del Colegio de Administradores de Fincas de Galicia

“Antes llegaba con la nómina, ahora hay verdaderos castings para seleccionar inquilinos”

Teresa Suárez

Teresa Suárez / ECG

A punto de cumplir medio año de mandato al frente del Colegio de Administradores de Fincas de Galicia (Coafga), Teresa Suárez indica a EL CORREO GALLEGO que la labor de la presidencia está siendo “intensa”, pero se siente “muy feliz” en el cargo. Con una trayectoria de más de 30 años en la institución, la presidenta de Coafga ostenta los títulos de graduada social, licenciada en Ciencias del Trabajo y jurista. Además, es coruñesa, pero puntualiza, “coruñesa de toda la vida”. A través del teléfono, la representante de los administradores gallegos atiende la llamada de este diario para brindar un diagnóstico de la delicada situación inmobiliaria actual que atraviesa el mercado de la vivienda gallega.

La oferta para alquilar en Galicia está bajo mínimos. En cambio, se sabe que hay un gran volumen de viviendas vacías. ¿Por qué pasa esto?

Fundamentalmente, porque los propietarios tienen miedo. Desde que salió la nueva modificación de los arrendamientos urbanos se pusieron muchas trabas a los dueños de viviendas: ahora, el alquiler no puede subir la renta por medio del IPC, como estaba previsto antes. Además, los deshaucios en caso de impago se hacen cada vez más lentos y complicados; a ello se le añade que la figura de inquilino vulnerable no está clara. Todo esto hace que la gente coja pánico a la hora de poner sus casas en el mercado del alquiler tradicional, porque hoy, lo que tú firmas en un contrato, tiene mucho riesgo a ser modificado por una ley a posteriori. El resultado que tenemos es que, al haber pocos alquileres, los que están en circulación suben. Igual que sucede con el marisco.

¿Y cuál es la solución?

En primer lugar, pienso que se debe liberalizar el mercado. Cuando se libera el mercado, la gente pone con confianza sus pisos en alquiler, hay más vivienda disponible y se bajan los precios.En segundo lugar, es primordial que las Administraciones pongan vivienda pública en el mercado para que colectivos, como el de los jóvenes o los extranjeros, puedan acceder a una vivienda digna al margen de los medios que tenga. Sin estas dos cosas, es inviable acabar con la falta de oferta.

¿La creación de vivienda privada también formaría parte de la solución?

No tiene que ver.Ya existe vivienda privada, lo que hace falta es que se ponga en el mercado.

¿Puede ser una solución la declaración de zonas tensionadas en puntos como Santiago, A Coruña o Vigo?

No, creo que eso echaría más leña al fuego. Declarar una zona tensionada, entre otras cosas, implica la tasación del alquiler. La dinámica de los precios la decide el mercado, y cuando intervienen las administraciones, la gente se asusta. Está demostrado.

Entonces, ¿la Administración no consigue afianzar el problema del alquiler porque está empeñada en fiscalizar?

Exactamente.

A propósito de esto, la nueva ley de vivienda viene de cumplir un año. ¿El balance es bueno o malo?

Malísimo, y lo estamos viendo: la oferta apenas ha crecido y los precios siguen subiendo. Esta ley se diseñó exclusivamente pensando en el inquilino, sin tener en cuenta al que alquila la vivienda, pero ahora el problema es que los inquilinos no tienen oferta a la que optar. En otros países se intentó legislar en este sentido y la experiencia habló por sí sola. Hay que tener en cuenta de que tres de cada diez viviendas de alquiler en Galicia corresponden a pequeños propietarios, no a grandes magnates.Si legislas de manera restrictiva, al final dicen: “Prefiero tenerla vacía y que vengan mejores tiempos”. Hoy en día, los arrendadores no tienen ninguna garantía ni incentivos para optar por el alquiler tradicional.

¿Está diciendo que a los propietarios les falta seguridad jurídica?

Sin duda. y es uno de los mayores problemas. Cuando a los propietarios no se les da protección frente a impagos u otros escenarios posibles, alquilar a larga duración se convierte en la última de las opciones. Pero es que ahora no tenemos seguridad de ningún tipo. Puedes tener un inquilino que mañana te deja de pagar y se convierte en lo que se llama un inquiokupa. Para echarlo, tienes que gastarte un montón de dinero, esperar un montón de tiempo... Por ello, el alquiler tradicional se convierte en la última de las opciones.

Si hay pocos alquileres ofertados, el precio sube; al igual que sucede con el marisco

Teresa Suárez

— Presidenta del Colegio de Administradores de Fincas de Galicia

¿Y cuáles son esas otras opciones?

Pues las que te permiten alquilar en poco tiempo y prevenirte de problemas, como el arrendamiento a estudiantes o las viviendas de uso turístico.

Precisamente, las viviendas de uso turístico ya doblan en cantidad a las plazas hoteleras en Galicia. ¿Cómo afecta esto al mercado del alquiler?

Mucho, porque es una opción muy rentable y se produce una especie de “efecto llamada” entre los propietarios. Esto implica que, al haber menos viviendas en alquiler tradicional en el mercado, las que hay suben de precio. Luego te encuentras con que hay verdaderos castings para seleccionar inquilinos. Antes llegaba con la nómina. Aún así, Galicia todavía no es un destino turístico como Madrid o Barcelona como para que sea preocupante, pero falta mucha regulación.

El Concello de Santiago publicó este mes una ordenanza que limita a 650 viviendas de uso turístico ubicadas en la zona vieja operar más de dos meses al año. ¿Es esta la solución?

Si se toma el camino de la prohibición, por lo menos hay que dar alguna alternativa a los afectados. Creo que se prohíbe porque nos viene el eco de que se están desnaturalizando las ciudades, pero ese proceso empezó hace mucho tiempo, y los cascos antiguos sobre todo. Deberíamos plantear qué modelos de ciudad queremos. Si se restringen todas las posibilidades para esas zonas, lo más probable es que se terminen por echar a perder.

Hay comunidades de vecinos en algunas zonas de España que ya están tratando de regularizar ¿ocurre en Galicia?

Tenemos constancia de casos puntuales, pero no es lo general. Hay que puntualizar que las comunidades de propietarios pueden regularlo, pueden controlarlo, pueden establecer normas de uso en la medida que lo permitan sus estatutos, pero nuestra opinión desde el Coafga es que la ley no otorga esa potestad a los colectivos de vecinos.

“Hay que eliminar la imagen de ‘Aquí no hay quien viva’ que hay de las comunidades”

¿Cuál es el papel de un administrador?

Yo siempre digo que somos proveedores de servicios sociales. En la práctica, nuestra labor va mucho más allá de administrar. Velamos por el bienestar de los edificios, y eso obliga a tener un contacto muy directo con los propietarios. Ten en cuenta que dentro de un bloque de viviendas hay muchas sensibilidades distintas. El 80% de la población vive en comunidades de propietarios, imagínate todo lo que cabe ahí. Precisamente por ello, es una profesión preciosa; porque hay que realizar una gestión de relaciones humanas muy importante y que a nosotros nos obliga, además, a hacer un esfuerzo muy grande.

Ese tópico que hay de que las comunidades de vecinos son auténticas verdulerías. ¿Es cierto?

En parte sí, y nosotros somos los encargados de dirigir un poco el asunto, orientar las cosas para que no se llegue a eso. En una reunión de propietarios hay que seguir un orden del día; si luego la gente quiere discutir el sexo de los ángeles, tiene que ser en otro escenario. Con todo, creo que hay que desmitificar esa imagen de ‘Aquí no hay quien viva’ que hay de las comunidades de vecinos.

¿Cuáles suelen ser los problemas más comunes en las comunidades gallegas?

Pues ahora mismo, uno de los más usuales es el de los realojados.En ocasiones crean muchos problemas de convivencia y la Xunta y los concellos, que son sus responsables, no están lo suficientemente pendientes que deberían de estar.

Tomo posesión de la presidencia del Coafga en enero. ¿Cómo han sido los primeros meses al frente?

Muy intensos. Estamos trabajando mucho para conseguir una mayor participación del colectivo de administradores en el colegio, lo que me obliga a estar de aquí para allá constantemente. Pero lo cierto es que me confieso una enamorada de esta profesión.

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