Los cinceles gallegos que dan la vuelta al mundo

La Escola de Canteiros de Poio es la última academia del oficio de tallar piedra que queda en el planeta

Este próximo curso, el centro dará el salto a la Formación Profesional, un hito en su trayectoria

Una clase en la Escola de Canteiros de Poio

Una clase en la Escola de Canteiros de Poio / Cedida

Con una maza y un cincel, las piedras se transforman en lienzos, y en Galicia, esta lección está bien aprendida. El arte de los canteros gallegos parió gigantes ya ancestrales, como la Catedral de Santiago. También dejó su huella cruzando fronteras y mares, como en la restauración de Notre Dame de París tras los incendios del 2019 o en las últimas rehabilitaciones del Big Ben, en Londres. Con todo, cada vez es más complicado que los jóvenes se aventuren a coger un punzón para tallar la piedra. Pero en Galicia existe un sitio para aprender el oficio, y da la casualidad que es el único que queda en el mundo. La Escola de Canteiros de Poio, con más de 40 años de trayectoria, dará el salto a la Formación Profesional este curso entrante.La oferta académica comprende cuatro módulos de estudio para especializarse en cantería. En total, las plazas serán para 100 alumnos.

La Escola de Canteiros inició su periplo en el año 1979, cuando se instaló en los bajos del Mosteiro de San Xoan de Poio. En los 2000, las instalaciones se trasladaron a la zona de A Caeira, donde se encuentran actualmente. En aquel entonces, la titulación que se emitía era propia del centro. Ahora que la Xunta se hizo con la titularidad, la Escola planea para el próximo curso 2024-2025 ofertar cuatro planes de estudio de Formación Profesional. “Tres de estos planes de estudios se enmarcan dentro de disciplina de Edificación y Obra Civil y otro destinado a la Pedra Natural, que será de alta especialización”, señala la directora del centro, Lucía Espiño, que celebra este salto de la academia de canteros a la educación reglada. “Seguiremos manteniendo esa esencia del trabajo artesanal y ligado también a los procesos escultóricos, pero es importante que haya este cambio, que pasemos a la formación oficial. Estamos muy ilusionados con esta nueva etapa y es un logro importante para nosotros”, apostilla.

A escasos meses de inaugurar esta nueva etapa en la formación oficial, la directora de la Escola ensalza el papel del centro durante todo este tiempo para “mantener vivo” el oficio del cantero. “Esta profesión está muy ligada a Galicia y tiene una estrecha relación con nuestra identidad territorial y patrimonial. Todos sabemos que Galicia estaba construida en piedra y que a nivel histórico cruza todas las etapas, desde la prehistoria, los petroglifos, los castros, pasando por el románico, el barroco...”, asevera Espiño “Si pensamos en los grandes monumentos de Galicia, como la Catedral de Santiago, todas están hechas, al menos en su gran mayoría, por piedra que esculpieron canteiros y canteiras. Son esenciales para entender nuestra cultura”, reflexiona.

En este sentido, Espiño también reivindica el papel del oficio en la actualidad. “A día de hoy para tareas de rehabilitación patrimonial, de colaboración en obras de construcción o de arquitectura tradicional, y no únicamente casas, sino puentes, puentes lavadores, todo tipo de elementos, etnográficos en muchas ocasiones, como hórreos, o ya artísticos, como cruceiros”, señala la directora. “Es muy difícil encontrar una persona que sepa levantar un muro o realizar labores en cúpulas y bóvedas las técnicas de los canteros”, dice.

Y es que la cantería no se queda al margen del declive de los oficios tradicionales. “Cada vez cuesta más encontrar un cantero o un carpintero. Son profesiones que poco a poco se están perdiendo”, indica Espiño, que asegura que este es uno de los factores que lo hacen atractivo para apostar por él. “Hay mucha demanda de profesionales especializados porque, principalmente, no hay”, señala.

Proyección internacional

Quizás de ahí venga también la importancia de la Escola en el ámbito internacional: “Somos la única academia especializada de canteros de piedra que queda en el mundo. Nos llegan encargos de casi todos los países. Sin ir más lejos, estamos en contactos con una compañía artística de París para realizar unas esculturas de granito porque no encontraban a artistas que pudiesen realizar la labor”, señala Espiño. “Date cuenta que nuestros canteros trabajaron en Washington, en la Catedral de Notre Dame, en la Sagrada Familia, en la Abadía de Westminster y, por supuesto, en la Catedral de Santiago de Compostela” destaca la directora.

El cantero Francisco Castro, en plenas labores

El cantero Francisco Castro, en plenas labores / Cedida

“Cuando empecé a trabajar, no me esperaba acabar en el Capitolio”

Dentro del oficio, existen historias y experiencias que tienen sello internacional. Francisco Castro es de Sanxenxo y tiene 39 años, actualmente trabaja como autónomo como tallador de piedra. Hace ocho años, le llegó una llamada que cambiaría su vida para siempre. Era el Capitolio de Estados Unidos, querían al tallador sanxenxino para formar parte de su equipo de restauradores para la sede del Congreso de los Estados Unidos . “La verdad es que cuando empecé nunca me lo hubiese esperado”, admite.

La historia de Francisco y la cantería empezó a sus 18 años cuando corría el año 2000. Decidió ingresar en la Escola de Canteiros “porque no tenía ni el graduado escolar”, asegura a este diario entre risas. “Detestaba estudiar, y como mi padre tenía una marmolería, decidí meterme”, rememora.

Francisco indica que pasó aproximadamente 12 años en la Escola. “Primero estuve de alumno, luego me dieron una beca y trabajé de operario durante un tiempo. Cuando acabé allí, me di de alta como autónomo y estuve cuatro años trabajando aquí, en mi taller”, señala el cantero.

Después de esa etapa, a Francisco le llegó la inesperada oferta de trabajo. “En el 2016, me contactó la Escola para ir a trabajar para el Capitolio de Estados Unidos, y me embarqué. Estuve allí tres años y medio”, afirma Francisco. “Al mes de ir tuve que volver porque iba a nacer mi hijo”, indica.

El cantero señala que, durante su estancia en Estados Unidos, las labores que realizó fueron fundamentalmente de restauración. “Sobre todo trabajábamos en la zona de la fachada del edificio. Sacábamos un trozo de mármol que estaba deteriorado y metíamos una pieza nueva. Allí no tienen mucho conocimiento sobre la piedra y tuvimos la ocasión de experimentar mucho. Fue una gran experiencia”, apostilla Fernando, que señala que todavía le encomiendan algún que otro encargo. “El año pasado estuve haciendo 38 piezas para ellos”, señala.

Fernando asegura que hoy “no se puede quejar de trabajo”. “Al principio sí que me fue complicado empezar, sobre todo por el tema de buscar clientes. Pero ahora estoy en una buena etapa”, asegura el cantero, que indica que, aún así, el volumen no es demasiado elevado dado el carácter tradicional del sector. “Yo me dedico, sobre todo, a la escultura. En lo que llevamos de año, habré firmado 15 facturas. Me llegan encargos para tallar santos, vírgenes, cruceiros... Ahora mismo, estoy trabajando en un Poseidón para un mascarón de proa”, señala.

En cuanto al futuro de la cantería gallega, Francisco se muestra optimista. “Yo no veo que el trabajo esté en decadencia ni mucho menos”, asevera el cantero, que afirma que no dudaría en recomendar el oficio a la gente joven. “Creo que ahora hay bastantes oportunidades. Tenemos mucho trabajo en temas de restauración y patrimonio y falta mucha mano de obra en el sector”, señala.