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UNA VIDA VIKINGA

La huella de los vikingos en Galicia: una historia de incursiones y contactos culturales

La exposición abierta en la Cidade da Cultura ha incrementado el interés y la fascinación por una civilización que tuvo presencia en nuestra comunidad

Catoira celebra cada agosto su famoso desembarco vikingo que este año llega a su 64 edición

Catoira celebra cada agosto su famoso desembarco vikingo que este año llega a su 64 edición / Salvador Sas (EFE)

Valeria Pereiras

Valeria Pereiras

Santiago

La reciente apertura de la exposición 'Unha Vida Viquinga' en la Cidade da Cultura ha suscitado gran interés y curiosidad sobre la huella de los vikingos en Galicia. Este fascinante evento ofrece una mirada profunda a una civilización que, más allá de sus legendarias hazañas de conquista y piratería, dejó una profunda marca en la historia de Europa, también en Galicia.

Entre los siglos IX y XII, los vikingos, procedentes de Escandinavia, se lanzaron a la exploración y el saqueo, expandiéndose por diversas regiones europeas, incluidas las costas gallegas. Este período de incursiones vikingas, reflejado en las crónicas y anales de la época, nos muestra un cuadro complejo de encuentros violentos y contactos culturales.

Reconstrucción de la maqueta de un barco de guerra vikingo en el Gaiás

Reconstrucción de la maqueta de un barco de guerra vikingo en el Gaiás dentro de la exposición 'Una vida vikinga" / ROCÍO CIBES

La primera incursión de los vikingos registrada en Galicia data del año 844, según los Annales Bertiniani. Un grupo de vikingos daneses, empujados por una tormenta mientras navegaban por el río Garona, llegó a las costas gallegas y saqueó varias aldeas hasta ser rechazados cerca de la Torre de Hércules en A Coruña. Esta incursión tuvo lugar durante el reinado de Ramiro I de Asturias y marcó el comienzo de una serie de encuentros que se repetirían a lo largo de los siglos.

Leyendas y relatos de las invasiones

La historia gallega está salpicada de relatos sobre las incursiones vikingas. Entre ellos, destaca la leyenda del obispo Gonzalo de Bretoña, quien, según se cuenta, conjuró una tormenta con sus oraciones para proteger a su pueblo de una flota vikinga. Otro episodio significativo ocurrió en el año 858, cuando una gran flota vikinga sitió Santiago de Compostela, solo para ser derrotada finalmente por el conde Pedro.

Las incursiones continuaron en los siglos siguientes, con notables ataques en 951, 964 y especialmente en 968, cuando una gran flota comandada por Gudrød llegó a Galicia. Los vikingos se internaron en la comunidad, causando estragos hasta ser vencidos por el conde Gonzalo Sánchez en la ría de Ferrol.

La exposición 'Una Vida Vikinga'

'Una Vida Vikinga' se presenta como una de las exposiciones más completas sobre la cultura vikinga en España, abarcando alrededor de 120 piezas históricas y arqueológicas. Esta muestra, comisariada por la doctora Irene García Losquiño, se enfoca en ofrecer una visión más amplia y humana de los vikingos, alejándose de los estereotipos de violencia y conquista.

La exposición explora diversos aspectos de la vida vikinga, desde la estructura social y política hasta el papel de las mujeres en las campañas de exploración. Además, se destaca la relación de los vikingos con Galicia, donde las incursiones y asentamientos dejaron su huella.

La huella de los vikingos en Galicia

A pesar de no ser una de las regiones más afectadas por las invasiones de los vikingos, Galicia experimentó repetidas incursiones que influyeron en su desarrollo histórico y cultural. La destrucción de sedes episcopales como Iria Flavia y Bretoña, y su posterior traslado a Santiago de Compostela y Mondoñedo, son testimonios de este impacto.

Los esfuerzos defensivos también se intensificaron, con la construcción de fortificaciones como las Torres do Oeste y la muralla de Santiago. Aunque la presencia de los vikingos en Galicia fue menos pronunciada que en otras partes de Europa, su legado pervive en la memoria histórica y cultural de la comunidad.

La exposición 'Una Vida Vikinga' no solo ofrece una rica colección de artefactos y relatos históricos, sino que también invita a los visitantes a reflexionar sobre la interacción entre diferentes culturas y las formas en que estas interacciones han moldeado nuestra historia. Al explorar la presencia de los vikingos en Galicia, la muestra nos conecta con el pasado, iluminando aspectos menos conocidos de una civilización que sigue fascinando al mundo moderno.

Unha vida viquinga, exposición Museo Centro Gaiás. Cidade da Cultura

Unha vida viquinga, exposición Museo Centro Gaiás. Cidade da Cultura / JESÚS PRIETO

La romería vikinga de Catoira

La romería vikinga de Catoira es una festividad que celebra las incursiones de los vikingos en las tierras del Ulla, y su tradición se remonta a 1960. En sus inicios, fue impulsada por el Ateneo do Ullán, un grupo artístico y literario de intelectuales locales, que organizó un pequeño evento entre amigos con intereses culturales comunes.

En 1989, debido al crecimiento del evento y a las mayores inversiones necesarias, el gobierno local asumió la organización. Esta nueva etapa trajo innovaciones y una proyección autonómica, nacional e internacional, incluyendo un hermanamiento con Frederikssund, una ciudad danesa con una rica tradición vikinga.

Las primeras embarcaciones vikingas utilizadas en la celebración, el drakkar 'Torres do Oeste' y el 'Frederikssund', surgieron gracias a los contactos con países nórdicos. El 'Torres de Oeste"' fue construido en 1993 por artesanos de Catoira que viajaron a Dinamarca para aprender las técnicas de construcción naval vikingas, mientras que el 'Frederikssund"' es una adaptación del Gokstad noruego, combinando también elementos decorativos del barco Oseberg.

La romería se celebra en las Torres do Oeste, a orillas del río Ulla, la primera semana de agosto. Estas torres, que en los siglos IX y X defendieron Galicia de las incursiones vikingas y sarracenas, ahora se transforman en el escenario de una celebración pacífica y festiva. Miles de personas se reúnen para dar la bienvenida a los "bárbaros" en un ambiente de convivencia y diversión, donde los combates han sido reemplazados por música, gastronomía y vino tinto del Ulla.

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