Los feriantes, tras el accidente mortal del Saltamontes de Vigo: "Las atracciones son seguras, pero la Administración debe cumplir su parte"
Piden que no se demonice al sector y recuerdan que las instalaciones deben superar una revisión anual y una inspección de montaje antes de poder operar en una fiesta

Sonia Santos, copropietaria del Canguro Loco XXI, ayer, en Milladoiro (Ames) / Antonio Hernández

Son momentos difíciles para los feriantes que estos días recorren la geografía gallega con sus atracciones. También para los que desde el pasado viernes trabajan en las Festas da Madalena, en Milladoiro (Ames). En el ambiente sobrevuelan la tristeza y la preocupación tras la trágica muerte de un vigués al desprenderse uno de los brazos del Saltamontes en las fiestas de Matamá, en Vigo. En Milladoiro, el Saltamontes se llama Canguro Loco XXI. El nombre es distinto, pero la máquina es la misma. Al frente del negocio están la naronesa Sonia Santos y el pontevedrés Servando Silvent, miembro de la conocida saga familiar Silvent, que hace cien años empezó a llevar las marionetas y el cine por toda Galicia.
“Esto es difícil para todos, también para nosotros. Ahora mismo toca solidarizarse con la familia del fallecido, esperar a ver qué dice la investigación y no emitir juicios de valor sobre algo que todavía no conocemos”, dice en conversación con este diario Sonia Santos, que infructuosamente intenta disimular la emoción tras sus gafas de sol.
La feriante no oculta que lo ocurrido les ha afectado mucho, pero es tajante al pedir “que no se demonice al sector” y al defender la seguridad de la atracción en la que lleva 36 años trabajando con su marido, al que le tocó aprender el oficio desde niño. En la actualidad, el matrimonio cuenta también con la ayuda de su hijo, que es técnico superior en Automatismos y Robótica y que se ocupa del mantenimiento de los elementos neumáticos e hidráulicos de la máquina, además de manejarla.

Sonia Santos lleva 36 años trabajando en el Canguro Loco XXI / Antonio Hernández
Un ingeniero se ocupa de la inspección anual
“Que se diga que instalamos de cualquier manera, que no hay control, que no tenemos cualificación o experiencia... es muy hiriente”, afirma. La atracción, explica, tiene que pasar una inspección anual en la que se revisan todos los elementos que la componen y que lleva a cabo un ingeniero, porque no hay empresas específicas que se encarguen de este tipo de controles.
Para poder trabajar en una fiesta, los feriantes, relata, deben presentar en el ayuntamiento correspondiente la documentación que acredita que la instalación reúne las condiciones adecuadas para trabajar, que cuenta con seguro y que tiene al día la revisión de la instalación eléctrica. A mayores, una vez instalada la atracción, se solicita la inspección de montaje, que realiza un técnico y que certifica que todo está en orden. “Eso es lo que debe hacerse y, si eso no se hace, es que la Administración mira para otro lado”, subraya, para recordar también que como todo elemento mecánico, una instalación de este tipo también puede acabar teniendo un fallo.
La normativa gallega, de las más exigentes de España
“Aunque trabajemos de manera itinerante, somos negocios y tenemos una normativa específica que, en Galicia, es de las más exigentes de España”, sostiene. “Si hay alguna empresa que no sea seria, la Administración es la que tiene que evitar que esa empresa trabaje, tiene que hacer su parte, porque al final perjudica a los que intentamos llevar nuestro negocio con seriedad”, asevera.
Y, en paralelo a toda la cuestión de la normativa y la seguridad, insiste Sonia Santos, está la parte humana. “La persona que maneja la atracción tiene una gran responsabilidad y es consciente de que la vida de todas esas personas está en sus manos”, subraya. “Si nosotros no podemos dormir tras lo ocurrido, no me puedo ni imaginar lo que está viviendo la familia propietaria de la atracción de Matamá”, añade apesadumbrada.

Sonia Santos pide a la Administración que haga su trabajo y compruebe que las atracciones cumplen todos los requisitos de seguridad / Antonio Hernández
La feriante lamenta los duros momentos que están viviendo los compañeros que tienen otros Saltamontes y que, desde el fatal accidente de Matamá, no pueden trabajar. “La gente se fija en el muñeco central que lleva la instalación y, como el que tuvo el accidente llevaba un grillo, los que tienen la misma atracción están siendo vapuleados”, asegura, al tiempo que se muestra muy crítica con las reacciones que el trágico suceso de Vigo ha suscitado en las redes sociales. “Hoy mismo –por ayer– me llamó un compañero para contarme que fue a gestionar la instalación en un ayuntamiento y simplemente por tener un Saltamontes le denegaron la autorización”, relata.
Santos niega con rotundidad que las atracciones itinerantes sean menos seguras que las instaladas de manera fija en un parque de atracciones. “El hecho de montarlas y desmontarlas con frecuencia permite ver cualquier fallo o deterioro que se haya podido producir”, zanja.
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