El baile de competencias dificulta la gestión de las caravanas en la costa
El fin de la pandemia trajo un aumento notable del número de viajeros que pernoctan en vehículos

Furgonetas y autocaravanas estacionadas en las inmediaciones de Playa América (Nigrán) / Marta G. Brea
Los casi 1.500 kilómetros de costa de Galicia deparan escenarios únicos, parajes de postal que cada año que pasa captan más y más visitantes. En medio de este apogeo turístico, los últimos veranos han traído consigo una irrupción cuya presencia se hace sentir cada vez más: la de los viajeros que llegan en autocaravanas o furgonetas camperizadas, bien sean de su propiedad o alquiladas, dada la proliferación de empresas que ofrecen este servicio. Una modalidad en boga en los últimos años y que combina facilidad para desplazarse, comodidad, contacto de primera mano con la naturaleza y, sobre todo, un amplio abanico de posibilidades a la hora de escoger dónde estacionar para pasar la noche.
No obstante, este tipo de turismo encuentra en Galicia una maraña legal de competencias cruzadas entre administraciones que complica su control y su gestión. De acuerdo con el decreto de la Xunta que establece la ordenación de los campamentos de turismo, aprobado en 2019, en la comunidad no está permitida la acampada turística fuera de los campamentos autorizados. Acampada turística, según esta normativa, es toda aquella que proporcione alojamiento temporal a las personas.
Existen establecimientos especializados, como Mar Aberto, al pie de la playa de As Furnas (Porto do Son), en los que la libertad que otorga esta forma de turismo no encuentra frenos administrativos, pero no son suficientes para satisfacer la demanda actual. “Si sigue esta dinámica, dentro de unos años aquí no va a haber por dónde moverse”, declara Pablo, el responsable del lugar de acampada, que asegura que llevan semanas completos y teniendo que negar la entrada a la gente que llega preguntando. El propietario de Mar Aberto expone que tardó “entre dos y tres años” en contar con la licencia para operar, puesto que su negocio se halla en plena Red Natura, de especial protección y sometida a más controles que otros espacios. Pese a ello, considera necesario que exista esta regulación para “proteger” las zonas costeras, a nivel de paisaje, tráfico o bienestar de los vecinos.
La norma sobre las acampadas, por taxativa que pueda parecer en su redacción, también abre la puerta a otras modalidades de pernoctaciones en vehículos: aquellas que puedan ser interpretadas como un simple estacionamiento. ¿Cuál es la diferencia? Según la instrucción de la Dirección General de Tráfico (DGT) que regula este asunto, siempre que un vehículo estacione en el motor parado, en contacto con el suelo solo a través de las ruedas, sin ocupar más superficie de la normal, sin desplegar elementos proyectables y sin emitir ningún tipo de fluidos o ruidos al exterior no se considerará que está acampado; sino simplemente aparcado.
Bajo estas premisas, es posible y legal pasar la noche en más lugares que los campamentos autorizados, aunque el enredo legal no concluye aquí. Según el apartado 33.5 de la ley de Costas, está terminantemente prohibido el estacionamiento y la circulación no autorizada de vehículos, así como las acampadas, en el dominio público marítimo-terrestre. Un dominio que incluye las playas y parte de sus entornos, cuya titularidad y alcance varía, al igual que los niveles de protección sobre los mismos, en función de si son hábitats de especies protegidas, reservas de la naturaleza o zonas objeto de especial cuidado por alguna otra razón.
Así pues, tanto el Estado como la Xunta como los propios ayuntamientos están implicados, de una forma u otra, en la vigilancia y supervisión de estos espacios; tarea que compete a agentes de Costas, del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, técnicos autonómicos de Medio Ambiente o incluso a efectivos de las diferentes policías locales. Una variedad de responsables que hace casi imposible tener cifras concretas de las actuaciones llevadas a cabo y que provoca que el trato que reciben los campistas sea muy diferente en función del lugar escogido para pasar la noche.
Muchos de ellos se organizan a través de aplicaciones y webs como park4night, donde cada usuario comenta sus impresiones en cada lugar de acampada, los servicios y las facilidades disponibles, y da consejos a otros que quieran imitar su ejemplo. Son, en la mayoría de casos, comunidades responsables y que procuran cuidar de las zonas que visitan. Aunque no siempre sucede así, lo que ha hecho que afloren tensiones entre turistas y vecinos o ecologistas.
Este mismo verano, en la zona de Rianxo, Ecoloxistas en Acción denunció la proliferación de acampadas ilegales en los alrededores de la playa de O Porrón, donde la prohibición de estacionar no impidió que múltiples furgonetas aprovechasen las zonas de sombra del bosque palustre anexo al arenal para armar sus campamentos. Estancias de un par de días tras las cuales algunos de los viajeros dejaron, a su salida, residuos de papel y plástico, árboles doblados por el peso de hamacas o incluso deposiciones en zonas muy próximas a los caminos.
Un comportamiento incívico que despierta recelos y que acaba derivando en que en algunos lugares se tomen medidas como la instalación de obstáculos en caminos para cortar el paso de vehículos. Así sucede en la playa de Razo, en Carballo, donde una gran piedra colocada por la demarcación de Costas impide el paso a una explanada utilizada por los campistas. Desde el ayuntamiento, explican que incluso hubo intentos de retirar el obstáculo para volver a acceder a este aparcamiento, por lo que la situación terminó requiriendo de la intervención de efectivos municipales.
Estos comportamientos también son objeto de críticas por parte de otros usuarios de furgonetas y caravanas, más experimentados o concienciados, que advierten de lo lesivo de estas prácticas para su reputación. Ángel, un surfista gallego que lleva décadas durmiendo en playas señala que, desde “el fin de la pandemia”, ha habido una “explosión sin precedentes” en el número de viajeros que pernoctan en vehículos. “De repente, se disparó el número de furgonetas en playas en las que hace solo unos años dormías prácticamente solo”, asegura.
“El problema es el desconocimiento de las normas no escritas de lo que supone moverte con una furgo y la falta de empatía con las personas que viven en esas zonas”, agrega. Este surfista se muestra muy crítico con que haya quien se instale a pie de playa para pasar una semana sin moverse del lugar o con aquellos que montan “un campamento” alrededor de su automóvil “con toldos, mesas” y demás mobiliario.
“Bastaría con un poco de ‘sentidiño’ y un poco de respeto hacia ese entorno que tanto les gusta sacar en sus cuentas de Instagram”, sentencia, sin dejar de trasladar su sorpresa con el comportamiento incívico de muchos turistas procedentes del norte de Europa. “No hace mucho vi a unos noruegos haciendo una barbacoa en el parking de San Xurxo (Ferrol) junto a un prado, un día de mucho calor y con fuerte viento. Tal vez no supieran que está prohibido, pero tampoco se le ocurriría a nadie con dos dedos de frente. Al final vamos a pagar justos por pecadores porque la gente que vive cerca de estas playas está harta. Y con razón”, concluye.
Suscríbete para seguir leyendo
- Nieve, tormentas y vientos extremos: Galicia inicia febrero bajo el azote del Atlántico
- ¿Qué se sabe de la borrasca Leonardo y como será su impacto en Galicia en las próximas horas?
- La borrasca Marta llega a Galicia para golpearla con más nieve, viento y un mar embravecido
- Tradición 'furancheira', cocidos y filloas: así es el calendario gastronómico que reina este febrero en Galicia
- La orquesta más viral del momento llega a Galicia por San Valentín
- Nieve, tormentas y lluvias torrenciales: la borrasca Marta ya se acerca a Galicia mientras continúa el azote de Leonardo
- La queja de un diputado de Lalín por el pulpo a la gallega del Parlamento Europeo: 'Es como llamarle gaita a una vuvuzela
- Rescatados después de tres horas los pasajeros de un AVE Santiago–Madrid averiado en medio de un monte cerca de Ourense

