Caza sin límite al jabalí: ¿es la solución o habrá «efecto rebote» en el futuro?
Grupos naturalistas alertan de que la medida de la Xunta acabará por «sembrar los montes de plomo»

La cuadrilla Os Xustos de Dozón, junto con los ejemplares de jabalí cazados tras una batida / Cedida

Los cazadores de 260 concellos gallegos —distribuidos en 40 comarcas– han comenzado desde el día de ayer las primeras batidas «sin límite de ejemplares» para dar caza al jabalí después de que el Ejecutivo gallego declarase el pasado jueves la emergencia cinegética para frenar la galopante expansión del animal, que acumula varios meses ocasionando daños y destrozos en numerosos entornos rurales y, también, urbanos de la comunidad.
Entre otras cosas, la declaración permitirá capturar jabalíes de ambos sexos sin ningún tope. Así, se buscará dar prioridad en las batidas a las hembras adultas y subadultas de cualquier edad, así como también a hembras acompañadas de crías, pero siempre que se cuente con una autorización especial previa emitida por la Dirección Xeral de Patrimonio Natural.
Con esta, es la cuarta ocasión desde 2019 en que la Xunta recurre a la emergencia cinegética para controlar la población de jabalí en la comunidad. Y al igual que en otras ocasiones, la medida no ha sido bien acogida por las asociaciones naturalistas, que auguran que la declaración traerá consigo «un efecto rebote poblacional, como vienen alertando distintos estudios internacionales». Así lo indica la fundación Franz Weber: «La única alternativa que se ofrece a los alcaldes y alcaldesas es sembrar los montes de plomo, lo que generará más camadas antes de tiempo y un mayor número de jabalíes durante los próximos años».
Asimismo, desde la organización admiten que la presencia del jabalí es cada vez «más habitual» en las zonas urbanas. «Se debe a diferentes factores, entre ellos la búsqueda más sencilla de alimento, el hecho de que estas zonas sean seguras frente a la caza y una población con hábitos poco adecuados, desde alimentar a los propios animales a tirar la basura sin cerrar a los contenedores», señalan en Franz Weber, que instan a la Xunta a buscar soluciones «alternativas a la caza» para poner freno a la proliferación del jabalí como, por ejemplo, «campañas informativas para la población, mejoras en los vallados en parques públicos o la creación de vías de tránsito rodado, reflectores lumínicos», entre otros.
Por otra parte, la Xunta defiende que la declaración «responde a un análisis pormenorizado y objetivo de las circunstancias actuales en cada comarca» en base a los avisos por daños a la agricultura por el jabalí, de los accidentes de tráfico, de la superficie afectada y del censo ganadero porcino. «Hace falta recordar que no existe un censo oficial de la especie a nivel nacional», indica el Ejecutivo autonómico a este diario. «Fue el incremento de los avisos y los datos de capturas obtenidos a partir de la información facilitada por los propios Tecores -alrededor de 18.300 ejemplares en la temporada 2023-2024- los que llevaron a la Xunta a considerar necesario volver a recurrir la esta medida temporal y extraordinaria», incide.
En este sentido cabe recordar que, según los datos de la Consellería de Medio Rural, anualmente la Administración autonómica recibe casi 4.000 reclamaciones de agricultores y propietarios de fincas de cultivo demandando ayudas con las que paliar los destrozos causados por el animal en sus plantaciones. Esto supone una media de más de una decena de denuncias al día a lo largo del año.
«Procrean todo el año»
Por otra parte, desde el sector cinegético niegan el «efecto rebote» al que hacen referencia los naturalistas. «Tal y como están las cosas hoy con el cambio climático, el jabalí procrea durante los doce meses del año. Es muy complicado que una emergencia cinegética como esta vaya a repercutir después del próximo febrero», señala el presidente del Terreo Cinexeticamente Ordenado (Tecor) de Dozón, José Rodríguez, que critica que la medida se tenía que haber dado antes, al menos, en determinados lugares. «Aquí, en Dozón, el maíz comienza a crecer en agosto, cuando madura su espiga. Si se hubiera abierto la veda en ese momento, ya se hubiesen evitado bastantes daños», apuntala.
Rodríguez explica que estos puercos comienzan a criar en función de su peso. «Antes, el jabalí era de raza pura y pesaba en torno a 40 kilos y las hembras empezaban a incubar a sus hijos cuando cumplían los dos años», señala el presidente del Tecor del concello pontevedrés. «Ahora mismo, lo que tenemos es una especie híbrida y mezclada con el cerdo común. Así, los ejemplares que hay pesan entre 100 y 150 kilogramos y procrean a los seis meses de vida; es decir, muchísimo más rápido», asegura.
Con todo, José Rodríguez advierte de que la declaración de emergencia cinegética por parte del Ejecutivo autonómico tiene muchos matices. «Dice que podemos cazar todos los días de la semana, pero con batidas de no menos de ocho cazadores», indica el montero, que critica: «Es complicadísimo cuadrar a ocho personas para salir a cazar, hay que conciliar horarios porque todos trabajamos. No tiene sentido».
«Cazamos por deporte y por responsabilidad»
La cuadrilla Os Xustos de Dozón será una de las muchas que saldrán este fin de semana a batir los montes tras la declaración de emergencia cinegética de la Xunta. «Saldremos el sábado y probablemente el domingo» señala José Rodríguez, uno de los integrantes. «Somos entre ocho y 15. Cazamos por deporte, pero también lo hacemos por responsabilidad», explica.
Una jornada de caza del jabalí comienza «cuando rompe el día». «Primeramente, salen dos o tres personas con los perros para buscar los rastros en el monte», señala Rodríguez. «Es muy importante hacerlo de mañana, que es cuando más frescas están las muestras», indica.
Una vez se traza el rastro del jabalí, es momento de trazar el perímetro. «Son muy brutos y crean sus propios carreros. La clave es comprobar si hay rastro de salida», explica Rodríguez. «Si no se encuentran, es que el jabalí todavía no salió de la zona», explica.
El momento de la caza suele tener lugar por la tarde, puesto que antes de desenfundar los cañones, la pausa para comer es obligatoria. «Nos solemos reunir todos sobre las doce de la mañana, siempre muy temprano», afirma José Rodríguez. «Hace un tiempo nos compramos todos juntos una casa en el monte donde tenemos cocina y estamos a nuestro aire. Comemos rapidísimo para salir a la batida cuanto antes», explica.
Una vez saciados los apetitos, tiene lugar durante el mediodía la última parte de la batida: la caza. «Vamos a la zona perimetrada y tapamos todas las entradas. Sacamos a los perros para que hagan salir a los jabalíes y cuando se dirigen a las salidas para escapar, los abatimos», incide el presidente del Tecor de Dozón.
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