POSIBLE CRIMEN MACHISTA
La mujer de Baiona apareció sentada en una silla de oficina, muerta y con numerosos golpes en cara y cabeza
La Guardia Civil buscaba ayer a la expareja de Estela Blach, que tenía orden de alejamiento y huyó en cuanto los sanitarios certificaron el fallecimiento: «Yo no me como este marrón»

Despliegue de la Guardia Civil en Baiona por la investigación de un posible crimen machista / Marta G. Brea
Marta Fontán | Neli Pillado
Con la principal hipótesis del homicidio machista sobre la mesa, pero sin descartarse todavía ninguna otra, la Guardia Civil buscaba al cierre de esta edición a Humberto González Rodríguez, «o grilo», vecino de Baiona de 38 años con antecedentes, como sospechoso de la muerte de su expareja Estela Blach Silva, de 36, quien fue hallada la madrugada de ayer sin vida a las puertas de la vivienda del hombre, que tenía una orden de alejamiento por violencia de género con respecto a la víctima desde hacía más de seis meses. La fallecida presentaba numerosos golpes en la cara y en otras zonas de la cabeza y la autopsia que se le practicará hoy en la Ciudad de la Justicia de Vigo, que se complementará con un TAC que ya se le realizó en las últimas horas en el Hospital Álvaro Cunqueiro, será clave para determinar si alguno o algunos de estos traumatismos causaron la muerte. Fue el propio sospechoso quien dio la alerta que motivó que el 061 se trasladara hasta su vivienda, en el lugar de As Ínsuas de la parroquia de Belesar, pero en cuanto los sanitarios certificaron el fallecimiento negó tener relación con el mismo y escapó a la carrera. «No me voy a comer este marrón», dijo antes de huir.
La alerta se recibió a las 04.35 horas, que fue cuando fue movilizado el 061. El ahora sospechoso fue quién avisó. «Él dijo [al 112] que había una mujer que estaba en la casa herida, que llegó allí y él la cubrió, la tapó, la sentó en una silla y la metió en su domicilio», confirmó el subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Abel Losada. Efectivamente, cuando los sanitarios llegaron se encontraron a la víctima en una silla de las de tipo oficina con ruedas que estaba apoyada contra la verja de la finca de la vivienda donde reside Humberto, quien, en cuanto los sanitarios examinaron a la mujer comprobando que ya estaba fallecida, se escapó del lugar.
Huyó a pie, ya que los dos coches que había estacionados en la vivienda continuaban allí, por lo que el dispositivo de búsqueda que se desplegó durante toda la jornada –en el que se movilizaron también drones– se centró en zonas de monte cercanas sin descartar que alguna persona conocida lo hubiese ayudado a ocultarse o que hubiese buscado cobijo en algún galpón o cobertizo de los existentes en esa zona rural de Baiona.
Riesgo «medio»
La Guardia Civil no tardó demasiado en averiguar el vínculo existente entre el fugado y la víctima. Estela y Humberto habían mantenido una relación sentimental, si bien desde el pasado 30 de abril él tenía vigente una orden de alejamiento con respecto a ella dictada por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vigo, el mismo que se ha hecho cargo de este presunto crimen machista. Magistrado, letrada judicial y forense acudieron al punto para el levantamiento del cadáver. La fallecida estaba en el sistema Viogén a raíz de esa denuncia de abril con calificación de «riesgo medio» de los cinco existentes, que van desde el no apreciado hasta el extremo.
La autopsia será clave en este caso. La víctima, que ya había sufrido anteriores episodios de maltrato, presentaba golpes. Eso es incontestable. Aunque la primera impresión en el lugar de los hechos fue la de que esos traumatismos podrían no tener la contundencia suficiente como para causar la muerte –motivo por el que los agentes guardaban todas las cautelas no queriendo descartar otras opciones dadas las circunstancias del caso como la de que también concurriese una posible sobredosis–, fuentes consultadas dicen que en una revisión forense más exhaustiva los indicios apuntarían a un crimen al sospecharse que entre los golpes podría haber una fractura craneal. En todo caso, las fuentes oficiales insistieron a lo largo de ayer en que hasta que no se haga la necropsia no se podrá «calificar el hecho» y hablar, de ser así, categóricamente de homicidio.
La Guardia Civil realizó una inspección ocular del lugar donde estaba la mujer fallecida y de la vivienda, donde se encontraron con abundante desorden, basura y una situación generalizada de falta de higiene. Al parecer, entre otros efectos se incautaron de algún tipo de estupefaciente. Allí vive el sospechoso con un hermano que, según pudieron confirmar los investigadores, no estaba la madrugada de los hechos en la casa.
La familia luchaba por apartarla de la relación desde hacía meses
Falleciese o no como consecuencia de los golpes, lo cierto es que Estela Blach era una víctima de violencia de género y así figuraba tanto en los registros oficiales de la Guardia Civil y del Centro de Atención á Muller (CIM) del Ayuntamiento de Baiona. Según fuentes de su entorno, su propia familia había denunciado agresiones y luchaba para apartarla de la relación que mantenía en la actualidad. Sus allegados sufrían profundamente por la presunta situación de dependencia en la que estaba envuelta.
El maltrato que sufría era conocido entre sus amistades e incluso en el entorno de la vivienda propiedad de su pareja, según indicaban ayer residentes en la zona de As Insuas, parroquia de Belesar. Su muerte violenta volvió a conmocionar ayer al municipio de Baiona, tan solo un año y nueve meses después del asesinato machista de otra vecina, Beatriz Lijó, a manos de su exmarido y en presencia de sus hijos.
Estela era natural del centro de Baiona y fue alumna del colegio Cova Terreña y del instituto 1º de Marzo, donde ayer se suspendió un concierto didáctico en señal de duelo por su fallecimiento. Era madre de una niña de corta edad y numerosos baioneses la conocían y apreciaban tras años como camarera en la recordada bocatería American Custom de la Avenida Monterreal.
Su compañero sentimental se crió en la casa en la que reside en Belesar, donde estaba el cuerpo de la joven. Fuentes próximas al caso apuntan a incidentes y requerimientos relacionados con las drogas en su historial. Numerosos agentes del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil se desplegaron ayer por la propiedad en busca de pistas para esclarecer los hechos con apoyo de patrullas del puesto principal Baiona-Nigrán y de la Policía Local de Baiona. Al lugar se desplazó también un lacero que se llevó los dos perros que convivían con los residentes en la casa para trasladarlos al Centro de Acollida e Protección de Animais (CAAN) de la Diputación de Pontevedra.
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