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La racionalización del mapa municipal fracasa: 29 segregaciones y 2 fusiones

La Xunta insiste este año en las uniones pese a que las de Oza-Cesuras y Cerdedo-Cotobade son las únicas de este siglo en España

Jorge Cubela, alcalde de Cotobade, y Silvestre Balseiro, regidor de Cerdedo, en el anuncio de la fusión de sus concellos en 2016 | X. Á.

Jorge Cubela, alcalde de Cotobade, y Silvestre Balseiro, regidor de Cerdedo, en el anuncio de la fusión de sus concellos en 2016 | X. Á.

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

El mapa municipal de España cerró 2024 igual que lo empezó: con 8.132 ayuntamientos. Salvo cuatro cambios de nomenclatura oficial con poca incidencia más allá de los carteles, la relación de municipios del Instituto Nacional de Estadística (INE) es idéntica a la de un año antes. Aquel afán fusionador surgido tras la crisis económica de 2008 y los posteriores ajustes en las arcas públicas hace tiempo que desapareció, si es que alguna vez llegó a existir más allá de los discursos electorales. Más bien al contrario: en estos 25 años del nuevo siglo y milenio en España nacieron un total de 29 ayuntamientos por segregación y solo dos por fusión, los gallegos de Oza-Cesuras (2013) y Cercedo-Cotobade (2016).

Precisamente desde esa última fusión pontevedresa no hubo más. Los municipios extremeños de Don Benito y Villanueva de la Serena lo intentaron e incluso lo aprobaron en un referéndum vecinal del que se cumplirán tres años esta semana. Todo estaba encarrilado en este rincón de Badajoz, incluso con algunas trabas judiciales superadas, pero los cambios políticos de las elecciones municipales de mayo de 2023 llevaron al consistorio de Don Benito a un partido contrario a esa unión, que continúa así empantanada en los despachos ajena a la voluntad popular expresada en aquella consulta.

La de los concellos es una realidad un tanto contradictoria, ya que todos los poderes parecen estar de acuerdo en la necesidad de racionalizar la planta municipal de España, donde sobreviven anomalías como ayuntamientos con solo dos habitantes, que es el de Illán de Vacas (Toledo). Sin embargo, a la hora de la verdad, ningún alcalde quiere que le muevan sus marcos. Y las administraciones estatal y autonómicas tampoco desean abrir a fondo este debate, por lo que no obligan y se limitan a recomendar.

Pero los diferentes congresos y estudios de la Red Localis, con el profesor de la Universidad de Vigo Alberto Vaquero como cabeza visible en parte de ellos, concluyen que sin voluntad política las fusiones son extremadamente complejas.

Andalucía se atomiza tras dos arreones en 2018 y 2015

Esta zona de confort político que nadie parece dispuesto a abandonar explica el nulo predicamento de las fusiones y, en buena medida, también ayuda a entender la treintena de segregaciones municipales del país desde 2000. Más de la mitad, 16 de ellas, fueron en Andalucía y otras seis en Extremadura. Las otras siete se reparten en Euskadi (2), Valencia, Tarragona, Albacete, Segovia y Zaragoza.

Al hablar de nuevos ayuntamientos hay que pararse especialmente en dos años: 2018 y 2015. En el primero nacieron siete en Córdoba (2), Granada (2) Cadiz, Huelva y Sevilla. Y no fueron movimientos para racionalizar el mapa, ya que alguno de los ayuntamientos incorporados al INE como Fornes apenas supera los 500 habitantes. En cuanto al año 2015, hubo seis segregaciones en Málaga (2), Granada (2), Almería y Cáceres.

El último cambio municipal en España e produjo en 2023, cuando, en Vizcaya, Usánsolo se separó de Galdakao. España venía entonces de cuatro años sin variaciones en su número de concellos, el periodo de mayor estabilidad del mapa local desde 2000. En estos 25 años, solo en una decena de ellos no hubo segregaciones.

Galicia es la comunidad que más agita el debate

A pesar de los antecedentes poco alentadores, la Xunta de Galicia está dispuesta a insistir en la receta de las fusiones. La Consellería de Presidencia hizo público en septiembre de 2024 un informe que encargó sobre posibles uniones de concellos, con supuestos diferentes que permitiesen obtener una imagen clara. Así, se analizaron desde hipotéticas fusiones de ciudades con concellos del entorno hasta las de pequeños municipios del rural.

Y ahora, en este arranque de 2025, Diego Calvo avanzó días atrás en un acto de la Red Localis la intención de la Xunta de aprobar antes del verano el anteproyecto de la nueva ley de administración local, en la que entre otros aspectos se incentivarán esas fusiones, aunque siempre «desde la voluntariedad y no la obligatoriedad», matizan en la consellería.

Desde la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp), lamentaron que la Xunta no los tuviese en cuenta «para estudiar los contenidos del texto legal».

La Xunta empezó a tomarse en serio las fusiones en la legislatura de 2011-2015, cuando en el debate del estado de la autonomía aprobó crear un fondo específico para incentivar esas uniones. El fondo se materializó por primera vez poco después, en los Orzamentos de 2016, pero no consiguió su objetivo, pues tras Oza-Cesuras y Cercedo-Cotobade no hubo más fusiones. Ni asoma ninguna nueva en el horizonte .

«En la Fegamp no se recibió interés o propuesta de ningún concello»

Salvo las fusiones de Oza-Cesuras y Cerdedo-Cotobade, la Fegamp «no tiene noticias» de que otros concellos tengan interés en promover su fusión. Es más, en la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) «no se recibió interés o propuesta alguna de ningún concello sobre poder abrir un proceso de fusión con otros», aseguran desde el ente.

La Fegamp recuerda que los ayuntamientos son más partidarios de mancomunar determinados servicios para optimizar su gestión y abaratar costes que de unirse. «Es una evidencia que las fusiones no despiertan interés en los concellos», insisten, si bien admiten que siempre que sean voluntarios y cuenten con estudios previos serios, «no habrá oposición».

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