La madera no es negocio para los jóvenes gallegos
Solo una de cada veinte personas que solicitaron la realización de talas tiene menos de 40 años

Tala de pinos en una finca de A Bandeira (Silleda), en el pasado mes de enero / Bernabé/Javier Lalín

La madera no es un negocio para los jóvenes gallegos. Al menos así se desprende del estudio sobre la Caracterización socioeconómica das persoas solicitantes de aproveitamentos forestais, elaborado por el Instituto Galego de Estatística (IGE) y que refleja como, durante 2023, únicamente el 5% de las personas físicas que demandaron la realización de talas a la Administración contaban con menos de 40 años. Es decir, tan solo una de cada veinte de las personas que solicitaron permiso o comunicaron la realización de talas a la Xunta no excedía esta edad.
Cabe recordar que para llevar a cabo cortas de eucaliptos o coníferas —con la excepción del pino silvestre y el tejo— basta con una declaración responsable del propietario. Mientras, en el caso de frondosas es necesario la solicitud de una autorización, que la Administración deberá resolver en un máximo de dos meses.
El problema del envejecimiento y la falta de relevo en el sector forestal gallego va camino de convertirse en estructural. Así las cosas, la media de edad de las personas que solicitan el aprovechamiento de la madera a la Administración autonómica roza ya los 65 años y uno de cada dos es pensionista.
El motivo no es otro que el minifundismo que caracteriza al monte gallego, donde el 97% de la superficie está en manos privadas. Según un estudio realizado por Asefor, una consultoría especializada en la oferta de servicios técnicos de ingeniería dentro del sector, la edad media del propietario forestal se sitúa en los 65 años para los hombres y en los 67 años en el caso de las mujeres. Además, a pesar de la edad, más del 80% de los tenedores asume de manera directa la gestión de sus parcelas.
En este contexto, aunque el volumen total de talas se ha mantenido bastante estable a lo largo del último lustro, en torno a los 9 millones de metros cúbicos —con la salvedad del año 2022, cuando se excedieron los 10 millones—, el número de personas físicas que solicitaron a la Administración la realización de cortas en sus fincas se retrajo un 30% entre 2019 y 2023. Paralelamente, en ese mismo periodo, el volumen de madera talada por cada una de estas personas se incrementó en un 33%. Es decir, cada vez son menos las personas que quieren aprovechar la madera presente en sus fincas, pero quien lo hace, tala un volumen mayor.
En opinión de Francisco Dans, presidente de la Asociación Forestal de Galicia, en la comunidad «hay un creciente número de parcelas particulares que no tienen gestión». Los motivos son diversos, desde la microparcelación —con unidades de explotación tan pequeñas que no cubren siquiera los gastos de desplazamiento de la maquinaria— a la falta de rendimiento, pasando por la decepción de muchos propietarios con «determinadas» especies. Razones muy diferentes, entre las que el envejecimiento ejerce también su influencia. Todas ellas están motivando que «el monte particular esté sufriendo un grado de abandono muy preocupante», según incide el presidente de la asociación, que agrupa a propietarios forestales particulares y comunidades de montes vecinales de Galicia.
La profesionalización de los montes vecinales tira del sector
Paralelamente al descenso en las personas físicas que llevan a cabo talas en sus fincas, la comunidad registró entre 2019 y 2023 un incremento del 41% en el volumen de madera cortada por personas jurídicas.
Francisco Dans asocia este crecimiento a la profesionalización y el importante trabajo llevado a cabo en los últimos años en torno a los montes comunales. «Se han concentrado mucho las cortas en montes vecinales en mano común, que talan muchísima más madera para aprovechamiento que los particulares». Ciertamente, durante el 2023, casi la mitad de las cortas realizadas en la comunidad tuvieron lugar en esta tipología de fincas.
«Es muy significativo, en materia de política forestal. Los montes vecinales están teniendo una progresiva capitalización y una gestión muy profesionalizada. Están empezando a entrar en el ciclo ya de un aprovechamiento regular de la madera que, en mi opinión, va a ser constante», apunta Francisco Dans.
Según incide el presidente de la Asociación Forestal de Galicia, la evolución del trabajo en los montes comunales, tanto los de gestión pública como los que se encuentran en manos privadas, es muy positivo en todos los aspectos. «El número de incendios se ha reducido fuertemente. Se ha capitalizado mucho y se ha reinvertido mucho en el monte. Gracias a ello, ahora se empiezan a cosechar resultados del todo ese trabajo durante los últimos 20 años, logrando que las cortas se empiecen a hacer de manera regular», apunta Dans.
Todo ese trabajo tiene su incidencia también en los datos, y es que el porcentaje de madera cortada procedente de montes vecinales no ha hecho más que crecer en el lustro estudiado por el IGE, pasando de comportar el 65% del volumen talado en 2019 al 75% que supuso en 2023. «Están generando mucho empleo y aportando mucha madera al mercado como resultado de una buena gestión con proyectos de ordenación certificados y una silvicultura bastante digna y razonable», concluye Dans.
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