Incendio en Oia: "" Pasamos la noche sin dormir, viendo cómo pasaba el fuego por nuestra finca"
Tras una noche sin dormir, los vecinos de Oia se enfrentaban ayer a un segundo asalto. Las zonas que quedaron sin arder volvían a prender, obligando a estar prevenidos a los vecinos y campistas de Mougás. Las llamas superaron las 60 hectáreas y llegaron hasta la carretera de Baiona

Jesús Durán, ayer a mediodía refrescando su vivienda en Oia / Marta G. Brea
Patricia Casteleiro
Oia pasó el jueves una noche toledana. Los vecinos que se lo pudieron permitir durmieron con un ojo abierto, atentos a lo que ocurría y, los que no, trabajaron junto a los medios de extinción a destajo. Otros se quedaron fuera de sus casas, con el corazón en un puño y la esperanza de que el incendio no les alcanzase.
El fuego, que ahora está estabilizado pero arrasó 60 hectáreas, comenzó junto a la carretera de Baiona, al pasar cabo Silleiro y el núcleo de As Mariñas. Escaló impulsado por el viento, tragándose toda la vegetación que encontraba a su paso. En pocas horas ya se deslizaba por la ladera y oscilaba hacia la carretera.
El humo, negro, cubrió el camping de Mougás y hasta 300 personas tuvieron que salir lo más rápido posible, con sus cosas o sin ellas. No se respiraba bien, era difícil pasar una noche así. Las tiendas de campaña quedaron plantadas y también algunos vehículos. Hubo gente que decidió no volver al lugar hasta que hubiese visibilidad. A las 3 de la madrugada, sin aparente peligro, algunos regresaron. Pensaban que por la mañana todo sería más sencillo.

Dos hombres observan la llegada del helicóptero a una zona ardiendo en la carretera de Baiona / Marta G. Brea
Calma traicionera
Alrededor de las 12 parecía que todo había terminado. Salía humo del suelo, de zonas quemadas, pero nada amenazante.Los ciclistas pasaban como si nada, ajenos a las faíscas que cada vez ascendían más rápido entre la poca maleza que quedaba verde. Los campistas que habían vuelto adoptaban posturas varias. Algunos reclamaban la devolución del dinero, alegando que no habían disfrutado de las instalaciones durante la noche.
Fue el caso de la familia de Olga Pascual, una madrileña que pasaba unos días con su familia. «Acabábamos de montar cuando apareció el humo, la gente recogía a toda velocidad, así que hicimos lo mismo y nos fuimos al camping de Santa Tegra. Pedimos que nos devolviesen el dinero. Tengo un hijo con autismo que se asustó muchísimo y volver aquí y quedarnos con este panorama puede reactivarle. No estaría bien, así que tenemos que irnos», contaba.
Desde el propio camping recuerdan la jornada con algo de angustia, aunque también sintiéndose arropados por los servicios de emergencias. «Al principio era un fuego pequeño, pero con el viento se disparó. A las 19,30 horas confinamos a los clientes en la cafetería. Dos horas más tarde tuvimos que desalojar a todo el mundo dirección A Guarda», explicaron.
Desde el propio camping recuerdan la jornada con algo de angustia, aunque también sintiéndose arropados por los servicios de emergencias. «Al principio era un fuego pequeño, pero con el viento se disparó. A las 19,30 horas confinamos a los clientes en la cafetería. Dos horas más tarde tuvimos que desalojar a todo el mundo dirección A Guarda», explicaron.
Solo unas horas después, por la mañana, atendían a unos clientes desconcertados y observaban por la ventana de las oficinas como lo que era una humareda se levantaba en llamas. Volvía a arder frente a las instalaciones. El fuego se extendió en una hora y arrasó con árboles y matorrales. Bajó hasta la carretera, tocaba el asfalto. El día anterior había quedado verde una «isla» de maleza y ayer era su turno.
«Dicen que la van a dejar arder», comentaba un vecino. «Nos dicen que vienen medios en camino», respondía una pareja de guardias civiles.

Incendio en Oia / Marta G. Brea
Y los medios llegaron. Tras una hora y cuarto de espera apareció un helicóptero. Paso más de diez veces, acertaba como podía en un foco que cada vez era más extenso.
La tensión in crescendo. «Dejadnos usar la manguera, por favor», decían desde el camping a los agentes. «No puede ser», les contestaban. «Pues la cojo igual», seguía un allegado. «No hay luz ni agua, tuvimos que cortarla por el fuego», concluían a su lado.
Salvar la casa
La gente continuaba marchándose. Decidieron no seguir esperando. Otros se pidieron una caña con las brasas delante. La patrulla mediaba en el tráfico como podía, los coches pasaban igual, con el fuego a dos metros. Según pasaban las horas (porque la reactivación del incendio duró horas) iban desapareciendo los medios de extinción. Hasta que no ardiese todo, nada.
A escasos kilómetros, toda una escena. En medio de un manto negro de cenizas se alzaba una casa granate, con la pintura intacta. Es la vivienda de Jesús Durán y su familia, que se salvó pese a que ardió todo lo demás. «Pasamos la noche sin dormir, viendo como pasaba el fuego por nuestra finca. Vigilábamos que no se acercase a casa», indicó.
«Ahora todo es negro y ya no podemos hacer nada», lamentaba Durán mientras agarraba un cubo de agua . Estaba apagando las brasas que quedaban en su terreno. Todavía salía humo. Era por la tarde y aún no se había acostado. Solo él y su casa quedaban en pie.
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Fuente: Faro de Vigo
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