IX Foro de Educación
«Hay que ser valiente para hacer lo que nuestros hijos necesitan»
Asentada como una de las profesionales de referencia en nuestro país en cuanto a crianza se refiere, la doctora María Velasco participará en el IX Foro de Educación para hablarnos de la importancia de la salud mental, aclarar ideas clave y trasladar un mensaje esperanzador a las familias que se sienten desbordadas

María Velasco. / Cedida
Uxía Miranda
¿Por qué cree que era necesario escribir un libro como Criar con salud mental, una guía sobre todo lo que implica la crianza en nuestros tiempos?
Porque llevo 20 años trabajando en la salud mental infantil y juvenil y hace 20 años venían a la consulta menores con cuadros psiquiátricos, con cuadros depresivos y, ahora, cada vez vienen más menores que tienen síntomas derivados de lo que es vivir una vida normal. Y también padres y madres muy perdidos, con preguntas muy básicas.
¿Cuáles son algunos de esos casos que le resulta sorprendente que se planteen en consulta?
Por ejemplo, que un niño tiene una rabieta porque no quiere tomar verduras, o que no tiene amigos “porque los niños del colegio no saben valorar a mi hijo”, o niños que están muy desconectados, que no te miran y ves que tienen 7 u 8 horas de pantalla. Y vemos a padres y madres muy desconectados de lo que les pasa, piensan o necesitan sus hijos a nivel emocional. También observo muchísimas separaciones en donde los niños tienen un papel dificilísimo y muchos problemas de aprendizaje. Claro, si un niño no está bien, no va a poder estudiar bien, no va a poder hacer amigos bien y no va a poder funcionar bien.
Es un poco paradójico, ¿no? Porque parece, por un lado, que las familias tienen más acceso que nunca a la información. ¿Cómo se explica esta situación?
En las redes sociales obtienes la información que vas buscando. El algoritmo hace que tú solamente encuentres lo que tú ya estás predispuesta a encontrar y que no leas aquello que puede cuestionarte.Y para aprender y evolucionar hay que salir fuera de la zona del confort. Antes se criaba en un contexto familiar, en un barrio, en una familia, donde tú recibías impulsos de tu madre, tu tía, de la vecina del quinto, que opinaban y te decían, por ejemplo, “oye, ¿el niño no te parece que ya deberías quitarle el chupete?”. Ahora no, ahora la gente está muy aislada, tiene muy poquito tiempo y muy poquita disponibilidad mental porque estamos abrumados con la cantidad de impulsos que tenemos que solucionar a lo largo del día. La información realmente es desinformación.
Echamos un poco en falta, entonces, esa crianza en comunidad.
Un poco no, de manera muy grave. Además, ahora los padres y las madres ni siquiera se dejan ayudar por el profesorado, le cuestionan, le desautorizan. Los padres y las madres están realmente muy aislados.
Y en ese contexto, ¿cuál es el papel que tienen profesionales de la psicología o la psiquiatría como usted?
Les puede ayudar comprender un poco de qué va la vida de verdad, no la idealizada, no la que nos venden, no la que nos gustaría, sino la de verdad. En terapia uno conecta y se da cuenta que no puede tener un manual para ser madre o padre; primero, porque la madre o el padre eres tú como persona, con tu propia mochila, con tu propia crianza, y segundo, estás criando a tu hijo que es una persona con sus propias características, sus propias capacidades, sus propias debilidades y fortalezas. Luego, la vida es equilibrio, ¿no? Entre una función materna y una función paterna, en donde necesitamos tiempo, en donde no es verdad que cinco minutos de calidad sustituyan a tres horas con nuestros hijos. Hay veces que no se puede hacer otra cosa, pero no nos contemos cuentos que nos dejan más tranquilos.
«Pensamos que no gritar a un hijo es posible, pero eso no es así jamás»
En general las madres y los padres quieren a sus hijos y quieren hacerlo bien, pero están perdidos.Como terapeuta, les ayudas a ver que la respuesta está en ellos, a parar, a valorar realmente lo importante, a ordenar las prioridades. No todo es igual de importante como te cuentan en las redes y al final están muy satisfechos porque ellos quieren formar una familia.
Sin embargo, en su libro da la sensación de que muchos de los motivos que llevan a las familias a estar así son más bien estructurales: la soledad no deseada, el individualismo… cosas que tal vez se escapan de las manos de los padres que acuden a terapia, ¿no?
Claro, pero todos los cambios empiezan dentro de uno mismo, dentro de tu hogar o dentro del APA de tu colegio al que de repente perteneces porque quieres cambiar las cosas. Creo que hay que comprender bien los problemas, hay que saber por dónde empezar, pero también hay que saber que podemos mover muchas cosas y cambiarlas. Bajar otra vez a los parques, charlas con las vecinas, escuchar al profesorado, trabajar en no estar tan conectado con las redes… Podemos hacer muchas cosas, muchas.
«No solo se trata de vincularnos con nuestros hijos, se trata de que ese vínculo sea lo más seguro posible, que sea estable, coherente, sincero, consciente de las proyecciones y expectativas que podamos poner en nuestro hijo». ¿Cómo pueden las familias llevar esta teoría a la práctica?
Tenemos que saber qué es el apego, qué son los vínculos y su importancia en la estructura de la identidad y de la personalidad de nuestros hijos. Estamos hablando de que van a interferir en qué tipo de personas son, en qué lugar creen que ocupan en el mundo, cómo se vinculan con los demás… Lo más importante es el vínculo, es decir, la respuesta que yo le doy a mi hijo cuando él me demanda. En vez de tanta preparación al parto, por ejemplo, tendríamos que aprender más sobre todo esto, porque ya no nos lo va a enseñar nuestra abuela y, sobre todo, no lo vamos a ver. Cada vez tenemos menos contacto con niños. Tendríamos que poder instaurarlo en la población, a nivel incluso económico sería muchísimo más rentable para los ayuntamientos tener unos grupos de padres primerizos y hacer a la gente consciente. Empezamos a hablar del trauma, del apego... pero diría que de una manera un poco marketiniana, cuando en realidad todo es más sencillo de lo que parece, pero también más importante.
«La gente está empezando a darse cuenta de que hay que buscar respuestas. A mí me parece importante que no las busquen en ChatGPT»
Y cuando yo hablo de proyecciones, me refiero a las expectativas inconscientes que todos los padres y las madres depositamos en nuestros hijos. Tenemos que ser conscientes de ellas y resistirlas. Cuando aprenden esto, los padres y las madres lo hacen fenomenal.
Me llama la atención que en su libro menciona que las consecuencias de una crianza sobreprotectora sobre los niños pueden ser igual o más graves que la de una crianza negligente.
Es que invalidamos a los hijos para salir al mundo. En casa están tan bien, reciben todos los deseos, nos anticipamos a sus deseos, no les frustramos, no les hacemos ver que hay una realidad del otro en donde hay que ser respetuoso... y lo que generamos son hijos muy narcisistas, que es lo que estamos viendo ahora: niños que no saben compartir un juguete, que no saben frustrarse, que no toleran sacar una mala nota.
Parece que lo de la frustración no es solo un problema de niños. ¿Cree que somos, en general, una sociedad más frustrada?
Totalmente. Enseñamos a nuestros hijos a tolerar menosl a frustración porque para eso tendríamos que frustrarnos nosotros primero. Aguantar la frustración de un hijo es muy frustrante, requiere de energía, de tiempo, de no perder el control…Y los padres tienen miedo a frustrarse y perder los papeles.
Creo que menciona algo en el libro de padres que tienen miedo a gritarle a sus hijos y traumatizarlos.
Claro, porque como tenemos esta información que no acabamos de entender, pensamos que no gritar a un hijo es posible. Pero eso no es así, jamás. En la vida real cometemos errores, somos imperfectos y vamos aprendiendo. Los padres entran en unos ciclos de “como le he gritado y como pienso que eso es traumático, no acabo de comprender lo que es el trauma, entonces entro en una especie de culpa y desde la culpa, a la siguiente vez le dejo hacer todo a mi hijo. Y como me someto, mi hijo no aprende a ser autónomo, aprende a manipularme, pero llega un momento en que yo no puedo másy le vuelvo a pegar otro grito”. Así una rueda infinita.
La culpa es muy tramposa. ¿Adolecen de exceso de culpa las familias?
Muy tramposa, muy paralizante, nos impide pensar, nos hace más pequeñitos, menos valientes. Estamos en momentos que requieren mucha valentía desde mi punto de vista. Hay que ser valiente para hacer lo que nuestros hijos necesitan que hagamos y para poder parar a pensar qué estamos haciendo.
La gente se siente culpable por todo, los veo llenos de dudas e incertidumbre y ante eso, lo cubren pues comprando cosas todo el rato, por ejemplo. Hay muy poca gente que tolere estar quieta, dando así la posibilidad a que la cabeza empiece a pensar. Estamos tan distraídos con mil inputs todo el tiempo que eso nos lleva a la culpabilidad. También creo que hay una corriente de victimismo muy importante, como si los hijos fuesen un estorbo…
Imagino que habrá a quien le cueste encontrar un equilibrio entre seguir siendo personas individuales con sus espacios y sus ritmos y tener la vida de otro individuo a cargo.
Tenemos una sociedad que nos pone eso difícil. Estamos muy exigidos a todos los niveles. Creo que son tiempos difíciles para las relaciones humanas en general y también para la crianza. Pero creo súper esperanzador transmitir este mensaje: realmente, las personas somos seres excepcionales, con unas capacidades increíbles. Lo hemos demostrado a lo largo de la historia, y creo que la gente está empezando a darse cuenta de que hay un problema y hay que buscar salidas y respuestas. A mí lo que me parece muy importante es que no las busque en ChatGPT.
Tenemos que comprender lo que está pasando, asumir la responsabilidad que tenemos, pasar a la acción y creer profundamente que entre todas vamos a conseguirlo. Podemos cambiar las cosas.

María Velasco intervendrá en el Foro de Educación el sábado 27 de septiembre a las 13:15 horas. / FdV
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