Una década sin Cacharro, el artífice del Campus de la USC en Lugo
El Partido Popular rescata con un homenaje la figura de Francisco Cacharro, un político tan controvertido como fundamental para entender la Galicia actual. El todopoderoso barón lucense representó una forma de hacer política hoy extinta, cuyo legado también llegó a Compostela

Francisco Cacharro Pardo (1936-2015). / V. Echave

Hubo un tiempo en Galicia en el que el poder territorial de la derecha se recitaba como un equipo de fútbol: en A Coruña Romay Beccaría, en Pontevedra Cuíña, en Ourense Baltar y en Lugo, Cacharro. Cuatro nombres que dominaron los resortes políticos de sus provincias durante décadas, desde el propio terreno o desde la distancia. Salvo Romay, que pronto hizo carrera en Madrid, los otros tres acuñaron un estilo político propio, aquel PP de la boina que pisaba corredoira, tejía redes en cada aldea —caciquiles según sus opositores— y se mimetizaba con sus votantes en romerías donde la empanada se comía con la mano y el pulpo con palillo.
En ese puzzle territorial, Lugo era la pieza de Francisco Cacharro Pardo. De padre palentino y madre lucense, era el menor de tres hermanos y nació —por azar— en Guarromán (Jaén) en 1936, pero abandonó pronto y mal Andalucía, ya que su padre sufrió la represión franquista. Su madre se refugió en su tierra natal, donde Cacharro acabaría dedicándose a la educación. De hecho, su trabajo de inspector le proporcionaría a la larga uno de sus principales activos políticos: un conocimiento milimétrico de la provincia.
En política se subió al tren correcto con Alianza Popular —después PP— y a partir de ahí su carrera fue meteórica: fue concejal 28 años, senador por Lugo desde 1977 durante 31 años,fue el primer conselleiro de Educación de la Xunta, con Albor (1982-1983) y presidió 24 años la Diputación (1983-2007).
Todo ese poder institucional, unido al dominio orgánico del PP lucense, le permitió tener ojos, orejas y contactos en cada núcleo de toma de decisiones, desde Madrid o San Caetano hasta el minúsculo concello de Negueira de Muñiz. Eran los tiempos donde pocas cosas se movían en Lugo sin que Cacharro estuviese al tanto.

Fraga, entre Barreiro y Cacharro. / Pepe Ferrín
Mandó "a la mierda" a Fraga
Su cuota de poder fue tal que incluso se alimentaron leyendas alrededor de su figura, como que ponía y sacaba conselleiros a su antojo o servía raciones de pulpo de La Barra en las ruedas de prensa del Pazo de San Marcos, sede de la Diputación de Lugo.
Sin embargo, otros episodios suyos sí fueron épicos y reales, relatados por testigos, como cuando Jorge Vestrynge contó que Fraga llamó por teléfono a Cacharro en 1982 para imponerle de candidato en las listas por Lugo a las generales a Antonio Carro, y el barón lucense "lo mandó a la mierda". Un desafío que posiblemente nadie dentro de AP antes y del PP después se atreviese a lanzarle al irritable león de Vilalba.
El pulso entre Fraga y Cacharro fue permanente. Una relación compleja en la que el líder del partido tragaba con muchas exigencias y desaires de su barón lucense y, a cambio, recibía urnas llenas de votos en cada cita electoral.
"Cacharro tenía una gran amistad con Cuíña", recuerdan fuentes del PP de la época. De hecho, el de Lalín era su apuesta en la sucesión de Fraga y cuando se cayó de la carrera, ni Barreiro ni Feijóo le chistaban. Con respecto a Baltar, la relación era también buena, pero un matiz los diferenciaba: "Cacharro era un pata negra del partido, ya desde AP", mientras que Baltar había sido "un fichaje" posterior.
Al final, la pérdida de la Xunta, la llegada de Feijóo con afán renovador y la lista de enemigos que había generado el modus operandi de Cacharro, sumado a varios errores de cálculo, acabaron con su poder. La operación Muralla iniciada en 2006 contra los contratos de la Diputación por parte de los juzgados y la Policía —acabó nueve años después en nada— fue la puntilla definitiva. El PP lo fulminó... y tras hacerlo, perdió la provincia en las municipales de 2007. Y todavía no logró recuperarla.

Cacharro, con el cigarro, una imagen habitual en él. / J. Teniente
Un legado más allá de Lugo
Pero no todo en Cacharro fueron polémicas y conspiraciones. Su gestión dejó un legado que transformó la provincia y que tuvo eco en toda Galicia, con el Hospital Veterinario, la Fundación Rof Codina, la Granja Gayoso Castro y, especialmente, el Campus de Lugo. Todos ellos son centros referentes de ámbito autonómico, prácticamente únicos en sus especialidades, lo que sitúa a la provincia en el mapa.
Destaca por encima de todos el primer apéndice de la Universidade de Santiago (USC), un Campus que no fue exactamente idea suya, porque el autor intelectual fue su antecesor den la Diputación, Luis Cordeiro. Sin embargo, sí que fue Cacharro Pardo quien apostó fuerte por ese Campus y lo desarrolló con fuerza en los años 90, una decisión que también transformó para siempre a la propia USC.
De esa apuesta universitaria para la ciudad del Miño da fe José Clemente López Orozco. El histórico alcalde socialista de Lugo fue uno de los que más sufrió políticamente al barón provincial del PP. Tuvieron enfrentamientos sonados, pero también llegaron a acuerdos. "En algunos momentos nos entendimos y en otros no, pero siempre dentro de la cordialidad", recuerda Orozco. "Nunca llegamos a los niveles que se ven hoy" en política. "La memoria es selectiva y siempre nos quedamos con las mejores cosas, pero Cacharro hizo un gran trabajo por la provincia, un territorio que conocía muy bien", añade.
Además, el socialista también conoció a Cacharro a fondo en lo personal, ya que una hermana suya contrajo matrimonio con un hermano del presidente provincial del PP. "Fuera de la política el trato también fue bueno. Era simpático y le gustaba hablar".
De hecho, mientras el Cacharro político parecía desafiante e implacable con sus rivales, se hacía respetar y rara vez mostraba sus cartas o daba pistas de sus movimientos, oculto bajo sus características gafas oscuras, en lo personal era una persona familiar a la que le gustaba salir y bailar.
Murió el 8 de marzo de 2015, a los 78 años, apartado ya de la primera línea. Y ahora, diez años después, el PP recupera la figura de un político que, para lo bueno y para lo malo, es irrepetible.
Rueda: "Dejó un legado de carácter propio que sigue presente en la Galicia de hoy"
El presidente del PPdeG, Alfonso Rueda, reivindicó "el legado de estabilidad, fiabilidad y carácter propio" que dejó Francisco Cacharro en la medida en que "sigue presente en la Galicia de hoy" y constituye, en su opinión, "la mejor forma de entender la política y la gestión pública". Lo dijo en el homenaje por los diez años de la muerte del político lucense, un acto con el que el PP "responde a una deuda con Paco Cacharro", expresó la líder provincial Elena Candia.
Un acto de recuerdo que, según los populares gallegos, tiene que servir tanto para hacer llegar a los más jóvenes "su legado" como para "recordar a un político que estuvo a la altura de la ciudadanía que confió en él ocupara el cargo que ocupara".
El homenaje se completa con la publicación del libro Recordando a Paco Cacharro, una exposición, un vídeo y la puesta en marcha de una web.
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