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Un AVE a Santiago a 350 km/h: cinco veces más veloz que el tren a Lugo

Transportes anuncia un plan para aumentar 50 kilómetros por hora la velocidad del AVE, una medida que acercaría unos minutos más Santiago y Madrid. Sin embargo, la medida apenas tendría repercusión en el resto de ciudades, donde el trazado decimonónico del ferrocarril impide correr

Tren AVRIL en la estación de Santiago.

Tren AVRIL en la estación de Santiago. / Antonio Hernández

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

La Galicia de las dos velocidades fue una expresión que se acuñó en su momento para contraponer el dinamismo económico y social de las zonas costeras del abandono y el crecimiento a ralentí del interior. Pero también es aplicable a la realidad ferroviaria de la comunidad, con un eje central del AVE Madrid-Ourense-Santiago de altas prestaciones y unos enlaces internos con el resto de ciudades que dejan mucho que desear. Y precisamente debido a la existencia de estas dos Galicias, el anuncio del ministro de Transportes, Óscar Puente, de subir las prestaciones del tren de alta velocidad desde los 300 hasta los 350 kilómetros por hora tendrá un impacto limitado en la comunidad.

La razón principal es que apenas existe trazado dentro de Galicia compatible con esas velocidades: únicamente la línea de AVE desde que entra por Zamora hasta Santiago de Compostela. Y ni siquiera toda, porque la variante exterior de Ourense está todavía en obras y, realmente, los picos de velocidad a 350 solo se alcanzarían en determinados momentos, no de forma regular en todo el trayecto.

Una vez llegue el AVE de Madrid a Santiago significa que entrará en el eje atlántico, una vía con trazado moderno, pero que los trenes de pasajeros comparten con los de mercancías, por lo que la normativa de seguridad limita las velocidades máximas a unos 200 kilómetros por hora, debido a los que los vagones de carga castigan y deterioran más los raíles, lo que supone después un riesgo si los convoyes de pasajeros viajan a velocidades muy altas. Por eso, el tren a A Coruña, Pontevedra o Vigo no es AVE y, por tanto, no podrá alcanzar esos 350 kilómetros por hora anunciados ayer.

El AVRIL en pruebas alcanzó los 360 por hora en 2022 en Galicia.

El AVRIL en pruebas alcanzó los 360 por hora en 2022 en Galicia. / CEDIDA

A Lugo a 63 por hora de media

Y mucho menos si se habla de viajer en tren a Lugo o Vigo por la vieja línea del Miño. En el caso de la capital lucense, pese a que se acometen inversiones millonarias en mejoras de seguridad, electrificación y confort, el trazado apenas se cambia, así que el tren seguirá serpenteando por Os Peares a velocidades ridículas.

En el año 2023, un estudio del Cluster da Función Loxística de Galicia concluyó que la velocidad media del tren en el trayecto Lugo-Ourense era de 63 por hora, lo que se traduce en que para cubrir los 117 kilómetros de trayecto se empleaban 110 minutos. Las obras acometidas desde entonces mejorarán las prestaciones, pero hasta un máximo de 74 kilómetros por hora de velocidad media: es decir, que el tren circulará a Lugo a una velocidad cinco veces inferior a esos 350 por hora que alcanzará el AVE en España, un hito que según el Gobierno solo logró China.

En el caso de la línea Ourense-Vigo ocurre más de lo mismo. Son 131,4 kilómetros que el tren recorre a una velocidad comercial media de unos 82 km/h, cuatro veces menos que el pico máximo del AVE. Una vez más, el trazado decimonónico de la vía limita cualquier mejora en materia de recorte de tiempos.

El estudio del Cluster gallego revelaba que en el eje atlántico se circula a una velocidade media de 116 por hora; de Santiago a Ourense, donde sí hay trazado AVE, a 131 por hora; y de Ourense a Zamora, a 200 km/h, siempre hablando de medias y no se velocidades máximas.

La mejora tardará años en llegar

La idea del Ministerio de Transportes es empezar a subir la velocidad del AVE a 350 en la línea Madrid-Barcelona, aprovechando la renovación de la misma para introducir las llamadas traviesas aerodinámicas, que reducen en un 21% la carga aerodinámica que generan los trenes a su paso por las vías. De este modo, impide que a esas velocidades el balasto (ese montón de piedras que sostienen los raíles y las traviesas) suba e impacte contra los bajos de los trenes.

"Permite una velocidad un 12% superior con la misma carga aerodinámica y esto hace que una velocidad de 330 kilómetros por hora con esta aerotraviesa, en términos reales, equivalga con las condiciones actuales a una velocidad de 370 kilómetros por hora si colocamos esa traviesa", explicó el ministro Puente.

Después de aplicarse esta nueva prestación de velocidad en Madrid-Barcelona "se trasladará al resto de líneas" a medida que toque renovarlas, según Óscar Puente. Esta promesa llevaría la introdución de los 350 km/h en el AVE gallego en el horizonte de 2040 en el mejor de los casos.

Cuando eso ocurra, y si finalmente se aplican esos 350 kilómetros por hora por las rectas de Castilla y en algunos puntos de Galicia, Santiago podría estar entre 5 y 10 minutos más cerca de Madrid en tren, lo que significaría bajar de las tres horas actuales de viaje. Y el recorte todavía podría ser mayor si no hubiese que frenar en paradas de tren intermedias o en el cambiador de ancho de vía, ya que el tramo entre Ourense y la capital gallega sigue en ancho ibérico y no en el estándar del AVE.

Así son las dos Galicias ferroviarias. Una, la que vuela a 350 por hora con los nuevos trenes Avril; y la otra, la que serpentea el Miño hacia Lugo o Vigo a velocidades más propias de trenes turísticos o panorámicos que de convoyes comerciales. Y si la brecha se sigue agigantando, ya no será descabellado pensar que algún día se llegue antes de Ourense a Madrid (409 kilómetros en 2 horas y 25 minutos) que a Lugo (117 kilómetros en casi 1 hora y 40 minutos).

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