Perfil
Tomé, el último barón provincial del PSdeG
Aunque para Ferraz sea casi un desconocido al que no cuesta sacrificar, el hasta hoy presidente de la Diputación y líder del partido en Lugo es uno de los socialistas gallegos que más poder acumula, por lo que su escándalo desgasta el proyecto de Besteiro

El presidente de la Diputación de Lugo, José Tomé, esta mañana. / Carlos Castro | Europa Press

José Tomé Roca fue hasta este miércoles 10 de diciembre el último barón provincial del PSdeG, entendido como tal aquel que ostenta tanto el poder institucional como el orgánico en un territorio amplio, en este caso Lugo. Una provincia en la que nadie le regaló nada, sino que la tuvo que conquistar ferrado a ferrado lidiando numerosas batallas internas de las que dejan cicatrices que curten como político, pero también enemigos que esperan en la sombra con el cuchillo en los dientes a que llegue su oportunidad. Y acaba de llegar.
Con un PSdeG en horas bajas y un peso institucional mermado, una figura como la de Tomé no es una pieza menor ni un simple peón en el tablero político. El poder que acumuló como alcalde de Monforte, presidente de la Diputación y líder provincial del PSOE lucense le colgó la etiqueta de pata negra del socialismo gallego. Es cierto que su voz nunca tuvo el predicamento interno de la de Abel Caballero, o que su proyección fuera de la provincia de Lugo fue más bien escasa. Pero en parte fue algo intencionado, porque como político de la vieja escuela, Tomé encontró su zona de confort dentro de los límites de Lugo, ejerciendo el poder sobre su territorio tirando del manual político de alcalde de pueblo de toda la vida. Él mismo fue testigo de como otros líderes provinciales lo perdieron casi todo por su ambición autonómica o estatal. Tomé, quizás consciente de sus limitaciones y de su propia edad, no cometió ese error.
En ese contexto, es muy posible que él sea un auténtico desconocido para Ferraz, teniendo en cuenta que hay más habitantes en algún barrio de Madrid que en toda la provincia de Lugo. Una realidad se volvió contra el propio Tomé, ya que desde la óptica estatal del PSOE, no costó mucho sacrificarlo a nivel político para aplicar un cortafuegos. Sin embargo, analizado en clave doméstica, la caída de Tomé es un problema para el PSdeG, ya que al fin y al cabo, dentro de la actual travesía del desierto electoral de Besteiro y los suyos, Tomé había sido capaz de retener en 2023 la Diputación de Lugo, la alcaldía de Monforte (segunda localidad más poblada de la provincia tras la capital) y este mismo año 2025 se hizo con el mando orgánico a nivel provincial en unas primarias.
Llegado del sindicalismo
Nacido en Guitiriz en 1958, José Tomé Roca acabó pronto en Monforte de Lemos. Allí recaló para dar clase de Tecnología Agraria en la Escuela de Capacitación Agraria y ya nunca abandonaría la localidad presidida por el castillo de la Casa de Alba.
Fue a orillas del río Cabe donde tomó también contacto con el activismo y la izquierda, en este caso a través del sindicato UGT, en un tiempo donde "era habitual, e incluso obligado, afiliarse a la vez al sindicato y al PSOE", recuerdan. De hecho, su hermano Ángel todavía es hoy secretario provincial de la central.
Tras asumir distintas responsabilidades en UGT a nivel local y gallego, José Tomé pasó a formar parte de esa cuota que el PSOE reservaba para el sindicalismo, bajo el paraguas de una figura influyente como Ricardo Varela. Eso le permitió meterse en las listas al Parlamento de Galicia, siendo diputado autonómico desde 2005 hasta 2011, con responsabilidad en áreas vinculadas al rural, al empleo y a asuntos sociales. Antes de las elecciones de 2012, abandonó la política gallega para centrarse en el ámbito local. Pero por aquel entonces, Tomé ya se había convertido en el referente del PSOE en la zona sur de la provincia de Lugo.

José Ramón Gómez Besteiro, junto a José Tomé / Cedida
En Monforte vivió la época dorada de su carrera política. Fue teniente de alcalde de Severino Rodríguez (BNG) y, tras un tiempo en la oposición, conquistó la alcaldía en el año 2015, primero en minoría, pero después ya encadenó absolutas en 2019 y 2023. La primera de esas mayorías fue la que lo catapultó a la presidencia de la Diputación de Lugo, entonces con total respaldo del aparato del partido. Una relación que se fue erosionando a lo largo de los años, en los que tampoco hubo estabilidad en la cúpula del PSOE gallego.
Un carácter complejo
Esos volantazos que hubo en la dirección del PSOE gallego también le pasaron factura a Tomé. La espiral autodestructiva de alianzas y conspiraciones en las que entró el socialismo en Galicia intoxicaron al partido y alimentaron bandos y sectores que iniciaron su particular guerra de guerrillas por el poder. Lugo no fue una excepción y hubo batallas encarnizadas por la dirección provincial, que finalmente acabó por conquistar Tomé esta primavera, aunque con un margen estrecho (58%-42%), lo que demuestra que, en el fondo, nunca tuvo un control absoluto del socialismo lucense.
Hay quien atribuye esa falta de control y esa incapacidad de forjar una gran mayoría orgánica a su propio carácter. En la distancia corta, Tomé es veterano en el oficio y por lo tanto desconfiado, pero también puede resultar altivo, un perfil "casi chulesco", dicen algunos, que no le ayudó nunca a formar grandes equipos de trabajo. De hecho, tiene su círculo de confianza en un núcleo de Monforte y poco más.
Sin embargo, demostró otras virtudes políticas. Porque mientras muchos de sus compañeros quedaron atrapados en el barrizal en el que la guerra interna convirtió al PSdeG en tiempos de Gonzalo Caballero y González Formoso, Tomé no solo conservó sus feudos de Monforte y la Diputación, sino que fue ganando cuota de poder a nivel orgánico. Gustase más o menos su perfil, cualquier líder del PSdeG que llegase al puesto tenía que contar, o 'tragar', según quien lo relate, con José Tomé y su cuota lucense.
Y esa es la razón por la que ahora el PSdeG se enfrenta a algo más que un grave caso de acoso dentro de sus filas. Afronta la demolición política de uno de los territorios donde, a pesar de las heridas internas, todavía fue capaz de exhibir cierto músculo electoral y conservar alguna cuota de poder. Lugo es el reducto del último barón provincial que le quedaba al PSOE gallego. Y tras su caída, toca volver a empezar.
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