Bruselas ahoga a la flota gallega con un desplome inédito de la caballa
La UE se alinea con el tijeretazo propuesto por los científicos del 70% para 2026, hasta las 174.357 toneladas, y fija un límite provisional de captura del 90% de esa cantidad durante el primer semestre

Cajas repletas de caballa desembarcadas en un puerto español. / José González Leiro
Jorge Garnelo
La caballa —una de las pesquerías que más marca el calendario del cerco y artes menores del Noroeste— ha vuelto a convertirse en el gran quebradero de cabeza del reparto de cuotas en la Unión Europea. El Consejo de Ministros de Pesca cerró en la madrugada de este sábado el paquete de posibilidades de pesca para 2026, pero admitió que no hay todavía un acuerdo definitivo para esta especie, esencial para la flota gallega, porque siguen abiertas las negociaciones con los estados ribereños del Atlántico nororiental.
Mientras tanto, los Veintisiete aplicarán límites provisionales de captura para el primer semestre de 2026, siguiendo el asesoramiento científico (-70%) y a la espera de un consenso sobre el TAC. Dada la estacionalidad de la pesquería, se ha establecido este tope temporal en el 90% del nivel recomendado. Es decir, si el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) aconsejó reducir de 576.958 a 174.357 toneladas el stock, el techo será de 156.921 toneladas.
«Hemos alcanzado un acuerdo con amplio apoyo entre los Estados miembros, que ofrece a los pescadores certeza», declaró Jacob Jensen, ministro de Pesca de Dinamarca, país que ostenta en estos momentos la presidencia del Consejo de la UE. El pacto, a sus ojos, logra «un equilibrio entre el asesoramiento científico y la protección de las poblaciones de peces vulnerables, a la vez que garantiza las mejores condiciones posibles para un sector pesquero sostenible en el futuro». No opina lo mismo la pesca española.
En la caballa del Atlántico norte no decide solo el bloque comunitario. La especie se gestiona como stock compartido y alrededor de la mesa se sientan, además de Bruselas, Reino Unido, Noruega, Islandia y las Islas Feroe (con Dinamarca) —y, en el marco más amplio de NEAFC, también aparece Groenlandia y otros actores como Rusia—. El problema no es tanto reconocer que hay que fijar un TAC (un tope anual) con base científica, sino cómo se reparte ese TAC entre todos. Y ahí llevan años atascados, con muchos de estos países no europeos decidiendo unilateralmente lo que pescarán mientras los Estados miembros firman reducciones.
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